Experiencias cercanas a la muerte en el hospital: el estudio neerlandés de 2001 y sus contemporáneos

Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026

El 15 de diciembre de 2001, la revista médica The Lancet publicó el estudio que llevó las experiencias cercanas a la muerte a las unidades coronarias, con pacientes reanimados tras una parada cardiaca. Sus cifras principales están en las pruebas de la reencarnación. Aquí se cuenta cómo se hizo, qué pesó, el caso más comentado y los estudios que se hicieron a la vez en otros hospitales.

Diez hospitales y una regla estricta

Lo dirigió el cardiólogo Pim van Lommel, del hospital Rijnstate de Arnhem. Entre 1988 y 1992 participaron diez hospitales de los Países Bajos, cada uno durante un periodo de entre cuatro meses y casi cuatro años. La regla era incluir a todos los pacientes reanimados con éxito en la unidad coronaria, sin elegir, y el hospital que no podía cumplirla salía del estudio. Eso lo separaba de los trabajos anteriores, que reunían relatos años después entre quienes querían contarlos, como se explica en la historia de los primeros investigadores.

La muerte clínica se comprobó sobre todo con el electrocardiograma. La mayoría de los pacientes, de entre 26 y 92 años, fueron entrevistados en los cinco primeros días con unas preguntas breves y siempre iguales: si recordaban algo del tiempo inconsciente y qué. Cada relato se puntuó con el índice que había creado el psicólogo Kenneth Ring.

Contadas por reanimaciones, y no por pacientes, las cifras bajan. Hubo 509, y alrededor del 12 % dejó un recuerdo de este tipo. Ningún relato fue angustioso.

Lo que pesó y lo que no

No marcaban diferencia la duración de la parada, el tiempo inconsciente, la intubación ni los fármacos. Tampoco el miedo antes de la parada, la religión, los estudios o haber oído hablar de estas experiencias.

Sí pesaban otras cosas. Los menores de 60 años las contaban más a menudo, igual que quienes ya habían tenido una, quienes necesitaron más de una reanimación durante el ingreso o quienes sufrieron la parada en su primer infarto. Las mujeres contaban experiencias más profundas. Y quienes perdieron memoria tras una reanimación larga recordaban muchas menos. De ahí sacaron los autores su argumento principal: si todo se debiera a la falta de oxígeno en el cerebro, la mayoría de los reanimados debería contar algo, y no era así.

Hubo un dato que nadie esperaba. Durante el ingreso o poco después murió el 21 % de quienes habían tenido la experiencia, frente al 9 % de los demás. Una revisión publicada en 2024 advierte que esa comparación no se corrigió por el estado clínico de cada paciente.

La dentadura en el carro de paradas

El caso más citado no formaba parte de los resultados. Lo contó un enfermero durante la fase piloto, y el artículo lo recogió como ejemplo.

Una noche llegó en ambulancia a la unidad coronaria un hombre de 44 años, inconsciente y amoratado, al que unos transeúntes habían encontrado en un prado. Mientras lo reanimaban, el enfermero le quitó la dentadura superior para intubarlo y la dejó en el carro de paradas. Más de una semana después, ya en planta, el hombre lo reconoció y le dijo que su dentadura estaba en el cajón de aquel carro. Describió la sala y contó que lo había visto todo desde arriba.

Dos detalles de muchas versiones no se sostienen. El hombre no se desplomó en un autobús. Y el artículo no recoge ningún electroencefalograma: la actividad del cerebro no figura entre lo que se registró de los pacientes. La idea de un trazado plano salía de otros trabajos, según los cuales se aplana unos diez segundos después de pararse el corazón.

En 2008, Rudolf Smit, de la sección neerlandesa de la asociación internacional que estudia estas experiencias, defendió que el caso quedaba corroborado. En 2010, el anestesista Gerald Woerlee respondió que el hombre pudo conservar algo de conciencia y componer la escena con lo que oía y sentía. Eso sí, todo descansa en el relato de un solo testigo.

Una crítica en el mismo número

La revista acompañó el estudio con un comentario del psicólogo Christopher French, de Goldsmiths, en Londres. No hay manera de saber, señalaba, si la vivencia ocurre durante la parada o al entrar y salir de ella, cuando el cerebro funciona a medias. Y algunos pacientes que no recordaban nada en la primera entrevista contaron una experiencia dos años después, lo que hace pensar en recuerdos reconstruidos.

Southampton, Virginia y Estados Unidos

French lo presentaba como el segundo estudio de este tipo. El primero había salido diez meses antes en la revista Resuscitation: en el Hospital General de Southampton, en Inglaterra, Sam Parnia y Peter Fenwick entrevistaron durante un año a 63 supervivientes de una parada. Siete recordaban algo y cuatro cumplían los criterios de la escala de Greyson. En ese grupo, el oxígeno en sangre durante la parada era más alto, no más bajo, aunque con tan pocos casos no se podía concluir nada. Las figuras que colocaron cerca del techo, visibles solo desde arriba, no dieron ningún resultado.

En la Universidad de Virginia, el psiquiatra Bruce Greyson estudió durante treinta meses a los 1.595 pacientes que ingresaron en cardiología, y lo publicó en 2003. Contó una experiencia de este tipo el 10 % de quienes habían sufrido una parada y el 1 % de los demás. Eran más jóvenes y habían perdido el conocimiento más a menudo, pero no estaban más graves ni más cerca de morir según los datos médicos.

El tercero salió en 2002. En Estados Unidos, Janet Schwaninger y tres colegas entrevistaron a 30 pacientes reanimados en el hospital, y siete superaron el umbral de la escala.

Qué preguntar cuando alguien cita este estudio

Se lee a menudo que The Lancet demostró que la conciencia sobrevive al cerebro. El artículo no dice eso. Midió cuántos pacientes recordaban algo y qué factores pesaban, y en la discusión sus autores pidieron revisar la idea, nunca demostrada según ellos, de que la conciencia está localizada en el cerebro. Es una propuesta, no un resultado.

¿Qué conviene mirar, entonces? Si se incluyó a todos los pacientes, cuánto tardó la entrevista, qué se midió y qué se dedujo, y si un caso llamativo lo cuentan varias fuentes o una sola. El estudio de 2001 sale bien parado en lo que midió y queda abierto en lo que interpretó.

Lo que cambia en quienes vuelven y lo que proponen las explicaciones del cerebro está en la tercera parte de esta serie. Tienes más en la sección de sociedad y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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