Visión aural: lo que se sabe de quienes dicen ver el aura

Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026

Hay personas que aseguran ver alrededor de los demás un halo de colores que cambiaría con su ánimo o su salud. La idea tiene más de un siglo de historia, de las pantallas de un médico londinense a los estudios sobre sinestesia. Aquí verás qué se ha puesto a prueba, qué ha salido de esas pruebas y cuándo ver halos es un asunto para el oftalmólogo.

Una palabra antigua y una tabla de colores

Aura viene del latín, y este del griego aúra, «brisa, soplo». La medicina la usa todavía para otra cosa: las sensaciones que anuncian una crisis de epilepsia o las luces en zigzag que preceden a algunas migrañas.

El sentido esotérico, el de un halo luminoso que envuelve a las personas, lo difundió sobre todo la teosofía. En 1902, Charles Leadbeater publicó Man Visible and Invisible, un libro con láminas en color que mostraban el aura de distintos tipos de personas y una tabla que asociaba cada tono a un sentimiento, del azul claro de la espiritualidad al negro de la malicia. Esa tabla, con variaciones, sigue en muchos manuales.

Las pantallas del doctor Kilner

Walter John Kilner (1847-1920) era médico y se había encargado de la electroterapia en el hospital de St Thomas, en Londres. En 1911 publicó The Human Atmosphere, donde aseguraba que el aura podía verse y servir para diagnosticar enfermedades.

Su método era curioso. Había que mirar durante un rato a través de unas pantallas de cristal rellenas de un tinte azul derivado del alquitrán de hulla, la dicianina, y después observar al paciente. Kilner describía tres capas: un «doble etérico» pegado a la piel, un aura interior y otra exterior. Él mismo advirtió de que mirar mucho tiempo por las pantallas cansaba la vista.

En 1912, una reseña del British Medical Journal no se dejó convencer de que aquello fuera un fenómeno físico, y los intentos de repetir sus observaciones dieron resultado negativo. Hubo una edición revisada en 1920, The Human Aura, y gafas con su nombre se anunciaban todavía en los años setenta. Investigadores posteriores atribuyeron sus halos a la propia visión del observador. Décadas después de Kilner, otra técnica prometió retratar el aura, y lo que registra es una descarga eléctrica, como explica la fotografía Kirlian.

La pista de la sinestesia

La sinestesia es una forma de percibir en la que un estímulo despierta otra sensación añadida, a menudo de otro sentido: hay quien ve colores al oír música o al leer números. Esas luces y colores que no vienen de lo que se mira tienen nombre en psicología, fotismos, como se cuenta en el diccionario esotérico.

En 2004, el psicólogo Jamie Ward, del University College de Londres, describió en la revista Cognitive Neuropsychology el caso de una mujer que veía colores ante las palabras con carga emocional y, sobre todo, ante los nombres de personas que conocía. Una semana después repetía los mismos colores en la gran mayoría de los casos. Para Ward, esos «halos» se forman en el cerebro de quien mira, no en la persona mirada.

En 2012, un equipo de la Universidad de Granada estudió a un sanador muy conocido de la provincia y encontró en él sinestesia de rostros y colores. Concluyeron que al menos parte de quienes dicen ver auras podrían tener una sinestesia emocional, aunque no todos los sanadores la tienen. Otros especialistas consideraron la relación demasiado especulativa. Eso sí, si la explicación vale para algunos casos, el color habla de quien lo ve, no del otro.

Las pruebas a ciegas

Si el aura sobresale del cuerpo, quien la ve debería notarla aunque la persona esté oculta. ¿Qué pasa cuando se esconde a alguien tras una pantalla, o se apaga la luz? Que, en las pruebas publicadas, el resultado no supera al azar. En una prueba que recogió en 1990 la revista Skeptical Inquirer, se pidió a una vidente que dijera cuántas auras veía en una habitación a oscuras, con una o dos personas dentro, y los resultados fueron los del azar. Otras pruebas con pantallas, algunas ante las cámaras, terminaron igual; los retos públicos de este tipo se repasan en las facultades psi a examen.

Con las manos ocurrió algo parecido. En 1998, la revista médica JAMA publicó una prueba con 21 practicantes del llamado tacto terapéutico, que dicen sentir el campo de energía de las personas. Tenían que decir, sin ver, sobre cuál de sus manos estaba la mano de la investigadora. Acertaron en 123 de 280 intentos, un 44 %, menos de lo que da lanzar una moneda.

Los psicólogos apuntan explicaciones más terrenales: las imágenes residuales que deja en el ojo mirar fijamente una figura, las ilusiones ópticas, la sugestión y la tendencia de algunas personas a quedar absortas. La verdad es que ninguna prueba controlada ha mostrado que alguien vea un aura.

Halos, destellos y el oftalmólogo

  1. Distingue imaginar de ver. Visualizar una luz al meditar es un ejercicio de la imaginación y no necesita aparatos; no mires fijamente lámparas ni el sol, ni uses cristales teñidos para «entrenar» la vista.
  2. Ve a urgencias si de pronto ves halos de colores alrededor de las luces con dolor de ojo, ojo rojo, visión borrosa, dolor de cabeza o náuseas. Puede ser un glaucoma agudo, y no conviene esperar.
  3. Pide revisión ese mismo día si aparecen de golpe destellos o muchas manchas flotantes, y ve a urgencias si notas también una sombra como una cortina en la vista: pueden indicar un desgarro o un desprendimiento de retina. Si las luces en zigzag son nuevas para ti o cambian, coméntalo también con el médico.

Ninguno de estos signos es un aura en sentido esotérico, y ningún curso sustituye la revisión de un oftalmólogo. Tienes más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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