Dios y la experiencia de lo sagrado: de Schleiermacher a la palabra agnóstico

Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026

La creencia en algo sagrado aparece en culturas muy distintas, aunque la manera de imaginarlo cambie mucho de una a otra. Muchos creyentes cuentan que su fe no nació de un argumento, sino de una experiencia. Tres pensadores alemanes intentaron describirla con cuidado, y un biólogo inglés inventó una palabra para quien no se atreve a afirmar ni a negar.

Una fe que empieza por dentro

Hay quien llega a Dios por un razonamiento. Muchos más hablan de otra cosa: una presencia sentida en un momento de silencio, ante un paisaje, en el nacimiento de un hijo o junto a la cama de un enfermo. A veces es una conversión; otras, la sensación de que la vida tiene una profundidad que no se ve a simple vista.

Desde finales del siglo XVIII, varios pensadores decidieron tomarse en serio esa experiencia. No querían convertirla en una prueba ni despacharla como un error, sino describir qué se siente y qué lugar ocupa en la vida de una persona.

Schleiermacher: no ser el origen de uno mismo

Friedrich Schleiermacher (1768-1834) se educó en escuelas de los hermanos moravos, una comunidad pietista, y su fe de entonces no bastó para calmar sus dudas de juventud. Acabó siendo predicador y profesor en Berlín. En 1799 publicó unos discursos Sobre la religión dirigidos a quienes la despreciaban desde la cultura, entre ellos sus amigos románticos. Les decía que la religión no es metafísica ni moral, sino sentido y gusto por lo infinito.

Años después, en La fe cristiana (1821-1822, muy retocada en la segunda edición de 1830-1831), afinó la idea. En el fondo de la piedad estaría el sentimiento de dependencia absoluta: la conciencia de no ser el origen de uno mismo ni de nada de lo que uno es. Por esa manera de partir de la experiencia se le llama a menudo el padre de la teología liberal moderna.

Rudolf Otto y lo numinoso

Rudolf Otto (1869-1937), teólogo luterano y profesor en Marburgo, viajó por el norte de África y por Asia. Él mismo atribuyó un papel decisivo a una visita a una sinagoga de Marruecos en 1911. En 1917 publicó Lo santo, con un subtítulo que lo resume: sobre lo irracional en la idea de lo divino y su relación con lo racional.

Para nombrar lo que se siente ante lo sagrado inventó una palabra a partir del latín numen, divinidad: lo numinoso. Lo describió con una fórmula latina, mysterium tremendum et fascinans. Es misterio, porque es completamente otro. Es tremendo, porque sobrecoge y hace sentirse pequeño, lo que él llamó sentimiento de criatura. Y fascina, porque al mismo tiempo atrae con una fuerza difícil de resistir.

Otto discutió a Schleiermacher: la dependencia, decía, se parece demasiado a la que sentimos ante las cosas de este mundo, y lo sagrado es de otro orden. Mircea Eliade, Carl Gustav Jung y C. S. Lewis reconocieron su deuda con él.

Jaspers y las situaciones límite

Karl Jaspers (1883-1969) empezó como psiquiatra en la clínica universitaria de Heidelberg y acabó dedicado a la filosofía. En 1919, en su Psicología de las concepciones del mundo, habló por primera vez de las situaciones límite: aquellas de las que no se puede salir ni se pueden cambiar, como la muerte, el sufrimiento, la lucha o la culpa.

En la vida corriente las esquivamos. Cuando nos alcanzan, chocamos contra un muro. En ese fracaso, decía Jaspers, puede abrirse la conciencia de algo que nos trasciende, distinto de nosotros y a la vez cercano. Él no hablaba de un Dios concreto, sino de la trascendencia.

Agnóstico, una palabra de 1869

La duda también tiene su historia. En 1869, el biólogo inglés Thomas Henry Huxley, gran defensor de Darwin, entró en la Sociedad Metafísica de Londres, un club de debate en el que cada socio se definía como anglicano, católico o positivista. Él no encajaba en ninguna etiqueta, así que inventó una: agnóstico, del griego a-, «sin», y gnosis, «conocimiento». Lo contó veinte años después, en 1889, en un ensayo titulado precisamente Agnosticismo: la había pensado como lo contrario de los gnósticos, que creían saber lo que él ignoraba.

El agnóstico no niega que Dios exista, como el ateo. Dice que no tiene pruebas suficientes para afirmarlo ni para negarlo, y que no debe fingir una certeza que no tiene. Huxley lo entendía como una regla de honestidad intelectual más que como un credo: no afirmar como cierto lo que no se puede justificar.

Lo sagrado en tu propia vida

Las situaciones límite de Jaspers no se buscan: llegan. Si estás atravesando una, una pérdida, una enfermedad o una culpa que no te deja, no tienes que decidir hoy qué crees. Basta con no pasarla a solas. Habla con alguien de confianza o de tu tradición, y si la angustia dura o te quita el sueño, pide ayuda a un psicólogo; la fe y la terapia no se excluyen.

Lo numinoso, en cambio, suele aparecer en momentos pequeños. ¿Cuándo fue la última vez que algo te dejó sin palabras? Puede ayudar apuntarlo, sin juzgarlo ni explicarlo, como hacían los místicos con sus experiencias. Al fin y al cabo, en uno de los primeros capítulos de su libro, Otto pedía al lector que recordara un momento intenso de experiencia religiosa, y a quien no pudiera, que no siguiera leyendo.

Para seguir, lee cómo describen la experiencia mística Teresa de Ávila y Eckhart, qué hacer cuando la fe se tambalea en la crisis de fe y quién cree hoy en la búsqueda de Dios en el siglo XXI. Hay más en la sección de religión y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

También te puede interesar

Ver toda la biblioteca esotérica