El significado esotérico de las formas: del círculo y el cuadrado a los mandalas
Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026
Un círculo, un cuadrado y un triángulo son las primeras figuras que aprende a dibujar un niño, y también de las más cargadas de sentido en muchas tradiciones. Filósofos griegos, constructores de templos y psicólogos del siglo XX les han dado significados que siguen vivos en el esoterismo. Este es un recorrido por esas lecturas, contadas como lo que son: símbolos y tradición.
Círculo, cuadrado y triángulo
El círculo no tiene principio ni fin. Por eso tantas culturas lo han usado para hablar de lo eterno, de lo completo y del cielo. El cuadrado, con sus cuatro lados, evoca los cuatro puntos cardinales, las estaciones y la estabilidad de lo que está asentado: la tierra.
China lo dijo con una fórmula antigua, «el cielo es redondo y la tierra es cuadrada». En Pekín se puede ver en piedra. El Altar Circular del Templo del Cielo, al sur de la ciudad, es una plataforma redonda de tres pisos; el Altar de la Tierra, al norte, es cuadrado. En ellos, los emperadores ofrecían sacrificios al cielo y a la tierra.
El triángulo es la figura del tres. En el arte cristiano sirve para representar la Trinidad, a veces con un ojo en el centro. Los alquimistas lo usaron para los elementos: hacia arriba, el fuego; hacia abajo, el agua; con una raya horizontal, el aire (hacia arriba) y la tierra (hacia abajo).
Los cinco sólidos del Timeo
Hacia el 360 antes de nuestra era, Platón escribió el Timeo, un diálogo sobre el origen del cosmos. En él, el personaje que da nombre a la obra explica que los cuatro elementos están hechos de partículas con forma de cuerpos regulares. El fuego, el más agudo y móvil, es el tetraedro, una pirámide de cuatro caras. La tierra, la más estable, es el cubo. El aire es el octaedro, y el agua, el icosaedro, de veinte caras.
Queda un quinto cuerpo, el dodecaedro, de doce caras pentagonales. Platón solo dice, de forma enigmática, que el dios lo usó para el conjunto del cielo. Por eso se llaman sólidos platónicos a los cinco poliedros regulares convexos. Euclides demostró en el libro XIII de sus Elementos que no puede haber más.
La idea siguió inspirando siglos después. En 1596, Johannes Kepler publicó un modelo del sistema solar con los cinco sólidos encajados entre las órbitas de los planetas. El modelo resultó equivocado, pero tratando de ajustarlo llegó a sus leyes del movimiento planetario.
La tetractys pitagórica
Para los pitagóricos, los números eran la trama del mundo, y su figura más venerada fue la tetractys: diez puntos dispuestos en un triángulo de cuatro filas, con uno, dos, tres y cuatro puntos. Su suma da diez, el número perfecto de la escuela.
Cada fila se leía de varias maneras. Del punto se pasa a la línea, de la línea a la superficie y de la superficie al volumen. Las proporciones entre filas, de dos a uno, de tres a dos y de cuatro a tres, son las de la octava, la quinta y la cuarta, los intervalos de la música griega. Según las fuentes antiguas, los pitagóricos juraban por ella.
Siglos más tarde, el esoterismo cristiano la cruzó con la cábala: en la obra del místico alemán Jakob Böhme aparece una tetractys formada con las letras hebreas del nombre de Dios.
La vesica piscis y los mandalas
Cuando dos círculos iguales se cortan de modo que el centro de cada uno queda sobre el borde del otro, la zona común tiene forma de almendra. Es la vesica piscis, «vejiga de pez» en latín, que en italiano se llama mandorla. Euclides la usa en la primera proposición de los Elementos para trazar un triángulo equilátero, y su alto y su ancho guardan la proporción de la raíz cuadrada de tres. En el arte cristiano, una mandorla vertical rodea a Cristo o a la Virgen en gloria, y la lectura esotérica ve en ella el encuentro de dos mundos.
Mandala significa «círculo» en sánscrito. En el hinduismo y el budismo es un diagrama del cosmos, ordenado alrededor de un centro donde suele estar una divinidad. Los monjes tibetanos los dibujan con arena de colores, grano a grano, durante días o semanas, y luego los barren como recordatorio de que todo pasa.
Carl Gustav Jung pintó su primer mandala en 1916 sin saber muy bien qué hacía. En 1918 y 1919, en Château-d'Oex, en Suiza, dibujaba cada mañana un pequeño círculo en un cuaderno, y llegó a la conclusión de que esas figuras reflejaban su estado interior. Para él, el mandala expresaba el sí mismo, la totalidad de la persona. En 1929 encontró una confirmación en el texto chino El secreto de la flor de oro, que comentó junto al sinólogo Richard Wilhelm.
Geometría de andar por casa
Las formas simbólicas no están solo en los libros. Están en los rosetones de las catedrales, en las monedas, en el plano de muchas iglesias y en los logotipos que ves cada día. Prueba a fijarte una semana: qué es redondo, qué es cuadrado, dónde hay un triángulo. ¿Qué te sugiere cada una antes de saber lo que dice la tradición?
Si te apetece, dibuja un mandala sencillo. Traza un círculo, inscribe dentro un cuadrado y marca el centro con un punto; luego rellénalo despacio, con los colores que te pidan. Muchas personas lo usan como ejercicio de atención y de calma, igual que Jung lo usaba para observarse. No sustituye a ninguna terapia, eso sí: si lo que te inquieta pesa demasiado, habla con un psicólogo.
La relación entre el mandala y la casa en la tradición india está en el vastu shastra; la de los nombres sagrados y la geometría, en el tetragrámaton, y la psicología de Jung aplicada a la carta natal, en psicología y astrología. Hay más en la sección de sociedad y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.