Arquitectura y vacío: el feng shui, el Tao Te King y el valor del espacio libre

Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026

Una rueda gira gracias al hueco de su centro, y una taza sirve por lo que no tiene. El Tao Te King resumió esa idea en un capítulo de pocas líneas que ha llegado hasta la arquitectura moderna. También está detrás de un consejo que el feng shui repite mucho: dejar espacio libre.

Treinta radios y un hueco

El Tao Te King es un libro breve, de 81 capítulos, que la tradición atribuye a Laozi, un sabio que habría vivido en tiempos de Confucio, en el siglo VI antes de nuestra era. Los estudiosos lo ven más bien como una recopilación que tomó forma entre los siglos IV y III. Las copias más antiguas que se conservan son unas tiras de bambú halladas en 1993 en Guodian, de antes del año 300 antes de nuestra era, y dos manuscritos en seda encontrados en 1973 en una tumba de Mawangdui cerrada en el 168.

El capítulo 11 usa tres imágenes cotidianas. La primera es una rueda de carro: treinta radios se juntan en un cubo, y es el agujero del centro, donde entra el eje, lo que permite que el carro ande. La segunda, una vasija: se modela el barro, pero lo que sirve es el hueco que guarda el agua o el grano. La tercera, una casa: se abren puertas y ventanas en los muros, y es el espacio que queda dentro lo que se puede habitar.

El capítulo acaba con una idea doble. Lo que hay aporta algo; lo que no hay es lo que permite usarlo. Los traductores no se ponen de acuerdo en las palabras (vacío, nada, no ser), pero sí en el sentido.

El vacío de la mente, según Zhuangzi

Circulan por internet listas de «cuatro vacíos» del Tao: el de la cocina, el del estómago, el de la mente y el de la habitación. No aparecen en los clásicos taoístas. Lo más parecido a ese «vacío de la mente» está en otro libro, el Zhuangzi, en un diálogo imaginado entre Confucio y su discípulo Yan Hui.

Yan Hui quiere ir a reformar a un gobernante cruel, y el maestro le habla de un ayuno distinto del de no comer carne ni beber vino: el ayuno del corazón, xinzhai. Primero se deja de escuchar con los oídos, luego con la mente, y al final se escucha con el qi, que está vacío y espera. Solo en ese vacío, dice Confucio en el diálogo, se reúne el Tao. Es una enseñanza sobre la atención y la humildad, no una dieta.

Del libro del té a la casa de Wright

En 1906, el japonés Okakura Kakuzō publicó en inglés El libro del té. En su capítulo sobre el taoísmo y el zen recordaba la metáfora favorita de Laozi: la realidad de una habitación está en el espacio que encierran el techo y las paredes, no en ellos mismos, y una jarra sirve por el hueco que llena el agua.

En 1930, el vicecónsul de Japón en Chicago, Hikotaro Ichikawa, regaló un ejemplar al arquitecto Frank Lloyd Wright. Wright quedó tan impresionado que buscó otras traducciones de Laozi. En A Testament (1957) le atribuyó la idea de que la realidad de un edificio no está en el techo ni en los muros, sino en el espacio interior donde se vive, y contó que había empezado a construir así con el templo Unitario de Oak Park, hacia 1906.

Japón tiene su propia palabra para esto: ma, el intervalo entre dos cosas, en el espacio y en el tiempo. Se escribe 間, una puerta con un sol dentro; en la forma antigua, 閒, era la luna la que asomaba entre las hojas de la puerta. En 1978, el arquitecto Arata Isozaki llevó el concepto al Museo de Artes Decorativas de París con la exposición Ma: espacio-tiempo en Japón, que en 1979 pasó por el Cooper-Hewitt de Nueva York.

Dónde entra el vacío en el feng shui

La casa china tradicional está organizada alrededor de un hueco. En las viviendas de Huizhou, en el este de China, las habitaciones rodean un patio estrecho y alto, el tianjing o pozo del cielo, por el que entran la luz y el aire. Cuando llueve, el agua de los cuatro tejados cae hacia ese patio, y la tradición lo resume con una frase: las cuatro aguas vuelven a la sala. Para el feng shui, es la imagen de una familia que conserva lo que tiene. Una de esas casas, Yin Yu Tang, construida hacia 1800 por un comerciante del pueblo de Huang Cun, se desmontó y se levantó de nuevo en el Peabody Essex Museum de Salem, en Massachusetts, que la abrió al público en 2003.

El mismo respeto por el hueco aparece en otros consejos. El espacio despejado delante de la entrada, el mingtang o salón luminoso, es, según la tradición, el sitio donde se reúne el qi antes de entrar. Y el centro del bagua, el mapa que se traza sobre una casa o una habitación, se deja libre porque se asocia con el equilibrio del conjunto. Pues bien, para la tradición una habitación abarrotada no es una habitación rica, sino una que ha perdido su sitio para respirar.

Deja una superficie vacía

Prueba a entrar en tu salón y a mirar al revés: no los objetos, sino los espacios que quedan entre ellos. ¿Por dónde se pasa sin esquivar nada, qué pared respira, qué superficie está siempre cubierta de cosas? Escoge una de esas superficies, una mesa auxiliar o un trozo de encimera, y déjala vacía una semana. Fíjate en si la usas más, en si la habitación parece más grande o en si echas algo de menos.

No es un remedio para nada, ni promete suerte. Es una manera de ver la casa que viene de un libro muy antiguo y que han compartido arquitectos de tres culturas: lo que no está también cuenta.

Para trazar ese centro libre, repasa el bagua en casa; para la distribución del salón, la sala de estar según el feng shui, y para el origen de todo, qué es el feng shui. Tienes más en la sección de feng shui y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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