El feng shui y los espejos: del bronce de los Han al bagua de la puerta
Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026
Mucho antes de que existiera el espejo de cristal, en China ya se pulían discos de bronce para mirarse en ellos. Aquellos espejos llevaban en el reverso un mapa del universo, acompañaban a los muertos en la tumba y algunos parecían dejar pasar la luz. De esa historia vienen los espejos que el feng shui coloca hoy en casas y portales.
Bronce pulido
Los espejos chinos más antiguos que se conocen son de la cultura de Qijia, de hacia el 2000 antes de nuestra era. Fueron raros durante siglos, se extendieron en la época de los Reinos Combatientes y, con la dinastía Han, se fabricaron en serie con diseños fijos. Los de los Han y los de los Tang se consideran los mejor hechos.
Casi todos eran redondos. Una cara se pulía hasta que reflejaba; la otra se decoraba en relieve y tenía en el centro un botón con un orificio para pasar un cordón. Los arqueólogos los encuentran a menudo en las tumbas, porque se creía que guardaban la luz del sol y guiaban al difunto en el más allá.
También servían de amuleto. En el siglo IV, el alquimista taoísta Ge Hong contaba en su Baopuzi que quien subía a las montañas para practicar llevaba un espejo colgado a la espalda, y que así los demonios no se le acercaban. El bronce solo dejó paso al vidrio cuando llegaron los espejos occidentales, ya en tiempos de los Ming y los Qing.
Un mapa del cosmos en el reverso
Entre el siglo II antes de nuestra era y el II de nuestra era se pusieron de moda los espejos que los arqueólogos llaman TLV, porque su decoración incluye unas marcas parecidas a esas tres letras latinas. Muchos llevan inscripciones, y en los del usurpador Wang Mang, a comienzos del siglo I, varias hablan de su reinado.
Un ejemplar del Museo de Arte de Cleveland, fechado entre los años 9 y 100, muestra bien su lógica. El cuadrado que rodea el botón central es la tierra; los anillos y una banda de nubes, el cielo. Entre ambos, cuatro animales guardan los puntos cardinales: el dragón al este, el tigre al oeste, el pájaro rojo al sur y una tortuga enlazada por una serpiente al norte. Son los mismos cuatro que la escuela de las formas del feng shui sigue buscando en el paisaje que rodea una casa.
En 1947, el historiador Lien-sheng Yang relacionó aquellas marcas con las del tablero del liubo, un juego de mesa de la época. Otros estudiosos prefieren leerlas como un diagrama del cosmos, con la tierra cuadrada en el centro.
Espejos que dejan pasar la luz
Hay un tipo todavía más sorprendente. Por delante parece un espejo corriente, pero si refleja un rayo de sol sobre una pared, en el círculo de luz aparece el dibujo de su reverso, como si el bronce fuera transparente. En chino se llaman touguang jing, «espejos que dejan pasar la luz», y en Occidente, espejos mágicos. Se conocen al menos desde el siglo V; hay quien los remonta a los Han, aunque no es seguro.
Shen Kuo, el sabio que describió la aguja imantada, tenía tres heredados de su familia y los comentó en sus Ensayos del arroyo de los sueños (1088). Supuso que el truco estaba en la manera de enfriar el metal. No acertó con la causa, pero intuyó que había diferencias minúsculas en la superficie.
La explicación completa llegó en 1932, de la mano del físico británico William Henry Bragg. Al raspar y pulir el espejo, las zonas más finas se combaban un poco siguiendo el relieve de detrás, y esas curvas, invisibles a simple vista, se agrandan al reflejar la luz. En 2022, el Museo de Arte de Cincinnati presentó un espejo de los siglos XV o XVI, de China o de Japón, que tenía desde 1961 y que había pasado casi siempre en sus almacenes: al iluminarlo, proyecta la figura de un buda Amitabha.
El espejo bagua de la puerta
En muchas casas y comercios chinos, sobre la puerta de la calle, cuelga un espejo pequeño en un marco octogonal con los ocho trigramas alrededor. Es el espejo bagua. Según la tradición, protege: se orienta hacia algo que el feng shui considera agresivo, como la esquina afilada de un edificio vecino, el vértice de un tejado o una calle que muere justo frente a la entrada.
Los practicantes coinciden en que va siempre fuera, nunca dentro de casa, y discrepan en casi todo lo demás. Unos prefieren el espejo plano, para una protección general; otros, el cóncavo, que «absorbe»; otros, el convexo, que «devuelve». Los maestros más prudentes lo dejan como último recurso y recomiendan antes un seto, un árbol o una celosía que tape la vista. La verdad es que tiene su lógica: un espejo apuntado a la ventana del vecino puede traer más problemas de convivencia que los que pretendía evitar.
Tus espejos, uno por uno
Dentro de casa, el feng shui trata el espejo como algo que duplica lo que tiene delante. De ahí salen sus consejos más repetidos, que puedes revisar en una tarde:
- No lo pongas justo enfrente de la puerta de entrada: según la tradición, devuelve hacia fuera lo que entra.
- Haz que refleje algo que te guste ver dos veces, como una ventana con luz, una planta o la mesa del comedor.
- Evita los espejos de azulejos o con grietas, que parten la imagen, y los que te cortan la cabeza al mirarte.
- Úsalo para ensanchar un pasillo estrecho o llevar claridad a un rincón oscuro, siempre que no duplique un montón de trastos.
¿Cuál de tus espejos refleja ahora mismo algo que preferirías no ver dos veces? Eso sí, ningún espejo cambia la suerte de una casa; lo que cambia es la luz y la sensación de espacio. Los del dormitorio tienen reglas propias, que encontrarás en el feng shui y los dormitorios, y el espejo como «cura» de la escuela del Gorro Negro aparece en los estilos de feng shui. Tienes más en la sección de feng shui y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.