Fotografía Kirlian (II): la física del halo y por qué nunca sale igual dos veces

Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026

La primera parte de esta serie contó quiénes fueron los Kirlian y cómo se hizo famosa su foto. Esta segunda abre la máquina: qué ocurre en la fina capa de aire que queda entre el dedo y la película, por qué el halo cambia de una toma a otra y qué explica todo eso sobre la célebre hoja fantasma.

Más de un siglo de chispas dibujadas

Antes de los Kirlian ya se habían dibujado descargas. En 1777, el físico alemán Georg Christoph Lichtenberg hizo saltar chispas de alta tensión sobre una placa aislante, la espolvoreó y vio aparecer figuras ramificadas que luego pasó a un papel; en ese gesto está el principio de las fotocopiadoras. Notó algo que sigue valiendo hoy. Con carga positiva salían ramas largas y extendidas, y con carga negativa, manchas más pequeñas de borde redondeado. La misma descarga, con otra polaridad, dibujaba otra figura.

Luego vinieron las electrografías. El checo Bartoloměj Navrátil acuñó esa palabra en 1889, el francés Hippolyte Baraduc obtuvo electrografías de manos y de hojas en 1896, y Jakub Jodko-Narkiewicz mostró sus electrografías en 1898 en una exposición de la Sociedad Técnica Rusa. Cuando Semión Kirlian empezó, en 1939, la técnica tenía medio siglo.

Lo que pasa en una rendija de aire

¿Por qué brilla el aire alrededor de un dedo, o de una moneda? En condiciones normales el aire no conduce la electricidad, pero cede cuando el campo eléctrico se vuelve muy intenso, unos 30.000 voltios por centímetro a la presión del nivel del mar. Entonces algún electrón suelto, liberado por un rayo cósmico o por la luz ultravioleta, sale disparado, choca con las moléculas del aire y les arranca otros electrones, que repiten la jugada. Es una avalancha. Al volver a su estado, las moléculas sueltan luz, buena parte ultravioleta, y un resplandor azulado.

El campo se concentra en las puntas y en los bordes. Por eso los rayitos nacen en el contorno del dedo, en las crestas de la huella o en los dientes de una hoja, y por eso los pararrayos acaban en punta. Este fenómeno, la descarga de corona o efecto corona, produce también ozono y óxidos de nitrógeno, y es la misma que usan, bien controlada, algunas fotocopiadoras para cargar sus piezas.

La película registra cada una de esas pequeñas descargas mientras dura la exposición. La imagen final es, pues, una suma de lo que pasó durante esos instantes, no el retrato de algo que estuviera ahí, quieto, alrededor del objeto.

Por qué cambia el halo

En 1976, tres físicos publicaron en la revista Science el estudio que la primera parte resume en una frase: casi todas las variaciones se deben a la humedad. Su artículo explica también el mecanismo. Durante la exposición, la humedad pasa del dedo a la emulsión de la película, cambia cómo se reparten las cargas eléctricas sobre ella y, con eso, el campo junto a la piel. El resultado son imágenes más densas o más pálidas, rayos que se tuercen y colores distintos.

El mismo trabajo encontró algo menos conocido. El alcance de los rayos depende de la resistencia de todo el circuito, del aparato a la placa pasando por la persona, y de la rapidez con que sube el voltaje. En cambio, grandes cambios en la resistencia eléctrica de la piel no lo alteraban. Dicho de otro modo, cada máquina, con su voltaje y su forma de onda, da su propio halo.

A eso se suman la presión con que se apoya el dedo, que cambia cuánto aire queda entre la piel y la película, la humedad del ambiente, la toma de tierra, la grasa o el sudor de la piel y el calor, que hace sudar más.

El color merece párrafo aparte. Las películas en color están pensadas para la luz corriente, y las descargas, al actuar sobre sus capas de tinte, producen tonos que dependen de la intensidad de cada punto. No son un código de emociones.

La hoja fantasma, vista con esta física

Si la descarga sigue el rastro de lo que conduce, no necesita que haya nada vivo sobre la placa. Le basta una huella de humedad o de restos. Cuando se fotografía una hoja entera y luego se le corta un trozo, la primera toma puede dejar sobre la placa la marca húmeda de la parte que falta. En la segunda, el campo se concentra en esa marca y la dibuja. Por eso, como ya se vio en la primera parte, el fantasma desaparece si se limpia bien la placa.

Los autores del estudio de 1976 propusieron, de hecho, un uso mucho más modesto que el aura: detectar y medir la humedad de objetos vivos e inertes. Al fin y al cabo, es lo que mejor registra la foto.

Mira el halo con ojos de físico

  1. Busca dónde nacen los rayos. Si salen de bordes, puntas y crestas, estás viendo geometría eléctrica: el campo se concentra ahí en cualquier objeto, vivo o no.
  2. Pregunta por la máquina y por la exposición. El voltaje, la forma de la onda y el tiempo que duró la toma cambian el resultado, y dos aparatos distintos dan dos halos distintos del mismo dedo.
  3. Toma los colores como un efecto de la película. Las capas de tinte, o el programa que procesa la imagen, deciden los tonos; no hay ninguna tabla que traduzca un color en un estado de salud o de ánimo.

Ninguna foto de este tipo sirve para diagnosticar nada, y ante cualquier síntoma lo que toca es ir al médico. Lo que pasó cuando se quiso usar como prueba médica, con el método de Korotkov, está en la tercera parte de esta serie, y lo que se cree sobre la energía que rodearía el cuerpo, en qué es el aura de una persona. Tienes más en la sección paranormal y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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