La Ruta de la Luz: ópticos españoles en el desierto de Mauritania

Redacción Leotarot.com · Publicado el 7 de octubre de 2026

En 1995, un grupo de ópticos de la cooperativa española Cione viajó a Mauritania para revisar la vista de personas que nunca habían pasado por una consulta. Aquel proyecto se llamó la Ruta de la Luz, hizo tres expediciones al país y acabó convertido en una fundación. Esta es su historia, y la explicación, nada sobrenatural, de por qué alguien que había dejado de ver puede volver a hacerlo.

Un país entre el Magreb y el Sahel

Mauritania se asoma al Atlántico y limita con el Sáhara Occidental, Argelia, Malí y Senegal. Es una república islámica y la mayor parte de su territorio pertenece al desierto del Sáhara. Su capital, Nuakchot, se levantó a finales de los años cincuenta, poco antes de la independencia de 1960. Por historia y por geografía, el país hace de puente entre el mundo árabe y bereber del norte y el África subsahariana.

Fuera de las ciudades, muchas familias han vivido tradicionalmente del pastoreo de camellos, cabras y ovejas, bajo la jaima de los nómadas. El sol aprieta casi todo el año, el viento levanta arena y el agua escasea.

Son condiciones duras para los ojos. Y más cuando no hay cerca una consulta de oftalmología.

Tres expediciones y una fundación

Cione nació en Madrid en 1973, cuando un grupo de ópticos decidió unir sus compras para competir con los fabricantes y con las primeras cadenas. Con el tiempo se ha convertido en la mayor cooperativa de ópticos independientes de España.

Dentro de ella surgió la Ruta de la Luz. Según la propia fundación, el proyecto hizo tres expediciones a Mauritania, en 1995, 1997 y 2000, con un equipo de ópticos y oftalmólogos. Entre las tres sumaron más de 9.000 revisiones y entregaron 7.362 gafas graduadas. En septiembre de 2000 se constituyó legalmente la Fundación Cione Ruta de la Luz.

Desde 2004 las expediciones son periódicas y llegan a otros países. La fundación trabaja con organizaciones locales, forma a personas de cada lugar y procura dejar centros ópticos que se sostengan solos; los tiene en Benín, Togo y Mozambique. En España revisa la vista de los niños saharauis que pasan el verano con familias de acogida y les entrega gafas nuevas y gratuitas, y desde 2015 atiende a personas en riesgo de exclusión con el proyecto Ver para Crecer. Hoy dice estar presente en más de veinticinco países.

Lo que se cura en un quirófano

La catarata es la opacidad del cristalino, la lente natural que el ojo tiene detrás de la pupila. La vista se vuelve borrosa, los colores pierden fuerza y la luz deslumbra, hasta que la persona deja de distinguir las caras. La operación consiste en retirar ese cristalino nublado y colocar en su lugar una lente artificial.

Según la Organización Mundial de la Salud, las cataratas causan problemas de visión a unos 94 millones de personas, y la mitad de quienes necesitan operarse no tienen acceso a la cirugía. Con las gafas pasa algo parecido: en los países de ingresos bajos, dos de cada tres personas que las necesitan no las tienen. La propia OMS cuenta la cirugía de cataratas y las gafas entre las intervenciones sanitarias que más rinden por lo que cuestan.

El sol también influye. La OMS ha estimado que hasta una de cada cinco cataratas puede deberse a la radiación ultravioleta. Mauritania, por su parte, ha dado un paso grande contra otra causa de ceguera: en mayo de 2025, la OMS validó que había eliminado el tracoma como problema de salud pública, la séptima nación de su región africana en conseguirlo.

¿Por qué se habla entonces de prodigios cuando alguien vuelve a ver? Porque el momento en que se retira el vendaje y reconoce a los suyos es enorme. Detrás, eso sí, hay un diagnóstico, una técnica probada y alguien que la pone al alcance de quien no podía pagarla. Eso no le quita emoción a la escena.

Ángeles, yinn y la luz

La luz es una de las imágenes más antiguas de lo sagrado. El Corán llama a Dios «la luz de los cielos y de la tierra» (sura 24, 35), y el Evangelio de Juan pone en boca de Jesús la frase «yo soy la luz del mundo» (8, 12). No es raro que quien recupera la vista lo viva como una gracia y dé gracias a Dios.

En el islam, la religión de los mauritanos, los ángeles y los yinn son criaturas distintas. Según la tradición, los ángeles fueron creados de luz, y el Corán dice que los yinn lo fueron de fuego sin humo (sura 55, 15). Sobre los ángeles en la tradición judía y cristiana puedes leer los nueve coros de ángeles.

Respetar esa mirada forma parte del trabajo. Quien atiende no es un ángel ni un curandero, sino un profesional sanitario, y quien recibe la atención no es un personaje de aventura: es un paciente, con su nombre, su fe y su derecho a decidir.

Tus ojos y los de los demás

Empieza por los tuyos. Unas gafas de sol con filtro ultravioleta homologado, una gorra o un sombrero en las horas centrales del día y una revisión periódica hacen más de lo que parece. Si notas que ves borroso, que los colores se apagan o que las luces de los coches te deslumbran de noche, pide cita con un oftalmólogo: puede ser una catarata o cualquier otra cosa, y solo un especialista puede decirlo. Este texto no sustituye esa consulta.

Si quieres ayudar a otros, elige organizaciones que publiquen sus cuentas, trabajen con socios del lugar y formen a personal local. Antes de donar unas gafas usadas, pregunta: muchas prefieren entregar gafas nuevas, graduadas para cada persona. Y si te ofreces como voluntario, ten en cuenta que las tareas clínicas exigen titulación, aunque siempre hacen falta manos para todo lo demás.

Al fin y al cabo, esta historia habla de la compasión convertida en trabajo y del coraje de salir de lo conocido para ayudar. Hay más textos en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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