El cerebro, la gran incógnita (I): la memoria, el sueño y el cerebro holográfico
Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026
Sabemos qué zonas del cerebro se activan al leer una palabra o al mover un dedo, y hasta cuántas neuronas tiene. Lo que todavía no sabemos explicar del todo es dónde se guarda un recuerdo o para qué necesitamos dormir. Esta primera parte de la serie repasa esas dos preguntas y una teoría tan atractiva como discutida: la del cerebro holográfico.
Un órgano bien medido y mal comprendido
Durante décadas, los libros repitieron que el cerebro humano tiene unos 100.000 millones de neuronas. Nadie las había contado. En 2009, un equipo brasileño las contó con un método nuevo, disolviendo el tejido de cerebros donados: salieron unos 86.000 millones, una cifra cuya precisión aún se discute.
Al cerebro lo medimos cada vez mejor, pero medir no es entender.
H. M., el hombre que vivía en el presente
La pista más famosa sobre la memoria la dio un paciente. El 1 de septiembre de 1953, en el hospital de Hartford (Connecticut), el neurocirujano William Scoville operó a un joven de 27 años con una epilepsia muy grave y le extirpó, a ambos lados, la cara interna de los lóbulos temporales, con buena parte del hipocampo.
Las crisis mejoraron, pero el paciente perdió la capacidad de fijar recuerdos nuevos. Conversaba con soltura y, en cuanto se distraía, olvidaba lo hablado. Su infancia, en cambio, seguía ahí.
La psicóloga Brenda Milner publicó el caso con Scoville en 1957, con las iniciales H. M. Su hallazgo más curioso: H. M. aprendió a dibujar una estrella mirándola solo en un espejo y mejoró de un día para otro sin recordar haberlo practicado nunca. No hay una sola memoria, sino varias, y el hipocampo hace falta para guardar hechos y vivencias, no para aprender una habilidad con las manos. El nombre del paciente, Henry Molaison, se hizo público cuando murió, en 2008.
La búsqueda del engrama
En 1904, el biólogo alemán Richard Semon llamó engrama a la huella física que un recuerdo debería dejar en el organismo. El psicólogo estadounidense Karl Lashley (1890-1958) pasó décadas buscándola. Enseñaba a ratas a recorrer un laberinto y después les quitaba trozos de corteza: el recuerdo del camino empeoraba cuanta más corteza faltaba, pero apenas importaba de qué zona. En 1950 lo resumió en un artículo titulado «En busca del engrama», sin haber encontrado ningún lugar concreto.
La respuesta llegó con otra herramienta. Susumu Tonegawa, premio Nobel de Medicina en 1987 por sus estudios sobre los anticuerpos, se pasó después a la neurociencia. En 2012, su equipo del Instituto Tecnológico de Massachusetts publicó en Nature un experimento con ratones. Marcaron con una proteína sensible a la luz las neuronas del hipocampo que se activaban mientras el animal aprendía que en cierta caja recibía una pequeña descarga. Más tarde, en otra caja, un pulso de luz sobre esas células bastó para que el ratón se quedara inmóvil, como si reviviera el susto.
En 2013 crearon incluso un recuerdo falso: miedo a un lugar donde al ratón nunca le había pasado nada. Lashley buscaba una dirección, y lo que apareció fue un grupo concreto de células. Nosotros tampoco estamos libres de recuerdos falsos, tan vivos como los verdaderos, como se explica en la terapia de vidas pasadas y sus riesgos.
Dormir, la otra gran pregunta
¿Para qué sirve apagarse cada noche durante horas, quieto e indefenso? Desde 2003, Giulio Tononi y Chiara Cirelli, de la Universidad de Wisconsin, defienden que al aprender, despiertos, las conexiones entre neuronas se refuerzan sin parar, y que el sueño las devuelve a un nivel sostenible. Dormir sería el precio de aprender. Tiene apoyos y también críticos.
En 2013, el equipo de Maiken Nedergaard, de la Universidad de Rochester, publicó en Science que en los ratones dormidos el espacio entre las células del cerebro se ensanchaba alrededor de un 60 % y se eliminaban más deprisa desechos como la proteína beta amiloide: el sueño sería también una limpieza. En 2024, el equipo de Nicholas Franks, del Imperial College de Londres, midió en Nature Neuroscience lo contrario, una eliminación cerca de un 30 % más lenta durante el sueño. Hay críticas de método a los dos lados.
Para qué soñamos tampoco tiene una respuesta cerrada; la historia de la fase REM y sus teorías está en los sueños, de Asclepio a la fase REM.
Un cerebro que funcionaría como un holograma
Karl Pribram (1919-2015), neurocirujano nacido en Viena, trabajó con Lashley en el laboratorio de primates de Yerkes, en Florida, y heredó su enigma: si un recuerdo sobrevive aunque se destruya buena parte de la corteza, tiene que estar repartido.
Encontró la metáfora en los hologramas, inventados por el físico Dennis Gabor en 1948, en los que cada trozo de la placa guarda información de la imagen entera. En Languages of the Brain (1971), Pribram propuso que el cerebro guarda la memoria de un modo parecido, como patrones de interferencia de ondas en las redes de dendritas, y no célula a célula. Después la unió a las ideas del físico David Bohm sobre un «orden implicado» del universo, y en 1991 The Holographic Universe, del escritor Michael Talbot, la llevó a los círculos esotéricos.
Eso sí, más de cincuenta años después sigue siendo una hipótesis. Nadie ha mostrado que las dendritas guarden recuerdos como interferencias, y la neurociencia no la ha adoptado: los experimentos con engramas apuntan a grupos de neuronas cuyas conexiones cambian al aprender.
Que una idea sea bella no basta para darla por buena.
Dormir, olvidar y recordar
La memoria no es un archivo, sino algo que el cerebro reconstruye cada vez que recuerda. Por eso dos hermanos cuentan de forma distinta la misma Navidad, y por eso conviene apuntar lo importante: una fecha, un nombre, lo que te dijo el médico. Un cuaderno no sustituye a la memoria, pero la descansa.
Aunque no sepamos del todo para qué sirve el sueño, se nota cuando falta. Horarios regulares, una habitación oscura y un rato sin pantallas antes de acostarte ayudan a muchas personas.
Si notas olvidos que te preocupan o van a más, o si el insomnio dura semanas, coméntalo con tu médico. La verdad es que el cerebro guarda todavía muchos secretos, y ninguna lectura sustituye una consulta. La serie sigue con la conciencia y la psicología transpersonal. Tienes más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.