Fin de año: cómo hacer balance sin que la memoria te engañe
Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026
Diciembre invita a mirar atrás y preguntarse qué tal ha ido el año. Pero la memoria no es un archivo fiel: guarda unos momentos, olvida otros y conviene saberlo antes de sacar conclusiones sobre doce meses de vida.
La memoria guarda picos y finales
El psicólogo Daniel Kahneman (1934-2024), premio Nobel de Economía en 2002, dedicó buena parte de su carrera a una pregunta: cómo recordamos lo que vivimos. En 1993 publicó con varios colegas un experimento con agua fría. Los voluntarios metían una mano durante 60 segundos en agua a 14 grados, una temperatura que duele. En otra prueba, con la otra mano, aguantaban esos mismos 60 segundos y 30 más mientras el agua se templaba un poco, hasta unos 15 grados. Cuando les preguntaron cuál repetirían, la mayoría eligió la larga: más rato de frío, pero con un final más suave.
Con el médico Donald Redelmeier estudió después a pacientes que se sometían despiertos a una colonoscopia o a un tratamiento para romper cálculos renales. Mientras duraba la prueba, puntuaban su dolor cada minuto. Al recordarla, lo que pesaba era el peor momento y los últimos minutos. La duración, que iba de unos minutos a más de una hora, apenas contaba. Kahneman lo llamó la regla del pico y el final.
En 2003, un ensayo con 682 pacientes lo llevó a la práctica. A la mitad, elegida al azar, les alargaron la colonoscopia con un rato final más llevadero. Recordaron la prueba como menos desagradable.
Lo que eso cambia en tu balance
Un año dura mucho más que una prueba médica, pero la memoria funciona de un modo parecido. Un diciembre difícil puede teñir de gris un año que tuvo meses buenos, y un último mes feliz puede tapar lo que no fue bien. El peor momento, una pérdida o un susto, ocupa en el recuerdo más sitio que muchas semanas tranquilas.
¿Qué recuerdas primero de tu año? Probablemente un pico y un final. Kahneman distinguía entre el yo que vive las experiencias y el yo que las recuerda, y el que hace balance en Nochevieja es el segundo. No hace falta desconfiar de él, pero sí darle más datos: el calendario, las fotos, los mensajes.
Talentos con muchos nombres
Hacer balance también es mirar qué se te ha dado bien. En 1983, el psicólogo Howard Gardner, de la Universidad de Harvard, publicó Frames of Mind, traducido al español como Estructuras de la mente. Propuso que no hay una sola inteligencia sino varias: lingüística, lógico-matemática, espacial, musical, corporal y cinestésica, interpersonal e intrapersonal. Más tarde añadió una octava, la naturalista.
La idea tuvo un éxito enorme en las escuelas, porque pone nombre a talentos que las notas no recogen. Quien arregla cualquier cosa con las manos. Quien entiende a la gente sin que le expliquen nada. Quien reconoce una melodía al primer compás.
Lo que le critican los psicólogos
Entre los especialistas en inteligencia, la teoría tiene muchos críticos. La psicóloga Lynn Waterhouse concluyó en 2006, en una revisión publicada en Educational Psychologist, que carecía de apoyo empírico suficiente. Ese mismo año, Beth Visser y sus colegas midieron las ocho inteligencias en 200 personas. Todas las pruebas de tipo cognitivo iban ligadas a una misma capacidad general, mientras que las musicales, las corporales y una de las intrapersonales quedaban aparte, más cerca de lo que solemos llamar destrezas. Gardner respondió a las dos críticas.
El propio Gardner ha advertido contra un uso muy extendido: confundir sus inteligencias con estilos de aprendizaje. En 2013 escribió que estaba cansado de que le atribuyeran esa idea. Como vocabulario para fijarse en lo que haces bien, sirve; como etiqueta para encasillar a nadie, no.
Revisa el año con papel y lápiz
Busca una tarde tranquila y recorre el año mes a mes con la agenda o con las fotos del móvil. Apunta una línea por mes con lo más importante que pasó. Después marca el mejor momento, el peor y cómo terminó, y comprueba si esos tres resumen de verdad los doce meses o si hay rachas buenas que la memoria había dejado fuera.
En una segunda hoja, escribe qué se te ha dado bien en el año que termina. Usa las palabras de Gardner si te ayudan: con las manos, con las palabras, con los números, con la gente o contigo. Pues bien, cuida también el final, porque de él depende buena parte del recuerdo: una llamada pendiente, una visita o una cena tranquila pueden cerrar el año de otra manera.
Si al mirar atrás pesa una pérdida o una tristeza que no se va, no hagas el balance a solas: habla con alguien de confianza o con un psicólogo.
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Texto de la Redacción de Leotarot.com.