Escuela de vida: la crisis de fe, de la noche oscura a los estudios sobre la duda

Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026

Hay épocas en que rezar no consuela, las respuestas de siempre ya no convencen y la fe parece apagada. Las tradiciones religiosas conocen bien ese paso, y la psicología lo ha estudiado: dudar no es raro ni es un fracaso, aunque a veces pesa y conviene no cargarlo a solas.

La vida como escuela

Muchas tradiciones comparan la vida con una escuela en la que cada dificultad sería una lección y cada etapa, un curso. Es una imagen antigua y consoladora. El cristianismo la apoya a menudo en una frase de Pablo: Dios no permite que la prueba supere las fuerzas de cada uno (1 Corintios 10, 13). De ahí sale el dicho popular de que nadie carga con más de lo que puede llevar.

Dentro de su tradición, esa frase es una palabra de ánimo. Usada para despachar el dolor ajeno, en cambio, puede herir: decirle a alguien que sufre que «si te pasa, es porque puedes con ello» le deja solo con su carga. La imagen funciona mejor si se recuerda que en las escuelas también hay maestros y compañeros a quienes pedir ayuda.

La noche oscura y sus señales

En el siglo XVI, san Juan de la Cruz dio nombre a una experiencia que muchos creyentes reconocen: la noche oscura, una etapa de sequedad en la que Dios parece ausente. Llama la atención su prudencia.

En el libro primero de la Noche oscura (capítulo 9) advierte que esa sequedad puede tener otras causas, como la tibieza, una indisposición del cuerpo o la melancolía. Propone tres señales para distinguirlas: no encontrar gusto ni en las cosas de Dios ni en ninguna otra; sentir una preocupación dolorosa por no estar sirviendo a Dios; y no poder ya meditar como antes, por mucho que se intente.

Mucho antes de que existiera la psicología, un místico separaba la crisis espiritual de la tristeza que nace de otras causas. Dicho esto, sus señales eran una guía para quien acompañaba almas, no un diagnóstico.

Las cartas de la madre Teresa

En 2007, al cumplirse diez años de su muerte, se publicaron las cartas que la madre Teresa de Calcuta había escrito durante décadas a sus confesores y superiores. Las reunió el sacerdote Brian Kolodiejchuk en el libro Come Be My Light («Ven, sé mi luz»). Ella había pedido que se destruyeran. La revista Time le dedicó una portada, y muchos descubrieron que la mujer que cuidaba a los moribundos de Calcuta había vivido casi cincuenta años de oscuridad interior.

En una de esas cartas cuenta que mira y no ve, escucha y no oye. Tuvo un respiro en 1958, tras la muerte del papa Pío XII, que le duró unas cinco semanas. Hacia 1961, aconsejada por el jesuita Joseph Neuner, aceptó esa oscuridad como parte de su entrega, y llegó a escribir que había aprendido a amarla. Kolodiejchuk prefirió hablar de una prueba de fe, no de una crisis. La Iglesia católica la proclamó santa el 4 de septiembre de 2016.

Las etapas de la fe de James Fowler

En 1981, el teólogo estadounidense James Fowler publicó Stages of Faith («Etapas de la fe»), basado en más de 350 entrevistas hechas entre 1972 y 1981. Entendía la fe en sentido amplio, como la manera de dar sentido a la vida, y describió una sucesión de etapas. Tras la confianza básica del bebé llegan una fe intuitiva y llena de imágenes, otra que toma los relatos al pie de la letra y otra convencional, que comparte las creencias del grupo. Después vendrían una fe reflexiva y personal, otra que acepta la paradoja y, en muy pocas personas, una fe universal.

El paso de la fe convencional a la reflexiva es el que más se parece a una crisis. La persona empieza a examinar lo que antes daba por hecho y a responder de sus propias creencias, y Fowler lo describía como una etapa de angustia y lucha. Desde ese punto de vista, dudar puede ser una forma de crecer.

El modelo tiene críticos. El propio Fowler hizo poca de la investigación empírica que inspiró, y en 2003 un estudio con evangélicos no encontró relación entre sus etapas y cómo veían esas personas su propio crecimiento.

Lo que miden los estudios sobre la duda

¿Hace daño dudar? La psicología de la religión se lo ha preguntado en serio. En 1999, un estudio con una muestra nacional de presbiterianos de Estados Unidos encontró que la duda iba unida a más malestar psicológico y menos bienestar, y que el efecto era mayor en los jóvenes que en los mayores.

En 2014, la psicóloga Julie Exline y sus colegas publicaron una escala de 26 preguntas sobre las luchas religiosas y espirituales. Distingue seis campos: la relación con Dios, el miedo a lo demoníaco, los conflictos con otras personas por la religión, los dilemas morales, el sentido último y la duda.

Un seguimiento de 639 cristianos mayores de Estados Unidos, publicado en 2023, observó que cuando crecía la duda, crecía también la depresión. El apoyo informal de un pastor suavizaba esa relación, aunque solo en los hombres.

Nada de esto convierte la duda en una enfermedad. Lo que muestran los estudios es que pesa, y que pesa menos cuando se habla con alguien.

Cuatro apoyos cuando la fe se tambalea

  • Ponle nombre a la duda: no es lo mismo dudar de Dios que de una institución, de una enseñanza concreta o de tu propio valor.
  • Busca una conversación de confianza, dentro de tu tradición o fuera de ella, con alguien que sepa escuchar sin sermonear.
  • Mantén un gesto pequeño que te sostenga, como un rato de silencio, un paseo o una lectura breve, sin exigirte sentir nada.
  • Si la tristeza dura semanas, te quita el sueño o las ganas de todo, o te lleva a pensar en hacerte daño, pide ayuda a un psicólogo o a tu médico; si sientes que no puedes más, acude a los servicios de emergencia de tu país.

Para seguir, lee el poder de la fe y lo que cuentan los sociólogos sobre la búsqueda de Dios. Hay más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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