Registros akáshicos y lecturas de vidas pasadas: de dónde viene la idea y cómo valorarla

Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026

Hay quien ofrece decirte, a distancia y con unos pocos datos, quién fuiste en otras vidas: en qué país, en qué siglo, con qué oficio. Detrás de muchas de esas lecturas hay una idea con poco más de un siglo, la de un archivo invisible donde quedaría grabado todo lo que ha pasado. Esta es su historia, lo que se ofrece hoy con ese nombre y cómo valorarlo con los pies en el suelo.

Un archivo escrito en el éter

Akasha es una palabra sánscrita que significa éter, cielo o espacio, y en el pensamiento de la India designa el quinto elemento, junto a la tierra, el agua, el fuego y el aire. La teosofía la tomó prestada en el siglo XIX. Helena Blavatsky hablaba de unas tablas indestructibles de la luz astral donde quedaría grabado cuanto se piensa y se hace, y sus seguidores Alfred Percy Sinnett, en 1883, y Charles Leadbeater, en 1899, difundieron la expresión «registros akáshicos». Leadbeater los presentó como algo que un clarividente podía leer, y en 1913 publicó con Annie Besant un libro que aseguraba relatar, gracias a esa lectura, la historia de la Atlántida. Ese contexto se cuenta en la luz astral y Lucifer.

Steiner y la crónica del akasha

Rudolf Steiner (1861-1925), filósofo austriaco, dirigió desde 1902 la sección alemana de la Sociedad Teosófica. Entre 1904 y 1908 publicó en su revista, Lucifer-Gnosis, una serie de artículos que decía leer en la «crónica del akasha»: la vida en la Lemuria y la Atlántida, continentes que la geología no reconoce. Más tarde usó la misma idea en unas conferencias de 1913 y 1914 sobre un supuesto quinto evangelio.

En 1912 y 1913 rompió con los teósofos y fundó la antroposofía, de la que nacieron las escuelas Waldorf y la agricultura biodinámica. Sostenía que a esa crónica solo se llegaba tras un largo entrenamiento espiritual.

Edgar Cayce, el profeta durmiente

El paso de los registros a las vidas pasadas de cada persona se debe sobre todo a Edgar Cayce (1877-1945), un fotógrafo de Kentucky con fama de vidente. Se tumbaba, cruzaba los brazos y entraba en una especie de trance; desde ahí respondía a quien le consultaba, mientras alguien anotaba lo que decía. Al principio trataba sobre todo de salud, y sus remedios nunca se comprobaron. En 1923, un impresor de Ohio aficionado a la teosofía, Arthur Lammers, le pidió lecturas sobre otros asuntos, y en ellas aparecieron por primera vez las vidas anteriores. Cayce, un cristiano devoto, al principio no se creía que hubiera hablado de reencarnación.

Desde entonces dio muchas «lecturas de vida» que explicaban los problemas de alguien por lo que habría hecho en otras existencias, a veces en la Atlántida. Decía consultar los registros akáshicos, a los que llamaba también el libro de la vida. Sus seguidores fundaron en 1931 una asociación que conserva miles de esas transcripciones en Virginia Beach, y en 1967 el periodista Jess Stearn popularizó su figura con una biografía, El profeta durmiente.

Las críticas llegaron pronto. El divulgador Martin Gardner señaló que sus lecturas repetían ideas sueltas de la literatura ocultista de su tiempo, y el investigador Joe Nickell recordó que Cayce nunca se sometió a una prueba controlada.

Lo que se ofrece hoy

Hoy, las lecturas de registros akáshicos se hacen en consulta o por videollamada, a partir de unos pocos datos personales. Algunos lectores dicen antes una oración para «abrir» los registros, un método que popularizó en Estados Unidos la profesora Linda Howe, fundadora en 2001 de un centro dedicado a enseñarlo. También se venden cursos para aprender a leerlos. Otras lecturas parten de la carta natal: la llamada astrología kármica, que se difundió con los libros de Martin Schulman desde 1975, interpreta el nodo sur de la Luna como la huella de vidas anteriores.

Algunas ofertas prometen de tres a cinco vidas, con su época, su país, su sexo y su oficio, y una lección pendiente para esta. Nada de eso se puede comprobar. Tampoco hay ningún estudio que muestre que conocer esas supuestas vidas alivie una fobia, una ansiedad o un dolor. La terapia regresiva, su pariente más cercano, figura en España en la lista oficial de pseudoterapias, como se explica en qué ofrece y qué riesgos tiene esa terapia.

¿Por qué, entonces, tanta gente sale convencida? En 1948, el psicólogo Bertram Forer dio a 39 alumnos una descripción de su personalidad supuestamente hecha a medida. Era la misma para todos, sacada de un libro de astrología de quiosco, y la puntuaron con un 4,3 sobre 5. Las frases generales, dichas con seguridad y a la persona adecuada, parecen escritas para cada uno.

Cuatro filtros para una lectura de vidas pasadas

  1. Pide algo que se pueda comprobar. Una vida de campesino en la Francia del siglo XVIII, sin nombres ni lugares, no se puede verificar. Si la lectura da un nombre, una aldea y una fecha, búscalos tú en los archivos; si no los da, tómala como un relato.
  2. Desconfía de quien promete curarte. Ninguna lectura de vidas pasadas ha demostrado aliviar síntomas. Un dolor que vuelve merece un médico, y un miedo que te limita, un psicólogo. Nunca dejes un tratamiento por una lectura.
  3. Busca las frases que valdrían para cualquiera. Aprender a perdonar, a quererte o a poner límites son lecciones que casi todo el mundo reconoce como suyas. Si la lectura está hecha de eso, piensa en el experimento de Forer.
  4. Fíjate en lo que viene después. Si a la lectura le siguen limpiezas, sesiones de pago encadenadas o un curso para leer tus propios registros, la consulta era también un escaparate.

Dicho esto, creer en otras vidas es una opción espiritual que merece respeto, y la idea tiene una larga historia, contada en la reencarnación, una idea antigua. Tienes más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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