La resonancia Schumann y el «tiempo que se acorta»: lo que dicen las mediciones

Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026

Desde comienzos de siglo circula por internet un mensaje que mezcla física y espiritualidad: la Tierra vibraría cada vez más deprisa, un día equivaldría ya a unas 16 horas y se acercaría un gran salto de dimensión. Detrás hay un fenómeno real, la resonancia Schumann, y una medición también real, la de la rotación del planeta. Ninguna de las dos dice lo que el mensaje les atribuye.

Una vibración que nace de los rayos

Entre la superficie de la Tierra y la ionosfera, la capa alta de la atmósfera cargada de electricidad, queda una especie de cavidad gigante. Los rayos de las tormentas, que caen sin parar en algún lugar del mundo, lanzan en ella ondas de radio de frecuencia muy baja. Algunas encajan justo con el tamaño del planeta y se refuerzan al darle la vuelta; la más larga mide lo mismo que la circunferencia terrestre. Esa es la resonancia Schumann.

La predijo con cálculos en 1952 el físico alemán Winfried Otto Schumann, que dirigía el Instituto de Electrofísica de la Universidad Técnica de Múnich. Él y su colaborador H. L. König intentaron medirla en los años siguientes, pero hasta 1960 nadie consiguió separarla con claridad del ruido de fondo. Lo lograron los estadounidenses Martin Balser y Charles Wagner, que lo publicaron en la revista Nature.

Su primer pico está en torno a 7,8 hercios, y le siguen otros cerca de 14, 20, 26 y 32. Varían algo con el día y la noche, con la actividad del Sol y con el estado de la ionosfera. Dependen, sobre todo, de dos cosas que no cambian: el radio de la Tierra y la velocidad de la luz.

Por qué no ha subido a 12 hercios

La cifra de los 12 hercios se atribuye al escritor estadounidense de la nueva era Gregg Braden. ¿Y de dónde salen las 16 horas? De una simple regla de tres: 24 horas multiplicadas por 7,8 y divididas entre 12 dan 15,6. La cuenta no tiene base. La resonancia no mide el tiempo ni la velocidad de giro del planeta, como recuerda la NASA, y su valor sigue rondando los 7,8 hercios.

Tampoco se puede saber que «durante siglos» valiera 7,8, porque nadie la midió antes de 1960. Y la idea de que al llegar a 13 hercios la Tierra se pararía y empezaría a girar al revés no tiene ninguna base física: la rotación de un planeta no depende de las ondas de radio que lo rodean. El sitio argentino de verificación Chequeado calificó de falso en enero de 2023 un vídeo que lo afirmaba.

Algo parecido pasa con el campo magnético. Es cierto que pierde fuerza desde que se mide con regularidad, en torno a 1840, y que los polos magnéticos se han invertido muchas veces en la historia del planeta; la última, hace unos 780.000 años. Un estudio publicado en 2018 en la revista PNAS, con participación de la Universidad de Liverpool, concluyó que una inversión no parece próxima. Y nada de esto acorta los días.

Lo que sí le pasa a la rotación

A largo plazo, la Tierra frena. El rozamiento de las mareas que provoca la Luna alarga el día alrededor de 1,7 milésimas de segundo por siglo, según la NASA. Pero a corto plazo hay vaivenes, y entre 2020 y 2022 la Tierra fue algo más deprisa. En 2020 se registraron los 28 días más cortos desde que se mide la rotación con relojes atómicos, en los años sesenta, y el 29 de junio de 2022 la vuelta completa duró 1,59 milésimas de segundo menos que 24 horas, un récord.

Esas diferencias importan a los relojes. Para que la hora oficial no se separe del giro del planeta, desde 1972 se han añadido 27 segundos intercalares, el último el 31 de diciembre de 2016. Aquella aceleración abrió la posibilidad de tener que restar uno por primera vez, algo que pocos sistemas informáticos están preparados para hacer. En 2024, el geofísico Duncan Agnew calculó en Nature que el deshielo de los polos frena un poco la Tierra y retrasa esa necesidad hasta alrededor de 2029. Antes, en noviembre de 2022, la Conferencia General de Pesas y Medidas había acordado dejar de usarlos como tarde en 2035, ampliando el desfase permitido entre la hora oficial y el giro de la Tierra.

Son milésimas de segundo. Un día de 16 horas supondría perder ocho horas, casi veintinueve millones de milésimas, cada jornada.

Por qué cala el mensaje

La sensación de que el tiempo vuela, en cambio, es real. En 2005, un equipo de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich dirigido por el psicólogo Marc Wittmann preguntó a 499 personas de entre 14 y 94 años, y casi todas, de cualquier edad, sentían que el tiempo pasaba deprisa. La impresión de que la última década se había esfumado crecía con la edad hasta los cincuenta años y luego se mantenía. Se suele explicar por la memoria: las semanas sin novedades dejan pocos recuerdos y, vistas desde lejos, parecen más cortas.

Eso sí, el mensaje original va más allá: habla de salvación y de una masa crítica de personas capaz de evitar catástrofes. Como reflexión espiritual sobre el cambio interior, tiene su lugar; presentado como información científica, no se sostiene. Qué es y qué no es la corriente que mezcla espíritu y física se cuenta en la metafísica cuántica.

Comprueba antes de reenviar

  1. Busca la medición. Si un mensaje habla de una frecuencia que sube, pregunta quién la mide, desde dónde y con qué aparato. Una cifra sin estación ni fecha no es un dato.
  2. Desconfía de las cifras redondas que asustan. Un día de 16 horas, un planeta que se detiene a 13 hercios o una fecha fija para el salto de dimensión son señales de bulo, no de ciencia.
  3. Separa la experiencia de la explicación. Que sientas que el año se te va de las manos es una vivencia legítima que puede invitarte a parar y a cuidar tu tiempo, pero no prueba nada sobre la Tierra.

Al fin y al cabo, el mejor antídoto contra el agobio de que el tiempo corre es usarlo con calma, no reenviar alarmas. Cómo se vivió en ciertos grupos la idea de un cambio planetario se cuenta en la nueva metafísica. Tienes más en la sección de metafísica y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

También te puede interesar

Ver toda la biblioteca esotérica