Qué es el feng shui: de las tumbas chinas a las casas de Occidente

Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026

El feng shui es una tradición china que decide dónde y cómo situar tumbas, casas y ciudades según el paisaje y los puntos cardinales. Empezó como una técnica para escoger el sitio de los enterramientos y tardó siglos en ocuparse de salones y dormitorios. Su historia pasa por un libro atribuido a un poeta, por la invención de la brújula y por una prohibición en la China de Mao.

Un arte que empezó en los cementerios

En la China antigua, el respeto a los antepasados no terminaba con el entierro. Se creía que el lugar de la tumba influía en la suerte de la familia durante generaciones, y elegirlo era un asunto muy serio. Los textos más viejos no lo llaman todavía feng shui. Hablan de kanyu, una palabra que junta el cielo y la tierra, o de dili, los principios del terreno. Según el antropólogo Ole Bruun, el nombre de feng shui no se hizo común hasta la dinastía Song (960-1279).

Hay quien le busca raíces mucho más hondas. En Xishuipo, cerca de Puyang, en la provincia de Henan, los arqueólogos excavaron entre 1987 y 1988 una tumba de hacia el 4000 antes de nuestra era. El difunto tiene a un lado un dragón y al otro un tigre, los dos dibujados con conchas blancas. Dragón y tigre serán luego figuras del feng shui, aunque decir que aquel enterramiento ya seguía sus reglas es una hipótesis.

Un libro sobre el viento, el agua y los huesos

El texto que dio nombre a la disciplina es el Zangshu, o Libro de los entierros. La tradición lo atribuye a Guo Pu (276-324), un letrado de la dinastía Jin, famoso también por sus comentarios a clásicos como el Libro de los montes y los mares. Murió ejecutado en 324 por orden del señor de la guerra Wang Dun, que esperaba de él un presagio favorable para hacerse con el trono y no lo obtuvo.

Muchos estudiosos piensan que el libro, tal como lo conocemos, se escribió o se rehízo siglos después, quizá entre los siglos IX y X. El propio texto cita un clásico más antiguo, y de esa cita sale el nombre: el qi, el aliento que según el pensamiento chino anima el mundo, se dispersa con el viento y se detiene donde hay agua. Reunirlo y retenerlo era el arte del viento (feng) y del agua (shui).

Lo que de verdad preocupa al libro son los huesos. Hijos y padres, razona, comparten el mismo cuerpo, así que el qi que reciben los restos del antepasado alcanza a sus descendientes. Para explicarlo recuerda una anécdota de la corte Han: una campana de bronce sonó sola en el palacio y, días después, llegó la noticia de que se había hundido una mina de cobre en la lejana región de Shu. El metal de la campana, decía la explicación, respondía al de la montaña.

La aguja que señala el sur

La brújula también nació para la adivinación. Desde la época Han, los geománticos usaban una cuchara de piedra imán que giraba sobre una placa de bronce hasta alinearse de norte a sur. Por eso en chino la brújula se llama todavía zhinan zhen, la aguja que señala el sur.

En 1088, el sabio Shen Kuo describió en sus Ensayos del arroyo de los sueños una aguja imantada con piedra imán y colgada de un hilo de seda. Anotó también que no apuntaba justo al sur, sino algo desviada hacia el este. De aquellas agujas salió el luopan, la brújula del feng shui: un disco giratorio sobre una base cuadrada, con anillos concéntricos (algunos modelos pasan de cuarenta) y dos hilos rojos cruzados para leer con precisión hacia dónde mira una fachada. Uno de sus anillos principales divide el horizonte en veinticuatro direcciones de quince grados.

La corte también tenía sus especialistas. El emperador Yongle eligió con estos criterios el valle al norte de Pekín donde descansan trece emperadores de la dinastía Ming. La Unesco, que incluyó las tumbas imperiales Ming y Qing en el patrimonio mundial entre 2000 y 2004, destaca que están en parajes escogidos según los principios del feng shui.

Prohibido en casa, conservado fuera

Los primeros europeos que escribieron sobre él fueron misioneros. Quizá el primero fue el jesuita Matteo Ricci, que llegó a China a finales del siglo XVI. En 1873, el misionero protestante Ernst Johann Eitel publicó un pequeño libro titulado Feng-shui, en el que lo presentaba como una especie de ciencia natural china en estado rudimentario.

Tras la fundación de la República Popular, en 1949, las autoridades lo trataron como una superstición feudal. Durante la Revolución Cultural (1966-1976) entró en la lista de los «cuatro viejos», las ideas, costumbres, culturas y hábitos antiguos que había que borrar. La práctica sobrevivió en Hong Kong y en Taiwán, donde nadie la perseguía, y volvió al continente con las reformas económicas, aunque las autoridades nunca la han visto con buenos ojos.

En Estados Unidos se puso de moda después del viaje de Nixon a China, en 1972, cuando todo lo chino despertaba curiosidad. Desde allí, y con versiones simplificadas, llegó a las revistas de decoración de medio mundo.

Observa tu casa como un geomántico

La parte más antigua del feng shui se practica sin brújula ni libros: consiste en mirar. Sal a la calle y observa tu edificio como lo haría un geomántico de la época Han. ¿Qué tiene detrás? Un bloque más alto, una ladera o un parque le hacen de respaldo; una avenida con mucho tráfico, no. Fíjate después en lo que tiene delante, en si la entrada recibe luz y en por dónde llega el viento los días de invierno.

Apunta lo que veas, sin sacar conclusiones. La tradición diría que una casa resguardada detrás y abierta delante reúne bien el qi; un arquitecto diría que está protegida del frío y bien soleada. La verdad es que muchas reglas del feng shui coinciden con el sentido común de quien construía sin calefacción. Lo que no tiene respaldo científico es que la posición de una casa o de una tumba cambie la suerte de una familia.

Cuando quieras pasar al interior, empieza por los estilos de feng shui y sus diferencias y sigue con las estrellas voladoras, que añaden el calendario. Tienes más en la sección de feng shui y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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