La mística, explicada: de santa Teresa a las escalas de la psicología
Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026
Mística es una palabra que se usa para casi todo, del ambiente de una iglesia a cualquier cosa misteriosa. En sentido estricto nombra una experiencia concreta: la de quien siente un contacto directo con Dios o con el fondo de la realidad, tan intenso que le cambia la vida. Así la contaron quienes la vivieron, y así la ha estudiado la psicología.
Las cuatro notas de William James
Entre 1901 y 1902, el psicólogo y filósofo William James dio en la Universidad de Edimburgo unas conferencias que publicó en 1902 con el título de Las variedades de la experiencia religiosa. No le interesaban las doctrinas ni las iglesias, sino lo que viven las personas. En dos de aquellas lecciones propuso cuatro rasgos para reconocer un estado místico:
- Es inefable: quien lo vive asegura que no se puede contar y que hay que pasar por ello para entenderlo.
- Tiene valor de conocimiento: se vive como una verdad que de pronto se ve con claridad.
- Es pasajero: salvo en casos raros, decía James, dura media hora, una hora o dos como mucho.
- Es pasivo: llega sin que la persona lo controle, aunque se haya preparado para ello.
Para James, los dos primeros bastaban para llamar místico a un estado. Los otros dos solían acompañarlos.
Santa Teresa y el castillo de diamante
El domingo de la Trinidad de 1577, en el convento de San José del Carmen de Toledo, Teresa de Jesús empezó a escribir Las moradas, también llamado Castillo interior. El libro se publicó en 1588, seis años después de su muerte. Propone imaginar el alma como un castillo hecho de un solo diamante o de un cristal muy claro, con muchos aposentos repartidos en siete moradas que llevan hacia el centro, donde habita Dios.
La puerta de entrada, escribe, es la oración. No la entiende como mover los labios, sino como saber con quién se habla y qué se pide. El camino de morada en morada termina en la unión que ella llama matrimonio espiritual.
Su compañero en la reforma del Carmelo, Juan de la Cruz, conoció la otra cara. En diciembre de 1577 los carmelitas contrarios a la reforma lo encerraron en su convento de Toledo, y allí, hasta que escapó en agosto de 1578, compuso las primeras estrofas del Cántico espiritual. De la noche oscura que describió después se habla en el dolor del alma.
Un fraile alemán y una asceta de Basora
¿Qué tienen en común una monja castellana, un fraile alemán y una asceta de Basora? Casi todos los místicos cuentan que el yo se aparta para que aparezca otra cosa.
El dominico Eckhart de Hochheim, el maestro Eckhart (hacia 1260-1328), enseñó en París y predicó en alemán, no solo en latín. Hablaba del nacimiento de Dios en el fondo del alma y de un desapego que consiste en soltar y dejar ser, la Gelassenheit que siglos después retomó el filósofo Martin Heidegger. Su lenguaje atrevido le costó un proceso. Lo abrió en 1326 el arzobispo de Colonia, Eckhart murió antes de la sentencia, y el 27 de marzo de 1329 el papa Juan XXII condenó en la bula In agro dominico 28 proposiciones sacadas de sus obras.
En el islam, la tradición sufí recuerda a Rabia de Basora, muerta hacia el año 801. Se le atribuye la doctrina del amor a Dios por sí mismo, sin miedo al infierno ni deseo del paraíso, y una leyenda la retrata por las calles con una antorcha y un cubo de agua: la antorcha, para quemar el paraíso; el agua, para apagar el infierno. Los sufíes llaman fana a esa desaparición del yo ante Dios, que algunos explican como morir antes de morir. Del amor místico de Rumi y su flauta de caña habla el nuevo tiempo del amor.
Lo que ha medido la psicología
En 1960, el filósofo Walter Stace propuso que, por debajo de las diferencias religiosas, las experiencias místicas comparten un núcleo común. Distinguió dos tipos. En la introvertida desaparecen el tiempo, el espacio y los contenidos de la mente, y solo queda una unidad sin forma. En la extravertida, esa unidad se percibe en las cosas del mundo.
En 1975, el psicólogo Ralph Hood convirtió esas ideas en un cuestionario de 32 frases, la escala de misticismo, que sigue siendo la más usada. En 2001, Hood y sus colegas la aplicaron a 1.379 estadounidenses, en su mayoría cristianos, y en otro estudio a 188 estadounidenses y 185 musulmanes iraníes. En los dos países aparecieron las mismas tres dimensiones: la introvertida, la extravertida y la interpretación religiosa de lo vivido.
Dicho esto, la escala mide cómo describe la gente lo que vivió, no si Dios existe ni qué causó la experiencia. Y tiene críticos: el psicólogo de la religión Jacob van Belzen señaló que un instrumento construido a partir de Stace difícilmente puede servir para confirmar a Stace.
Leer a los místicos sin prisa
Para muchos místicos, lo extraordinario no era lo importante. Teresa pone la puerta del castillo en la oración y la meta en la unión; James observó que, aunque la experiencia dure poco, cambia la vida de quien la tiene entre una vez y la siguiente. Si te atrae este mundo, la mejor entrada son sus textos, leídos despacio y a trozos: unas páginas de Las moradas o unas estrofas del Cántico espiritual dan para una semana, sobre todo si después te quedas unos minutos en silencio.
Una experiencia intensa no es por sí sola una señal de avance ni una enfermedad. Eso sí, si te deja durante días con angustia, sin dormir o con la sensación de no distinguir lo real, habla con un médico o con un psicólogo. Y si lo que te pesa es una tristeza que dura semanas, la mística puede acompañar, pero no sustituye al tratamiento.
Para entender cómo se estudian estos estados, lee qué son los estados alterados de conciencia. Hay más en la sección de sociedad y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.