Feng shui en el hogar: las ventanas, los ojos de la casa

Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026

En el feng shui, la puerta es la boca por la que entra el qi y las ventanas son los ojos de la casa. Por ellas llegan la luz, el aire y la vista, y la tradición tiene reglas para las tres. Algunas coinciden con lo que han medido los psicólogos que estudian cómo nos afecta el entorno.

La boca y los ojos

Para el feng shui, la puerta principal es la «boca del qi», el punto por el que entra el aliento que anima una vivienda. Las ventanas cumplen otro papel. En Taiwán, algunos interioristas las llaman «los ojos del feng shui» y advierten de que ninguna casa debería quedarse sin ellas. También dejan pasar el qi, pero con menos fuerza que una puerta.

De ahí sale una idea sencilla: lo que se ve desde una ventana entra, de algún modo, en la casa. La tradición prefiere las vistas abiertas, con árboles, agua o un horizonte despejado, y mira con recelo las que dan a una pared ciega a pocos metros. ¿Qué ves tú desde la ventana junto a la que pasas más horas?

Cuando la puerta mira a la ventana

La regla más conocida sobre las ventanas tiene nombre propio en chino: chuan tang sha, algo así como «el sha que cruza la sala», donde el sha es la energía agresiva que el feng shui procura evitar. Se da cuando la puerta de entrada queda alineada con una ventana grande o con la puerta trasera, de modo que entrar y salir forman una sola línea recta. Según la tradición, el qi cruza la casa de parte a parte sin detenerse.

Los remedios clásicos buscan romper esa línea sin cerrar nada. Un biombo, una estantería abierta, una planta alta o una cortina ligera entre la puerta y la ventana bastan. No se trata de quitar luz, sino de que la mirada y el aire den un pequeño rodeo.

Hay también explicaciones más terrenales. Algunos diseñadores taiwaneses recuerdan que una corriente directa entre dos huecos puede cerrar las puertas de golpe y dar un buen susto, y otros señalan que una casa así se enfría antes en invierno. Para ventilar, eso sí, esa misma corriente es una ventaja; por eso los practicantes insisten en que la regla habla de la línea de visión y no de tener las ventanas cerradas.

Lo que midió Roger Ulrich

En 1984, el psicólogo ambiental Roger Ulrich publicó en la revista Science un estudio de dos páginas que todavía se cita cuando se diseñan hospitales. Revisó los historiales de pacientes operados de la vesícula entre 1972 y 1981 en un hospital de Paoli, en Pensilvania. Solo contó las operaciones hechas entre el 1 de mayo y el 20 de octubre, los meses en que los árboles tenían hojas.

Las habitaciones eran casi idénticas, salvo en un detalle. Desde unas ventanas se veía un pequeño grupo de árboles de hoja caduca; desde otras, una pared de ladrillo marrón. Ulrich formó 23 parejas de pacientes parecidos en sexo, edad, peso y tabaco, entre otros rasgos, con una vista distinta para cada miembro de la pareja. Los datos los recogió una enfermera que no sabía qué veía cada paciente.

Quienes tenían los árboles delante estuvieron ingresados algo menos, 7,96 días de media frente a 8,70. Recibieron menos comentarios negativos en las notas de enfermería, 1,13 por paciente frente a 3,96. Y entre el segundo y el quinto día necesitaron menos dosis de analgésicos fuertes.

El propio Ulrich marcó los límites. La vista urbana de su estudio era una pared especialmente monótona, y advirtió que a un paciente de larga estancia, más aburrido que angustiado, una calle animada podría sentarle mejor que muchos paisajes naturales. Fueron 46 personas.

Otro trabajo pequeño apunta en la misma dirección. En 2014, el equipo de Mohamed Boubekri comparó a 49 oficinistas: quienes trabajaban con ventanas recibían mucha más luz blanca durante la jornada y dormían, de media, 46 minutos más cada noche de la semana laboral. Sus autores lo presentaron como un estudio piloto.

Tres gestos con tus ventanas

Mira tus ventanas como lo haría un geomántico, y también como lo haría Ulrich:

  • Ponte en la puerta de entrada y comprueba si tienes una ventana grande al fondo, en línea recta; si es así, prueba con una planta alta o un biombo ligero a medio camino.
  • Limpia los cristales y despeja el alféizar de cajas y objetos olvidados, para que entre toda la luz posible.
  • Coloca el sillón o la mesa donde pasas más horas de modo que veas el cielo o algo verde; si la ventana da a una pared, unas macetas en el alféizar cambian mucho la vista.

Al fin y al cabo, son gestos de decoración y no remedios: si duermes mal o te notas bajo de ánimo, lo indicado es hablarlo con tu médico. Para aprender a mirar tu edificio desde la calle, repasa qué es el feng shui, y para saber por qué el cabecero no debe ir bajo una ventana, el feng shui y los dormitorios. Tienes más en la sección de feng shui y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

También te puede interesar

Ver toda la biblioteca esotérica