El cerebro, la gran incógnita (II): el misterio de la conciencia
Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026
Mientras lees estas líneas, tu cerebro procesa formas, letras y significados, y a la vez hay algo que se siente al leerlas. Explicar cómo surge esa vivencia a partir de la actividad de las neuronas es, para muchos científicos y filósofos, el gran problema pendiente. Esta segunda parte cuenta cómo se plantea, qué teorías compiten y qué pasó cuando dos de ellas aceptaron jugarse su prestigio en un mismo experimento.
Los problemas fáciles y el difícil
En 1994, en un congreso sobre la conciencia celebrado en Tucson (Arizona), el filósofo australiano David Chalmers propuso una distinción que se hizo famosa. Al año siguiente la desarrolló en la revista Journal of Consciousness Studies.
Los problemas «fáciles» son los que se pueden explicar describiendo mecanismos: cómo distingue el cerebro un color de otro, cómo junta lo que llega de los sentidos, cómo decide y cómo nos deja contar lo que nos pasa. De fáciles no tienen nada, pero se sabe qué clase de respuesta haría falta.
El problema difícil es otro: por qué todo ese procesamiento va acompañado de una experiencia. Si te das un golpe en el pie, la señal que sube por los nervios y el grito que sueltas son problemas fáciles. El dolor tal como lo sientes es el difícil. ¿Por qué no ocurre todo eso a oscuras, sin que nadie lo viva por dentro?
No todos aceptan la distinción. El filósofo Daniel Dennett sostuvo que el problema difícil se parece a un truco de magia: un montón de mecanismos corrientes que, explicados uno a uno, dejarían de parecer un misterio.
La huella de la conciencia en el cerebro
Francis Crick, que había descubierto la estructura del ADN con James Watson, y el neurocientífico Christof Koch propusieron en 1990 dejar la filosofía para más tarde y buscar algo medible: los correlatos neuronales de la conciencia, la actividad mínima del cerebro que acompaña a una experiencia concreta.
Un ejemplo es la rivalidad binocular. Si a cada ojo se le muestra una imagen distinta, no vemos una mezcla: la percepción salta de una a otra. En monos entrenados para indicar qué veían, las neuronas de la primera área visual respondían sobre todo a lo que entraba por los ojos, y las de áreas más altas del lóbulo temporal seguían, en cambio, lo que el animal decía ver.
En 1998, durante un congreso en Bremen (Alemania), Koch apostó con Chalmers una caja de buen vino a que en veinticinco años se encontraría en el cerebro una firma clara de la conciencia. El 23 de junio de 2023, en la reunión de la Asociación para el Estudio Científico de la Conciencia, en Nueva York, los dos reconocieron que no había ocurrido. Ganó Chalmers.
Dos teorías frente a frente
La teoría del espacio de trabajo global la propuso el psicólogo Bernard Baars en 1988 con una imagen teatral. En el cerebro trabajan a la vez muchos procesos inconscientes, como técnicos entre bambalinas; solo lo que sube al escenario, iluminado por la atención, se difunde a todo el público, y eso es lo que vivimos. En 1998, Stanislas Dehaene, Michel Kerszberg y Jean-Pierre Changeux le dieron una versión neuronal: una red de neuronas de largo alcance, con peso en la corteza prefrontal y parietal, que reparte un contenido por todo el cerebro. En trabajos posteriores, el grupo de Dehaene describió ese momento como un «encendido» súbito.
La teoría de la información integrada, del neurocientífico Giulio Tononi (2004), parte de otro sitio. Para ella, un sistema es consciente en la medida en que sus partes forman un todo que no se puede descomponer sin perder algo, y esa cantidad se expresa con un número, phi. Sitúa la experiencia sobre todo en la parte posterior de la corteza y tiene una consecuencia llamativa: cualquier sistema con la estructura adecuada, aunque sea muy simple, tendría algún grado de conciencia.
La segunda es la que más polémica ha levantado. En septiembre de 2023, 124 investigadores firmaron una carta que calificaba de pseudociencia la información integrada mientras no pudiera ponerse a prueba, aunque en una encuesta posterior entre especialistas pocos se declararon del todo de acuerdo con ella.
El experimento de 2025
La salida fue poco habitual: una colaboración adversarial. Desde 2019, con financiación de la Fundación Templeton, defensores de las dos teorías diseñaron juntos un experimento y dejaron escritas sus predicciones antes de ver un solo dato. El consorcio, llamado Cogitate, estudió a 256 personas en siete laboratorios con resonancia magnética funcional, magnetoencefalografía y electrodos intracraneales.
Los resultados salieron en Nature el 30 de abril de 2025. La información sobre lo que se veía apareció en áreas visuales, en la cara inferior del lóbulo temporal y en una zona frontal. Pero las dos teorías fallaron en puntos centrales. La información integrada predecía una sincronía sostenida dentro de la corteza posterior mientras durara la imagen, y no apareció. El espacio de trabajo global predecía un nuevo «encendido» al desaparecer la imagen, y tampoco; la corteza prefrontal, por su parte, solo representaba algunos aspectos de lo visto.
Nadie ganó. El equipo prepara un segundo experimento y ha dejado sus datos abiertos a cualquier laboratorio.
Dicho esto, para la ciencia la conciencia sigue siendo cosa del cerebro, aunque no sepa explicar cómo. Hay quien la busca fuera de él, en las experiencias cercanas a la muerte o en la visión remota, pero cuando se han puesto a prueba en condiciones controladas los resultados han sido nulos o discutidos, como cuentan el balance de las pruebas de la reencarnación y la historia de la clarividencia.
Preguntas que siguen abiertas
- Por qué la actividad de las neuronas se vive desde dentro: es el problema difícil, y ninguna teoría lo ha resuelto.
- Dónde se forma la experiencia: el experimento de 2025 encontró información de lo visto en áreas posteriores y en una zona frontal, y ninguna de las dos teorías lo predijo entero.
- Qué seres o máquinas son conscientes: cada teoría da una respuesta distinta, y todavía no hay forma de comprobar cuál tiene razón.
Cuando alguien te diga que la ciencia ya ha explicado la conciencia, o que ha demostrado que vive fuera del cerebro, acuérdate de estas tres. Los cambios en la forma de percibir, del sueño a la hipnosis, se repasan en los estados alterados de conciencia. Completan la serie la memoria y el sueño y la psicología transpersonal. Tienes más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.