Niños con capacidad mental superior: altas capacidades, prodigios y calculadores

Redacción Leotarot.com · Publicado el 7 de octubre de 2026

Hay niños que leen antes de ir al colegio, que calculan de memoria lo que a un adulto le cuesta con papel o que tocan el piano como un profesional. La psicología los estudia con nombres distintos (altas capacidades, superdotación, talento, precocidad) y sabe bastante de cómo se desarrollan. Aquí tienes lo que dice la ciencia, lo que cree la tradición espiritista y cómo se acompaña a un niño así.

Altas capacidades, prodigio y genio no son lo mismo

Durante buena parte del siglo XX, la superdotación se definió con una cifra: un cociente intelectual de 130 o más, dos desviaciones por encima de la media, que alcanza alrededor del 2 % de la población. Hoy casi nadie se queda solo con el número. En 1978, el psicólogo estadounidense Joseph Renzulli propuso su modelo de los tres anillos: una capacidad por encima de la media, creatividad y compromiso con la tarea, que dan fruto cuando se juntan.

Un niño prodigio es algo más raro. Según la definición del psicólogo David Henry Feldman, es el que antes de los diez años rinde como un adulto profesional en un campo exigente, como la música, el ajedrez o las matemáticas. En 2012, Joanne Ruthsatz y Jourdan Urbach estudiaron a ocho prodigios. Sus cocientes eran altos, pero no siempre extremos; lo que todos compartían era una memoria de trabajo excepcional, por encima del percentil 99, y una gran atención al detalle.

Las leyes educativas usan sus propias palabras. En España se habla de alumnado con altas capacidades intelectuales; en México, la Secretaría de Educación Pública prefiere aptitudes sobresalientes.

Los calculadores prodigio

Los casos más llamativos del siglo XIX fueron los calculadores. Henri Mondeux, hijo de un leñador de Neuvy-le-Roi, en Francia, aprendió los números con piedrecitas mientras cuidaba ovejas. En diciembre de 1840 lo examinó en París una comisión de la Academia de Ciencias en la que estaban Arago y Cauchy: resolvía de memoria problemas de álgebra, pero apenas sabía escribir. Cayó pronto en el olvido y murió en 1861.

Jacques Inaudi, nacido en el Piamonte en 1867, también fue pastor de niño. Sumaba y restaba números de más de veinte cifras y decía el día de la semana de casi cualquier fecha. En 1892, Jean-Martin Charcot lo estudió por encargo de la Academia de Ciencias y comprobó que calculaba con la memoria del oído, no con la de la vista. Alfred Binet le dedicó buena parte de su Psicología de los grandes calculadores y jugadores de ajedrez (1894).

Calcular deprisa, eso sí, no es lo mismo que hacer matemáticas nuevas.

¿Una herencia de otras vidas?

El espiritismo tiene su propia explicación. En El libro de los espíritus (1857), Allan Kardec pregunta de dónde vienen las facultades de quienes, sin haber estudiado, parecen dominar las lenguas o el cálculo, y la respuesta que recoge habla de un recuerdo vago de lo aprendido en existencias anteriores (pregunta 219). Hay quien lo explica también con el dinamopsiquismo de Gustave Geley, una supuesta energía del alma anterior al cuerpo.

Es una creencia respetable, pero no hay pruebas de ella. Ninguna investigación ha mostrado que el talento de un niño venga de otra vida, y los casos de niños que dicen recordar una existencia anterior, como los que reunió el psiquiatra Ian Stevenson, siguen discutidos.

Herencia y ambiente

La ciencia tiene respuestas parciales, pero bastante sólidas. Los estudios de gemelos y de familias indican que la herencia explica una parte de las diferencias de inteligencia entre las personas, y que esa parte crece con la edad: según la revisión de Robert Plomin e Ian Deary, publicada en 2015, pasa de alrededor del 20 % en la primera infancia a quizá el 80 % en la edad adulta. No hay un gen de la inteligencia, sino muchísimas variantes con efectos diminutos.

El ambiente pesa igual. Cuentan la estimulación, la escuela, los libros en casa y las horas de práctica que exige cualquier talento.

Y los tests tienen límites. En 1921, Lewis Terman empezó en la Universidad de Stanford el seguimiento de 1.528 niños californianos con un cociente de 135 o más. Dos chicos a los que examinaron y que no llegaron a la nota, William Shockley y Luis Álvarez, ganaron después el premio Nobel de Física; ninguno de los seleccionados lo consiguió.

Cómo se evalúa

Solo un profesional puede decir si un niño tiene altas capacidades: un psicólogo, a menudo el orientador del colegio o un equipo de la administración educativa. La evaluación combina pruebas de inteligencia, como la escala de Wechsler para niños (WISC-V, que se aplica de los 6 a los 16 años), con pruebas de creatividad, la observación en clase y lo que cuentan la familia y los maestros.

Hay dos cosas que conviene saber. Un niño puede tener altas capacidades y, a la vez, dislexia, un trastorno por déficit de atención o autismo; es lo que se llama doble excepcionalidad, y a veces una cosa tapa la otra. Y el desarrollo suele ir a distintas velocidades. En 1991, un grupo de especialistas estadounidenses, el llamado grupo de Columbus, definió la superdotación como un desarrollo asincrónico: la capacidad intelectual avanza más deprisa que otras áreas, y eso se vive por dentro de una manera distinta.

Lo que ayuda a un niño que va por delante

Lo primero es no colgarle una etiqueta, ni la de genio ni la de alma antigua. Un niño con altas capacidades sigue siendo un niño: necesita jugar, aburrirse un poco, equivocarse y tener amigos con los que compartir lo que le apasiona. Los colegios cuentan con varias medidas, desde el enriquecimiento, con proyectos más ambiciosos dentro del aula, hasta la flexibilización, que adelanta un curso, y lo sensato es decidirlas con el centro y con quien hizo la evaluación.

En casa ayuda valorar el esfuerzo y no solo el resultado, ofrecer libros, música o talleres según sus intereses y tomarse en serio sus preguntas, que a veces son de adulto. ¿Notas tristeza, aislamiento, mucha ansiedad o rechazo al colegio? Habla con su tutor y con un psicólogo infantil; este texto no sustituye esa ayuda.

Para seguir, lee el balance de las pruebas de la reencarnación, donde se cuentan los casos de Stevenson, o la historia de la idea de reencarnación. Hay más en la sección de reencarnación y mente y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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