Feng, viento; shui, agua: los cinco elementos y sus ciclos
Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026
El nombre del feng shui junta dos fuerzas de la naturaleza, el viento y el agua. Para leer una casa, sin embargo, la tradición china usa otras cinco: la madera, el fuego, la tierra, el metal y el agua. Son el wuxing, y lo que importa de ellas no es lo que son, sino cómo se alimentan y se frenan unas a otras.
Cinco fases, no cinco sustancias
Wuxing se traduce casi siempre como «cinco elementos», pero xing significa andar, moverse. Por eso muchos sinólogos prefieren hablar de cinco fases o de cinco agentes. No son los ladrillos de la materia, como el aire o el fuego de los griegos, sino momentos de un proceso que nunca se detiene.
La lista más antigua que se conserva está en el «Gran plan» (Hongfan), un capítulo del Libro de los documentos. Allí cada fase tiene su tendencia: el agua empapa y baja, el fuego arde y sube, la madera se curva y se endereza, el metal cambia de forma al trabajarlo y la tierra recibe la siembra y devuelve la cosecha.
Siglos más tarde, el filósofo Zou Yan (hacia 305-240 antes de nuestra era) las unió al yin y el yang, y bajo la dinastía Han el sistema ya servía para ordenar el calendario, la medicina y la música.
El ciclo que alimenta
El primer ciclo es el de generación, sheng. Cada fase da vida a la siguiente, y la tradición lo cuenta con imágenes del campo y del taller. La madera alimenta el fuego. El fuego deja ceniza, y la ceniza vuelve a la tierra. En la tierra se forman los minerales y los metales. Sobre el metal frío se condensa el agua. Y el agua hace crecer la madera, que cierra el círculo.
Los manuales lo explican como una relación entre madre e hijo: la madera es la madre del fuego, y el fuego, su hijo. La madre fortalece al hijo, pero se gasta al hacerlo, igual que una hoguera grande consume mucha leña. De esa doble cara salen dos maneras de corregir algo que sobra: añadirle un hijo que lo drene o quitarle fuerza a su madre.
El ciclo que frena
El segundo es el de control, ke. Cada fase pone freno a otra, la que queda dos puestos más allá en el círculo. La madera sujeta la tierra con sus raíces. La tierra contiene el agua, como un dique. El agua apaga el fuego. El fuego funde el metal. Y el metal corta la madera, como un hacha.
Frenar no es dañar: sin control, cada fase crecería sin medida. El equilibrio que busca el feng shui necesita los dos ciclos, igual que un río necesita agua y orillas.
Colores, estaciones y puntos cardinales
Cada fase arrastra sus correspondencias, que son las que el feng shui usa al decorar:
- La madera: el verde y el azul verdoso, la primavera y el este. Sus formas son altas y alargadas, como un tronco o una columna. Su planeta es Júpiter, que en chino se llama Muxing, la estrella de la madera.
- El fuego: el rojo, el verano y el sur, con formas puntiagudas o triangulares. Marte es Huoxing, la estrella del fuego.
- La tierra: el amarillo y los ocres, el centro y el final del verano, o los días de paso entre estaciones, según la versión. Le van las formas planas y cuadradas, y el planeta Saturno.
- El metal: el blanco y los tonos metálicos, el otoño y el oeste, con formas redondas. Su planeta es Venus.
- El agua: el negro y el azul oscuro, el invierno y el norte, con formas onduladas o irregulares. Su planeta es Mercurio.
En la astrología china, cada año tiene su elemento, según su última cifra: el 0 y el 1 son de metal; el 2 y el 3, de agua; el 4 y el 5, de madera; el 6 y el 7, de fuego, y el 8 y el 9, de tierra. Eso sí, el año chino empieza entre finales de enero y mediados de febrero, y quien nació en esas semanas debe comprobarlo.
Los elementos dentro de casa
El feng shui los aplica de dos maneras. La primera se basa en las direcciones: cada zona de la casa tiene el elemento de su punto cardinal. Para reforzar una zona, la tradición le añade su propio elemento o el de su madre; para calmarla, el de su hijo. Así, al este, que es madera, le convienen las plantas, y también un toque de agua, que la alimenta.
La segunda sirve para los choques. Cuando dos fases enfrentadas por el ciclo de control comparten espacio, se coloca entre ellas la que las une en el ciclo de generación. El ejemplo clásico es la cocina, donde el fuego de los fogones convive con el agua del fregadero y de la nevera. Muchos manuales piden que no queden frente a frente y, si no hay otra opción, meten madera en medio: una tabla de cortar, una planta, un detalle verde. El agua alimenta la madera y la madera, el fuego.
Cada objeto entra en el juego por su material, su color o su forma: el barro es tierra; el latón, metal; una vela, fuego; una planta, madera, y el cristal y los espejos, en muchos manuales, agua. ¿Y si una habitación tiene demasiado de una sola fase? La tradición la da por desequilibrada, y ahí empieza el trabajo.
Equilibra una habitación en cinco pasos
- Elige una sola estancia. El salón o el despacho, donde pasas más horas despierto.
- Haz inventario. Anota qué abunda en materiales, colores y formas.
- Localiza lo que sobra y lo que falta. Una sala toda blanca y cromada tiene mucho metal; una llena de rojos y de focos, mucho fuego.
- Corrige por el camino suave. Para rebajar un exceso, añade su hijo antes que su freno: al exceso de fuego le sienta mejor una vasija de barro que una fuente. Para reforzar lo que falta, añade su madre.
- Deja pasar una semana. Fíjate en cómo te sientes en esa habitación y cambia lo que no te convenza.
Es decoración con una lógica simbólica, no un remedio para nada. Si te gusta el sistema, mira cómo se usa cada año en las estrellas voladoras y qué colores pide cada rincón del bagua en el feng shui del amor y del poder personal. Tienes más en la sección de feng shui y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.