Las invocaciones de poder: qué son y de dónde vienen

Redacción Leotarot.com · Publicado el 6 de octubre de 2026

Las llamadas «invocaciones de poder» son fórmulas de la magia ceremonial, no oraciones de ninguna religión. La más copiada, la conjuración de los cuatro, procede de un libro del francés Éliphas Lévi publicado en 1856. Conocer su historia ayuda a leerlas como lo que son: piezas de una tradición esotérica cargada de símbolos.

De los grimorios a la Golden Dawn

La magia ceremonial europea se apoya en los grimorios, libros manuscritos de finales de la Edad Media y del Renacimiento que circulaban bajo nombres ilustres. La Clavícula de Salomón se atribuía al rey bíblico; el Heptamerón, al médico Pedro de Abano. En ellos, las plegarias conviven con otra cosa: nombres divinos y fórmulas en latín para tratar con espíritus, pronunciados dentro de un círculo y con los instrumentos preparados.

En el siglo XIX, Alphonse Louis Constant, un antiguo seminarista que firmaba como Éliphas Lévi (1810-1875), reunió esa herencia en el Dogma y ritual de la alta magia, publicado en dos volúmenes entre 1854 y 1856. En la parte del ritual incluyó varias conjuraciones. Una se dirige a los espíritus de los cuatro elementos; otra invoca a los ángeles de los siete planetas, y una tercera, atribuida a Salomón, recorre las sefirot y los coros de ángeles. Son los textos que muchas páginas copian, a menudo sin decir de dónde salen.

La orden británica de la Golden Dawn, fundada en Londres en 1888, llevó esa herencia a sus propios rituales, en los que cada punto cardinal queda bajo un arcángel: Rafael al este, Gabriel al oeste, Miguel al sur y Uriel al norte.

Cuatro elementos y cuatro figuras

Muchas de estas fórmulas giran alrededor del número cuatro. Los elementos de la filosofía griega (fuego, aire, agua y tierra) se combinan en ellas con una imagen bíblica: los cuatro seres que ve el profeta Ezequiel, con rostro de hombre, de león, de toro y de águila, y que vuelven a aparecer en el Apocalipsis alrededor del trono de Dios. La tradición cristiana hizo de ellos los símbolos de los evangelistas, el conjunto que el arte llama tetramorfos. El hombre o ángel es Mateo; el león, Marcos; el toro, Lucas, y el águila, Juan.

La astrología los relacionó con los cuatro signos fijos. El toro es Tauro, de tierra, y el león es Leo, de fuego. El águila se asocia con Escorpio, de agua, y el hombre con Acuario, de aire. No todos los autores los reparten igual: el propio Lévi pone el águila con el aire y el hombre con el agua. Para el esoterismo, el conjunto habla del equilibrio entre las fuerzas de la naturaleza y las de cada persona, una idea que desarrolla el dominio de los cuatro elementos.

¿Has visto las cuatro figuras en el tarot? Están en las esquinas de El Mundo, el último arcano mayor, y la baraja Rider-Waite las repite en la Rueda de la Fortuna.

Pedir no es mandar

Lo que separa estas fórmulas de una oración es el tono. Una oración pide, agradece o se pone en manos de Dios. Una conjuración habla en imperativo: usa los nombres divinos como si fueran credenciales y se dirige a los espíritus en tono de mando. En la Iglesia católica, ese tono aparece sobre todo en el exorcismo mayor, un rito reservado a sacerdotes con permiso expreso de su obispo.

Ninguna iglesia usa las fórmulas de Lévi, y el Catecismo de la Iglesia católica (número 2117) rechaza la magia que pretende «domesticar las potencias ocultas». Tampoco son textos judíos, aunque estén llenos de palabras hebreas como Adonai, Shaddai o Elohim. El judaísmo evita pronunciar el nombre divino de cuatro letras, el tetragrámaton, y estas fórmulas lo repiten sin reparo. Son, pues, un producto del esoterismo europeo, que mezcla latín, hebreo y símbolos cristianos.

Por eso no reproducimos aquí ninguna ni explicamos cómo usarlas. Su interés, al fin y al cabo, está en la historia y en los símbolos.

Lo que conviene mirar en un texto ceremonial

  • Busca la fecha y el autor: muchas fórmulas que se presentan como milenarias son del siglo XIX.
  • Fíjate en si el texto pide o manda. La oración pide; la conjuración ordena.
  • Reza con las palabras de tu fe o con las tuyas si lo que buscas es protección o calma. No hace falta latín ni nombres que no entiendes.
  • Desconfía de quien cobre por recitarlas o te asuste con lo que pasaría si no lo haces.

Y si un tema así te quita el sueño, háblalo con alguien de confianza o con un psicólogo. Para rezar, tienes oraciones tradicionales como la oración del perdón al arcángel Rafael, y los coros que citan estas fórmulas se explican en los nueve coros de ángeles. Hay más en la sección de oraciones y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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