Después de una experiencia cercana a la muerte: lo que cambia y lo que explica el cerebro

Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026

Quien vuelve de una parada cardiaca o de un accidente grave con el recuerdo de una luz, de un túnel o de un repaso de su vida no suele ser el mismo después. Desde hace medio siglo, los investigadores estudian esos cambios y, a la vez, buscan en el cerebro el origen de la vivencia. Este es el estado de las dos preguntas, sin dar ninguna por cerrada.

Menos miedo a morir

Uno de los primeros estudios de seguimiento se publicó en 1980. El psiquiatra Russell Noyes, de la Universidad de Iowa, describió en la revista Psychiatry los cambios de actitud de quienes habían tenido una de estas experiencias: decían temer menos a la muerte, creían con más fuerza en una vida posterior y tenían una sensación de cierta invulnerabilidad. En 1984, el psicólogo Kenneth Ring dedicó un libro entero, Heading Toward Omega, a esas transformaciones. Más aprecio por la vida diaria, menos interés por lo material.

El estudio neerlandés que publicó The Lancet en 2001, que se cuenta en la primera parte de esta serie, añadió algo que faltaba: un grupo de comparación. Volvió a entrevistar a los pacientes a los dos y a los ocho años, y vio que quienes habían tenido la experiencia cambiaban de otra manera que quienes habían sobrevivido a la parada sin ella, y que ese cambio tardaba años en asentarse.

Casi todo lo que se sabe de estos cambios sale de lo que cuentan sus protagonistas, que no solo tuvieron la experiencia, sino que estuvieron a punto de morir.

Cuando la experiencia da miedo

No todas son luminosas. En 1992, Bruce Greyson y Nancy Evans Bush describieron en Psychiatry cincuenta experiencias angustiosas y las agruparon en tres clases:

  • las que tienen los rasgos de siempre, como la luz o la salida del cuerpo, pero se viven con espanto, a menudo por la sensación de perder el control;
  • las del vacío, una inmensidad oscura y sin nadie, a veces con la impresión de dejar de existir;
  • las de imágenes infernales, que son las menos frecuentes.

En 2009, Bush revisó veintiún estudios publicados entre 1975 y 2005 y calculó que en torno al 17 % de estas experiencias eran angustiosas. Quienes las viven suelen tardar en contarlas, y algunos arrastran durante años un miedo a la muerte que no se apaga. Su adaptación se ha comparado con un choque cultural, y muchas reacciones se parecen a las que siguen a un trauma.

Lo que propone el cerebro

Estas explicaciones no niegan la vivencia: buscan de dónde sale.

Falta de oxígeno y exceso de dióxido de carbono

En las centrifugadoras de la Fuerza Aérea estadounidense, el médico de vuelo James Whinnery observó en dieciséis años casi mil desmayos de pilotos sometidos a aceleraciones extremas. Primero se pierde la visión periférica, como si se mirara por un tubo, y luego llega una inconsciencia de unos segundos, a veces con breves imágenes de sueño. En Eslovenia, un estudio de 2010 con 52 pacientes reanimados tras una parada cardiaca fuera del hospital encontró que los once que contaron una experiencia tenían más dióxido de carbono en la sangre. Los críticos responden que las alucinaciones por falta de oxígeno suelen venir con angustia y agitación, al revés que la mayoría de estos relatos.

El sueño que se cuela en la vigilia

En 2006, el neurólogo Kevin Nelson, de la Universidad de Kentucky, comparó a 55 personas con una de estas experiencias y a otras 55 de su misma edad y sexo. El 60 % de las primeras había sufrido alguna vez intrusiones del sueño REM, la fase de los sueños vívidos, como la parálisis del sueño o las visiones al dormirse, frente al 24 % de las segundas. Su grupo de comparación recibió críticas, y en 2019 un equipo de Copenhague repitió la pregunta con 1.034 personas de 35 países: una de cada diez contó una experiencia de este tipo, y entre ellas la intrusión del sueño REM era mucho más común (47 % frente al 14 %).

La ketamina

En 1997, el psiquiatra Karl Jansen, del hospital Maudsley de Londres, señaló que este anestésico produce vivencias muy parecidas y propuso que el cerebro en crisis podría liberar sustancias de efecto similar. En 2019, un estudio comparó unos 15.000 relatos de experiencias con 165 sustancias y 625 relatos de experiencias cercanas a la muerte: la ketamina fue la que más se les parecía. Es un fármaco de uso médico con riesgos serios fuera del quirófano, y nada de esto invita a probarlo.

Un último destello

En 2013, el equipo de Jimo Borjigin, de la Universidad de Míchigan, registró en ratas, durante los treinta segundos siguientes a una parada cardiaca, una oleada de ondas gamma más intensa que en la vigilia. En 2023 publicó datos de cuatro pacientes en coma a los que se retiró la respiración asistida: en dos de ellos apareció una oleada parecida en la zona donde se unen los lóbulos temporal, parietal y occipital. Son muy pocos casos, y ninguno de esos pacientes pudo contar qué sintió.

Un debate sin cerrar

La verdad es que cada explicación cubre una parte. La falta de oxígeno podría dar cuenta del túnel; la intrusión del sueño REM, de la parálisis y de las imágenes de ensueño; la ketamina, de la sensación de estar fuera de uno mismo; las ondas gamma, de la lucidez. Ninguna explica todo el conjunto ni por qué solo una minoría de los reanimados recuerda algo.

¿Prueba eso que la conciencia puede separarse del cerebro? Tampoco: ningún estudio ha demostrado que alguien perciba algo desde fuera de su cuerpo, y unos investigadores ven en estas vivencias un producto del cerebro en crisis mientras otros creen que apuntan a algo más. Qué entiende hoy la medicina por estar muerto se cuenta en la página sobre la muerte encefálica y los trasplantes.

Tras una experiencia así

  • Cuéntalo a alguien que sepa escuchar sin juzgarte ni interpretarlo por ti; mucha gente lo calla durante años por miedo a que no la crean.
  • Pide ayuda a un psicólogo si te ha quedado angustia, pesadillas o un miedo que no se va, sobre todo tras una experiencia angustiosa: son reacciones conocidas y tienen tratamiento.
  • Mantén las revisiones que te indiquen tras la parada o el accidente, porque la experiencia no dice nada de tu salud ni sustituye ese seguimiento.

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Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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