Cosmogénesis metafísica: el origen del mundo en los textos de Hermes Trismegisto

Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026

El Corpus Hermeticum es una colección de diecisiete escritos griegos que la tradición atribuyó a Hermes Trismegisto. Dos de ellos cuentan cómo nace el mundo y qué lugar ocupa en él el ser humano: el primero, llamado Poimandres, y el undécimo. Aquí verás qué dicen, quién era Hermes según la tradición y cómo llegaron estos textos al Renacimiento.

Hermes, el tres veces grande

Hermes Trismegisto, «el tres veces grandísimo», nació de la fusión del dios griego Hermes con el egipcio Tot en el Egipto de los Ptolomeos. Ya en la Antigüedad, algunos autores cristianos, como Lactancio, lo tuvieron por un sabio pagano que había presentido el cristianismo, y en el Renacimiento se le creía contemporáneo de Moisés. Las leyendas que lo identifican con Enoc se cuentan en metafísica, ciencia milenaria.

¿Era entonces un sabio egipcio de hace milenios? Los textos dicen otra cosa. Los especialistas los fechan entre los años 100 y 300 de nuestra era, en el Egipto romano. Hoy se ve en ellos un cruce de filosofía griega y cultura egipcia, como defendió el historiador Garth Fowden en 1986. La colección tal como la conocemos aparece por primera vez en los escritos del bizantino Miguel Pselo, en el siglo XI.

El Poimandres: una visión del origen

El primer tratado se presenta como una revelación. Su narrador, al que la tradición identifica con Hermes, cuenta que, mientras pensaba en lo que existe con los sentidos adormecidos, se le apareció Poimandres, la mente del poder supremo, y le mostró cómo empezó todo. Primero ve una luz sin límites. Luego, una naturaleza oscura y húmeda sobre la que desciende una palabra santa: el fuego y el aire suben, y la tierra y el agua se quedan abajo, mezcladas.

La luz es Dios, entendido como mente, y la palabra es su hijo. Esa mente engendra otra, artesana, que fabrica siete gobernadores, los planetas, cuyo gobierno se llama destino. Después crea al ser humano a su imagen y lo quiere como a un hijo. Este primer hombre desciende a través de las esferas y recibe algo de cada gobernador; al asomarse a la naturaleza, ella se enamora de su reflejo en el agua, y se unen. Por eso, dice el texto, somos dobles: mortales por el cuerpo e inmortales por la esencia.

El relato termina con el camino de vuelta. Tras la muerte, el alma sube por las siete zonas y devuelve en cada una una energía: el crecer y el menguar, la astucia para el mal, el engaño del deseo, la arrogancia del que manda, la osadía temeraria, el afán de riquezas mal ganadas y la mentira. Libre de todo ello, llega a la octava esfera y se funde con Dios. Poimandres encarga entonces al narrador que predique lo que ha visto.

El tratado once: Dios, la eternidad, el mundo y el tiempo

En el undécimo tratado, titulado «La mente a Hermes», es la mente divina la que instruye a Hermes, y empieza por una cadena. Dios hace la eternidad; la eternidad, el mundo; el mundo, el tiempo, y el tiempo, el devenir. Cada eslabón tiene su esencia: el bien es la de Dios, la identidad la de la eternidad y el orden la del mundo, mientras que el cambio corresponde al tiempo, y nacer y morir, al devenir.

Sigue un argumento a favor de un solo creador. Los astros se mueven en direcciones distintas, pero dentro de un orden único; hay una sola alma, una sola vida y una sola materia, y por tanto un solo hacedor, que nunca descansa. La muerte, según el tratado, no destruye nada: deshace una unión, y lo que cambia se oculta sin perderse.

Hay también un ejercicio de imaginación. La mente invita a Hermes a mandar a su alma a una tierra lejana, al mar o al cielo, y a comprobar que llega al instante, sin necesidad de alas. Si el alma puede eso, cuánto más Dios, que abarca en su pensamiento cuanto existe. De ahí sale la idea que más eco tuvo: solo lo semejante conoce a lo semejante, así que quien quiera entender a Dios debe ensancharse hasta parecerse a él, más allá del cuerpo y del tiempo. El tratado acaba diciendo que Dios no es invisible, porque se deja ver en todo lo que hace.

De Florencia a Casaubon

De los escritos filosóficos de Hermes, la Edad Media latina solo leía uno, el Asclepio. Todo cambió cuando un monje, Leonardo de Pistoia, hizo llegar desde Macedonia a Cosme de Médici un manuscrito griego con los tratados. Cosme, ya anciano, pidió a Marsilio Ficino que dejara a un lado su traducción de Platón y empezara por Hermes, al que se tenía por mucho más antiguo. Ficino terminó la versión latina en abril de 1463, y en 1471 se imprimió en Treviso. Conocida como el Pimander, tuvo un éxito enorme: se conservan más de cuarenta manuscritos y hubo veinticuatro ediciones antes de que acabara el siglo XVI.

En 1614, el filólogo Isaac Casaubon desmontó esa antigüedad en un libro escrito contra los Anales del cardenal Baronio. Observó que el griego de los tratados era el de época romana, de modo que no podían ser anteriores a Platón ni, mucho menos, a Moisés. La fecha que hoy aceptan los especialistas le da la razón. En 1945, entre los manuscritos coptos hallados en Nag Hammadi, en Egipto, aparecieron otros tres escritos herméticos, entre ellos fragmentos del Asclepio.

Hermes en tu estantería: tres lecturas

  • Como literatura religiosa del Egipto romano: un mito de creación que se entiende mejor junto al Timeo de Platón, con su artesano divino y sus planetas, que como un mensaje de una época remota.
  • Como fuente del Renacimiento: sin el Pimander de Ficino no se entiende el hermetismo de aquella época, que la historiadora Frances Yates estudió en un libro de 1964 sobre Giordano Bruno.
  • Como texto para meditar: el alma que viaja sin alas o la idea de lo semejante pueden leerse como invitaciones a pensar en grande, sin tomarlas por una descripción literal del cosmos.

Eso sí, no lo confundas con El Kybalion, un libro de 1908 que se presenta como hermético pero es moderno, como se explica en la ley de causa y efecto. Para el origen de la palabra metafísica, lee qué es la metafísica. Hay más en la sección de metafísica y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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