Venus y la Luna en la pareja (II): la Luna en el matrimonio, de Ptolomeo a Jung
Redacción Leotarot.com · Publicado el 8 de octubre de 2026
En la astrología del amor, la Luna nunca ha sido un astro secundario. Ptolomeo la puso en el centro de su capítulo sobre el matrimonio, y dieciocho siglos después Carl Gustav Jung la buscó en las cartas de cientos de parejas casadas. Esta segunda parte cuenta esas dos lecturas y lo que se puede aprovechar de ellas.
Los luminares en el Tetrabiblos
En el siglo II, en Alejandría, Claudio Ptolomeo escribió el Tetrabiblos, el tratado que fijó buena parte de la astrología occidental. Al Sol y a la Luna los llamaba luminares, las dos grandes luces del cielo, y les dio el papel principal en el capítulo 5 del libro IV, dedicado al matrimonio.
Su reparto era el de su época. Para saber cómo le iría en el matrimonio a un hombre, miraba la Luna de su carta; para una mujer, el Sol. El esquema daba por hecho un mundo de bodas entre hombre y mujer y de papeles muy rígidos.
Hoy muchos astrólogos leen los dos luminares en cualquier carta, sea quien sea la persona y sea cual sea su pareja. La Luna, en esa lectura moderna, habla de lo que cada uno necesita para sentirse en casa, como se cuenta en lo que te atrae y lo que te alimenta.
Lo que Ptolomeo leía en la Luna
Las reglas del capítulo son muy concretas. Si la Luna estaba en los cuadrantes orientales de la carta, el hombre se casaría joven o con una mujer más joven; si estaba en los occidentales, tarde o con alguien mayor. En un signo sencillo, o dirigiéndose a un solo planeta, anunciaba un único matrimonio. En un signo doble, o rodeada de varios planetas, más de uno.
Los planetas que tocaban a la Luna describían a la futura esposa. Con Saturno la imaginaba seria y trabajadora; con Júpiter, digna y buena administradora; con Venus, alegre y hermosa; con Mercurio, inteligente y despierta; con Marte, atrevida y rebelde. Son retratos de la Alejandría del siglo II, y conviene leerlos como tales.
A Venus le reservaba otro papel. Con ella, junto a Marte y Saturno, juzgaba las uniones que nacían por otros caminos: Venus con Saturno daba, según él, uniones agradables y firmes, y Venus con Marte, inclinaciones solo amorosas.
La armonía entre dos cartas
La parte que más ha influido en la astrología de pareja es otra. Ptolomeo comparaba las cartas de los dos esposos y miraba cómo se relacionaban sus luminares. Si estaban en trígono o en sextil, los aspectos que él consideraba armónicos, y sobre todo si había intercambio, auguraba matrimonios duraderos, más aún cuando la Luna del marido miraba al Sol de la esposa. Si estaban en oposición, en cuadratura o en signos sin relación entre sí, preveía separaciones por motivos pequeños.
La idea de que el Sol de uno y la Luna del otro se entiendan sigue viva en la sinastría, la comparación de dos cartas natales. Dicho esto, muchos astrólogos actuales leen una cuadratura como una diferencia de ritmos que la pareja puede conocer y trabajar, no como una condena.
El experimento de Jung con 483 matrimonios
En 1952, Jung publicó con el físico Wolfgang Pauli el libro Naturerklärung und Psyche («La interpretación de la naturaleza y la psique»). Su ensayo sobre la sincronicidad incluía un experimento astrológico. Comparó las cartas natales de 483 parejas casadas, reunidas en tres grupos, para ver si se repetían más de lo esperado tres contactos que la tradición asocia al matrimonio: el Sol de uno junto a la Luna del otro, las dos Lunas juntas y la Luna de uno junto al ascendente del otro.
El resultado fue curioso. El primer grupo destacaba en la conjunción del Sol y la Luna; el segundo, en la de las dos Lunas, y el tercero, en la de la Luna con el ascendente. Pero ningún grupo repitió lo que había mostrado el anterior, y sumados los tres, ninguna de las configuraciones resultaba estadísticamente significativa.
Jung no lo presentó como una prueba de la astrología. Le llamó la atención que cada grupo confirmara una de las expectativas clásicas, y lo interpretó como un caso de sincronicidad, una coincidencia con sentido ligada al estado de ánimo de quienes investigaban. Para comprobarlo, pidió a tres mujeres que sacaran parejas al azar de un montón de cartas, y según él, cada una obtuvo los aspectos que encajaban con su propio estado emocional.
Las críticas llegaron después. Revisiones posteriores señalaron que sus cálculos suponían un reparto uniforme de las posiciones de los astros, algo que no se da en la realidad. En 1983, el investigador Thomas Shanks repitió la comparación con 960 matrimonios tomados de los datos de Michel Gauquelin y no encontró diferencias entre las parejas reales y otras formadas al azar.
Tu Luna y la de tu pareja, sin veredictos
¿Sabes en qué signo estaba la Luna el día que naciste? Es el punto de partida.
- Busca los dos luminares. Con la fecha, la hora y el lugar de nacimiento de los dos, mira en qué signo están el Sol y la Luna de cada uno. Sin la hora, la Luna puede quedar en duda, porque es el astro que más deprisa cambia de signo.
- Mira el diálogo que buscaba Ptolomeo. Fíjate en cómo se relacionan tu Luna y el Sol de tu pareja, y al revés. Léelo como una conversación entre lo que cada uno necesita y lo que cada uno quiere, no como una sentencia sobre el futuro de los dos.
- Aprende de Jung. Antes de mirar, apunta qué esperas encontrar. Su experimento enseña que solemos ver lo que buscamos, y una carta que confirma tus miedos merece la misma duda que una que confirma tus deseos.
La astrología es una lectura simbólica: si la relación pasa por un mal momento, un terapeuta de pareja ayuda más que cualquier aspecto. Para seguir, lee cómo se acercó Jung a la psicología y la astrología y qué han encontrado los estudios científicos sobre la astrología. Hay más en la sección de astrología y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.