Runas vikingas: de las piedras de los reyes al oráculo moderno

Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026

Los vikingos escribían con runas, pero no con las veinticuatro que traen casi todos los juegos de adivinación. Usaban un alfabeto más corto, lo grabaron en miles de piedras y no dejaron ningún manual para leer el futuro con él. Esta es la historia de cómo esas letras se convirtieron, mil años después, en un oráculo.

Dieciséis signos para toda una lengua

El alfabeto rúnico más antiguo, el futhark antiguo, tenía veinticuatro signos. Durante los siglos VII y VIII, los grabadores escandinavos lo fueron recortando, y hacia el año 800 ya usaban solo dieciséis: es el futhark joven, el de la época vikinga.

Menos letras no significaba menos sonidos. Una misma runa servía para la k, la g y la ng; otra, para la i y la e; y no se distinguían las consonantes sordas de las sonoras. Leer una inscripción vikinga exige, por eso, una buena dosis de interpretación.

Hubo también dos variantes. Las runas de ramas largas se usaron sobre todo en Dinamarca, y las de ramas cortas, más rápidas de trazar, en Suecia y Noruega. Muchos estudiosos creen que las primeras se preferían para los monumentos y las segundas para los mensajes cotidianos en madera, aunque la idea se discute.

Piedras para recordar a los suyos

Se conocen unas seis mil inscripciones rúnicas en Escandinavia, y la mitad están en piedras levantadas en memoria de un difunto, casi siempre un pariente. La mayoría se grabó entre los años 950 y 1100. Suecia tiene entre 1.700 y 2.500, según cómo se cuenten, y la región de Uppland reúne la mayor concentración.

Las más famosas de Dinamarca están en Jelling, en Jutlandia. La pequeña la levantó el rey Gorm el Viejo en memoria de su esposa, Thyra. La grande es de su hijo, Harald Diente Azul, que la dedicó a sus padres y dejó escrito que había ganado para sí toda Dinamarca y Noruega y que había hecho cristianos a los daneses. En una de sus caras aparece un Cristo crucificado. En los años treinta, el historiador del arte Rudolf Broby-Johansen la llamó «la partida de bautismo de Dinamarca», y la Unesco inscribió el conjunto en el patrimonio mundial en 1994.

La piedra de Rök, junto a la iglesia de ese pueblo de Östergötland, en Suecia, es otra cosa. Mide unos 2,4 metros y guarda la inscripción rúnica precristiana más larga que se conoce, de unos 760 signos, grabada probablemente a principios del siglo IX. La encargó un padre, Varin, por su hijo muerto, Vámóðr. Menciona al rey ostrogodo Teodorico, nombra a Thor y esconde partes del texto con runas cifradas. En 2020, investigadores de tres universidades suecas propusieron que sus enigmas aluden al miedo a un gran invierno, recuerdo de los fríos extremos que siguieron al año 536.

Poemas para no olvidar los nombres

Las inscripciones no dicen cómo se llamaba cada runa. Lo sabemos por unos poemas medievales que dedican una estrofa breve a cada signo.

Se conservan tres. El anglosajón, compuesto quizá en el siglo VII, recorre 29 runas; el manuscrito que lo guardaba ardió en 1731 en el incendio de la biblioteca Cotton, y lo conocemos por la edición que George Hickes había impreso en 1705. El noruego, sobre las dieciséis runas del futhark joven, solo sobrevive en una copia del siglo XVII de un manuscrito del XIII. El islandés, también de dieciséis, está en manuscritos de hacia 1500. Antes que todos ellos, en el siglo IX, un códice de la abadía de San Galo ya anotaba los nombres de las runas nórdicas.

Buena parte de los significados que repiten los libros de adivinación sale de esos versos, escritos siglos después de que se tallaran las piedras.

Las runas en las sagas

La literatura medieval sí atribuye poder a las runas. En la Saga de Egil, escrita en Islandia en el siglo XIII, el poeta Egil Skallagrímsson llega a una granja donde la hija del dueño lleva mucho tiempo enferma. Un vecino había intentado grabarle runas de amor en un trozo de hueso de ballena, sin saber hacerlo, y según la saga eso la había empeorado. Egil raspa las runas, quema el hueso y graba otras nuevas, y el relato termina con la joven ya repuesta.

Es un relato literario, eso sí, y no un documento de la época vikinga. Lo que muestra es qué se pensaba de las runas en la Islandia medieval: que quien no las conoce no debería tocarlas.

Del ocultismo al oráculo de bolsillo

La adivinación con runas tal como hoy se practica es moderna. En 1902, el ocultista austríaco Guido von List pasó casi un año ciego tras una operación de cataratas y aseguró que en ese tiempo se le revelaron dieciocho runas, que publicó en 1908. Sus «runas armanen» se inspiraban en el futhark joven, pero eran invención suya. Los movimientos nacionalistas alemanes las adoptaron, y algunas acabaron en la simbología de las SS; después de la guerra, otros esoteristas rehicieron el sistema sin su carga racista.

El salto al gran público llegó en 1982 con The Book of Runes («El libro de las runas»), del estadounidense Ralph Blum, que se vendía con una bolsita de fichas. Blum cambió el orden tradicional, añadió una runa en blanco que no existe en ningún futhark y explicó en el propio libro que sus interpretaciones bebían del I Ching chino. Las tiradas en cruz o en círculo que circulan hoy deben mucho a esa época y al tarot. ¿Quiere decir eso que no valen? Quien las usa como una herramienta para pensar puede seguir haciéndolo; solo conviene saber de dónde viene cada pieza.

Empieza por las piedras

  • Cuenta las fichas de tu juego: si son veinticuatro, es el futhark antiguo, anterior a los vikingos, y si hay una en blanco, es la que añadió Ralph Blum.
  • Busca fotos de las piedras de Jelling o de Rök e intenta reconocer en ellas alguna runa de tu bolsa: es la mejor manera de ver de dónde vienen.
  • Fíjate en las runas de tatuajes, camisetas y banderas, porque algunas formas del sistema de List se asociaron al nazismo y las siguen usando grupos de odio.

El mito que da sentido a las runas lo tienes en las runas, el legado de Odín, y los materiales y los pasos para hacer tu propio juego, en cómo hacer runas. Hay más en la sección de videncia y otras mancias y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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