El misterio del avión que no aparece: por qué algunos se pierden y cómo se buscan hoy

Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026

En octubre de 1981, según un relato publicado años después, una avioneta salió de la capital de Guatemala hacia el nororiente del país, cruzó la sierra de las Minas y no volvió. No hemos encontrado registros oficiales que permitan comprobar el caso, y por respeto a quienes lo vivieron no repetimos nombres ni conjeturas. La pregunta que deja sí tiene respuesta: por qué algunos aviones no se encuentran nunca y qué ha cambiado desde entonces para buscarlos.

La sierra de las Minas

La sierra de las Minas recorre el nororiente de Guatemala de oeste a este a lo largo de unos 130 kilómetros, entre el valle del río Motagua, al sur, y el del Polochic, al norte, y por el este llega al lago de Izabal. Su cumbre más alta, el cerro Raxón, pasa de los 3.000 metros. Buena parte de la cordillera es reserva de la biosfera desde 1990, reconocida por la Unesco en 1992, y guarda el bosque nuboso más extenso de Centroamérica.

La verdad es que ese último dato lo explica casi todo. Un bosque nuboso vive envuelto en nubes gran parte del año. Para quien vuela, son cumbres que aparecen y desaparecen entre la niebla; para quien busca desde el aire, un techo de árboles que se cierra sobre lo que cae debajo.

Por qué un avión desaparece sin dejar rastro

¿Cómo se pierde un avión entero? Sin necesidad de ningún misterio. Basta una suma de cosas corrientes. Una ruta que nadie conoce con exactitud obliga a buscar en una franja enorme. Un choque contra una ladera arbolada puede quedar oculto bajo las copas, y uno en el mar, en el fondo. En la alta montaña, la nieve y el hielo pueden tapar los restos durante décadas.

El caso más conocido de esto último ocurrió en los Andes. El 2 de agosto de 1947, el Star Dust, un avión británico de pasajeros con once personas a bordo, desapareció entre Buenos Aires y Santiago de Chile. Ninguna búsqueda dio con él. En 1998, dos montañeros argentinos encontraron un motor y restos metálicos en un glaciar del volcán Tupungato, a unos 4.600 metros. La explicación más aceptada es que la tripulación, entre nubes y con vientos de cara muy fuertes en altura, creyó haber cruzado ya la cordillera y empezó a bajar demasiado pronto. El choque provocó un alud que sepultó el avión, y el glaciar fue devolviendo los restos medio siglo después.

En el mar, los plazos son otros. El vuelo 447 de Air France cayó al Atlántico el 1 de junio de 2009 con 228 personas a bordo. Los primeros restos flotantes aparecieron al día siguiente, pero el grueso del avión no se localizó hasta abril de 2011, a casi 4.000 metros de profundidad y tras varias campañas; las balizas submarinas de sus registradores estaban pensadas para emitir unos treinta días. Del vuelo 370 de Malaysia Airlines, perdido en marzo de 2014 con 239 personas, el mar ha devuelto algunas piezas, la primera en la isla de la Reunión en 2015, pero el avión sigue sin aparecer y el informe oficial de 2018 no pudo determinar la causa.

La baliza que pide ayuda sola

La respuesta técnica es la baliza de emergencia: un pequeño transmisor que se activa con el golpe y lanza una señal de socorro. Estados Unidos publicó en 1971 la norma que obligaba a instalarla en muchos aviones civiles. En octubre de 1972, una avioneta con cuatro personas a bordo, dos de ellas congresistas, desapareció en Alaska entre Anchorage y Juneau. La buscaron durante 39 días y nunca apareció.

Aquellas balizas emitían en 121,5 megahercios y solo las oía quien pasara cerca. El gran salto llegó del espacio. En 1979, Canadá, Francia, Estados Unidos y la Unión Soviética firmaron el acuerdo del que nació Cospas-Sarsat, una red de satélites que escucha las llamadas de socorro. El primero se lanzó el 29 de junio de 1982, y el 9 de septiembre, cuando aún estaba en pruebas, captó la baliza de una avioneta accidentada en la Columbia Británica, en Canadá, a 90 kilómetros de su ruta. Sus ocupantes fueron rescatados en pocas horas. Hasta finales de 2023, el sistema había ayudado a salvar a más de 63.000 personas.

Las balizas antiguas daban muchas falsas alarmas y posiciones poco precisas, así que desde el 1 de febrero de 2009 los satélites solo atienden las de 406 megahercios. Estas envían un mensaje digital que identifica cada baliza y, por tanto, el avión registrado, y muchas llevan un receptor de navegación por satélite que añade su posición.

Eso sí, la baliza no lo resuelve todo. Los repasos de informes de accidentes muestran que muchas no llegan a activarse, porque el golpe las daña o arranca su antena, y bajo el agua su señal de radio no sale. Por eso los registradores de vuelo llevan, aparte, emisores de sonido para el fondo del mar.

Lo que queda cuando no hay respuesta

Para las familias, un avión que no aparece es una pérdida sin cierre. La terapeuta familiar Pauline Boss empezó a estudiarlo en los años setenta con las familias de pilotos desaparecidos en la guerra de Vietnam, y lo llamó pérdida ambigua: no hay certeza de lo que pasó ni un lugar donde despedirse, y la esperanza y el duelo conviven durante años. En ese hueco crecen los rumores, también los de fuerzas extrañas o visitas de otros mundos, que nunca han tenido una prueba detrás. Lo que sí ayuda es hablarlo y, si el peso no se va, pedir apoyo a un psicólogo.

Qué ayuda hoy a encontrar una avioneta

  • Un plan de vuelo presentado y una ruta conocida, porque reducen la zona de búsqueda de una región entera a una franja estrecha.
  • Una baliza de 406 megahercios registrada, bien instalada y revisada, y si se vuela sobre zonas aisladas, una baliza personal que lleve encima el piloto.
  • Alguien en tierra que conozca la hora prevista de llegada y avise en cuanto pase, para que la búsqueda empiece cuanto antes.

Otras desapariciones célebres, y lo que concluyeron sus investigaciones, se cuentan en cinco desapariciones del triángulo de las Bermudas y en las explicaciones que se han propuesto. Si echas de menos a alguien que no volvió, lee la pérdida de un ser amado. Tienes más en la sección de sociedad y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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