El cerebro, la gran incógnita (III): la psicología transpersonal y sus críticos
Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026
A finales de los años sesenta, un grupo de psicólogos estadounidenses quiso estudiar lo que su disciplina solía dejar fuera: el éxtasis místico, la sensación de unidad con todo, las crisis espirituales. Lo llamaron psicología transpersonal. Esta tercera parte cuenta qué propusieron sus tres nombres más conocidos y qué les responde la ciencia.
Maslow y la cuarta fuerza
Abraham Maslow (1908-1970) es famoso por su jerarquía de necesidades, pero también estudió a las personas sanas y plenas, y lo que llamó experiencias cumbre: momentos de asombro, de unidad o de alegría intensa que mucha gente describe y que la psicología apenas había mirado. En 1964 les dedicó un libro, Religions, Values, and Peak-Experiences.
Entre 1967 y 1968, en conversaciones con el psicólogo Anthony Sutich y con un psiquiatra checo recién llegado a Estados Unidos, Stanislav Grof, Maslow habló de una «cuarta fuerza» en psicología, después del conductismo, el psicoanálisis y la psicología humanista. Eligieron la palabra transpersonal, «más allá de la persona», y en la primavera de 1969 salió el primer número del Journal of Transpersonal Psychology.
Maslow murió de un infarto el 8 de junio de 1970, sin ver crecer el movimiento.
Grof: del LSD de Praga a la respiración
Stanislav Grof nació en Praga en 1931. Desde 1956 investigó en su ciudad los efectos del LSD y de otras sustancias psicodélicas, y de 1960 a 1967 dirigió ese programa en el Instituto de Investigación Psiquiátrica. En 1967 se trasladó a Baltimore, a la Universidad Johns Hopkins y al hospital de Spring Grove, donde hasta 1973 estudió la terapia con psicodélicos en personas con alcoholismo, adicciones o un cáncer terminal.
A partir de los relatos de sus pacientes dibujó un mapa de la mente en tres niveles: el biográfico; el perinatal, ligado según él a cuatro etapas del nacimiento, idea que tomó en parte de Otto Rank; y el transpersonal, donde situaba las visiones mitológicas o la vivencia de unidad. Lo expuso en Realms of the Human Unconscious (1975).
Conviene decirlo claro: el LSD figura en la lista más estricta del Convenio de las Naciones Unidas de 1971, su consumo es ilegal en muchos países y tiene riesgos para la salud, sobre todo la mental. Lo que dice la medicina está en los psicotrópicos del diccionario esotérico.
Cuando se cortó el uso legal del LSD, Grof y su mujer, Christina, crearon un método sin sustancias en el Instituto Esalen, en Big Sur (California), donde él fue investigador residente de 1973 a 1987: la respiración holotrópica. Se respira rápido y hondo durante largo rato, con música intensa y una persona que acompaña, y al terminar se dibuja un mandala.
No es inocuo. Respirar así baja el dióxido de carbono de la sangre, reduce el riego del cerebro y puede dar hormigueos y calambres en las manos y la boca. Se desaconseja con enfermedades del corazón, tensión alta, glaucoma, epilepsia, asma grave o trastornos mentales, como se explica en el rebirthing y sus contraindicaciones. En 1993, tras un informe que alertaba de crisis epilépticas y episodios psicóticos en personas vulnerables, la Fundación Findhorn, en Escocia, suspendió sus talleres de respiración.
Las crisis que los Grof llamaron emergencias espirituales, y la red de ayuda que pusieron en marcha en 1980, se cuentan en despertar espiritual.
Wilber y el mapa de todo
Ken Wilber, nacido en 1949 en Oklahoma City, terminó en 1973, con 24 años, The Spectrum of Consciousness. Más de veinte editoriales lo rechazaron, y salió en 1977. Proponía ver la conciencia como un espectro, del yo aislado a la unidad que describen los místicos.
Con los años construyó una teoría integral que quiere abarcarlo todo: un cuadro de cuatro cuadrantes (lo interior y lo exterior, lo individual y lo colectivo), con niveles, líneas, estados y tipos. Su aportación más citada es la falacia pre/trans: confundir lo prerracional con lo transracional. Se cae en ella al tratar a un místico como si hubiera vuelto a la infancia o, al revés, al vestir de espiritualidad una simple regresión. El propio Wilber admitió haber caído en ella en sus primeros libros.
Las críticas le llegan de muchos lados. Grof le reprochó que su mapa dejara fuera el nivel perinatal. Otros señalan que clasifica en exceso, cita con poca precisión y apenas se ha contrastado con datos. En 2002, Jorge Ferrer cuestionó en Revisioning Transpersonal Theory la idea, compartida por Wilber y por buena parte del movimiento, de que todas las tradiciones suben a la misma cumbre.
Lo que le responde la ciencia
La psicología transpersonal no ha logrado un lugar en la psicología académica. Ernest Hilgard la llamó movimiento marginal; Albert Ellis dudó de sus resultados y advirtió de sus riesgos, y el psicólogo Rollo May le reprochó olvidar el lado oscuro de la naturaleza humana.
La objeción de fondo es de método. ¿Puede estudiarse con rigor una experiencia que, por definición, no se deja medir? Las vivencias son reales para quien las tiene, pero las explicaciones que las acompañan no se han comprobado. No hay pruebas de que podamos recordar nuestro nacimiento, y esos «recuerdos» que aparecen en sesiones de respiración o con sustancias se consideran recuerdos falsos.
Eso sí, su empeño ayudó a que el manual de diagnóstico de la psiquiatría estadounidense recogiera el problema religioso o espiritual como motivo de atención clínica.
Leer a los transpersonales con criterio
Se puede leer a Maslow, a Grof o a Wilber con provecho, como quien sigue el mapa de unos exploradores entusiastas, sin olvidar que un mapa no es el territorio. Separa la experiencia, que merece respeto, de la teoría que la explica, que necesita pruebas. Una visión intensa no demuestra que hayas recordado tu nacimiento ni tocado una mente universal.
Con las técnicas, prudencia. La respiración intensa no es para cualquiera, y las sustancias psicodélicas no son un camino de autoexploración casera: son ilegales en muchos países, tienen riesgos y su estudio actual se hace en ensayos clínicos con supervisión médica. Al fin y al cabo, el propio Grof empezó en un instituto psiquiátrico y en un hospital.
Si una práctica espiritual te deja angustia, insomnio o la sensación de perder pie, detente y habla con un médico o con un psicólogo. La serie empezó con la memoria y el sueño y la conciencia. Tienes más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.