Volver a creer: lo que se sabe de quienes regresan a la fe
Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026
Hay quien se aleja de la fe en la adolescencia, tras una decepción o después de una pérdida, y años más tarde vuelve. No es raro, aunque las encuestas apenas lo miden, y algunos de esos regresos se han convertido en textos clásicos. Aquí tienes los datos y tres historias, contadas con respeto por quien vuelve y por quien no.
Cambiar de religión, en cifras
En 2014, el Pew Research Center, un centro de estudios de Washington, entrevistó a 35.071 adultos de Estados Unidos para su gran estudio sobre el paisaje religioso del país, publicado en mayo de 2015. El 34 % tenía una identidad religiosa distinta de aquella en la que se había criado, y la cifra subía al 42 % si se contaban los pasos de una iglesia protestante a otra.
El movimiento iba en las dos direcciones. Un 18 % de los adultos se había criado en una religión y ya no se identificaba con ninguna, y un 4,3 % había hecho el camino contrario. De quienes crecieron sin religión, solo el 53 % seguía sin ella.
¿Y cuántos vuelven a la religión de su infancia? El estudio reconoce que no lo sabe. A quienes la dejaron y regresaron más tarde los llama reverts, retornados, y advierte que contarlos haría subir aún más las cifras de cambio. Las historias de regreso, pues, hay que buscarlas en las biografías más que en las tablas.
Nacidos dos veces
William James dedicó a este fenómeno varias de las conferencias que publicó en 1902 como Las variedades de la experiencia religiosa. Tomó del escritor inglés Francis W. Newman una distinción que hizo fortuna. Hay personas «nacidas una vez», de ánimo sano y fe tranquila, y otras «nacidas dos veces», almas divididas que solo encuentran la paz después de una crisis.
Para James, la conversión es el proceso, gradual o súbito, por el que un yo dividido y desdichado se unifica y encuentra su centro. Su mirada era la de un psicólogo, no la de un predicador. Reconocía que el nuevo nacimiento puede ir también en sentido contrario, de la religión a la incredulidad, y lo ilustraba con el filósofo francés Théodore Jouffroy, que recordaba la noche de diciembre en que se rasgó el velo que le ocultaba su propia falta de fe. Le interesaba el cambio, no la dirección.
La noche de fuego de Pascal
Blaise Pascal nunca dejó de ser católico, pero entre 1651 y 1654 vivió una etapa que sus primeros biógrafos llamaron mundana, entregado a la ciencia y a la vida social de París (hoy se discute cuánto lo fue). La noche del 23 de noviembre de 1654, desde las diez y media hasta pasada la medianoche, vivió algo que puso por escrito.
La nota empieza con una sola palabra, «fuego», e invoca al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, no al de los filósofos y los sabios. Pascal la guardó en un papel y en una copia en pergamino, la cosió en el forro de su ropa y, según parece, la pasaba de una prenda a otra cada vez que cambiaba de chaqueta. Nunca habló de ella. Tras su muerte, en 1662, un criado la encontró al ordenar su ropa. Se conoce como el Memorial, y muchos ven en esa noche su segunda conversión, o la única de verdad.
C. S. Lewis, el converso más reacio
El escritor C. S. Lewis, nacido en Belfast, se crio en la Iglesia de Irlanda y hacia los quince años dejó de creer. Ya profesor en Oxford, contó en su autobiografía, Cautivado por la alegría (1955), que en el trimestre de verano de 1929 se rindió y admitió que Dios era Dios. Se describió como el converso más abatido y reacio de toda Inglaterra. Su biógrafo Alister McGrath sostuvo en 2013, con cartas de la época, que ese paso fue en realidad en 1930.
El segundo llegó en septiembre de 1931. Tras una larga conversación nocturna sobre los mitos y la historia de Cristo con sus colegas J. R. R. Tolkien y Hugo Dyson, en el paseo de Addison, junto al Magdalen College, Lewis fue unos días después al zoo de Whipsnade en el sidecar de la moto de su hermano. Al salir, escribió, no creía que Jesucristo fuera el Hijo de Dios; al llegar, sí. Volvió a la comunión anglicana, la Iglesia de Inglaterra.
El camino de vuelta, a tu ritmo
Quien vuelve a creer suele traer preguntas, y a veces heridas: muchos se fueron por una mala experiencia con quienes representaban a su iglesia, no por Dios. Separar las dos cosas ayuda. No hace falta regresar al mismo templo, ni de golpe, ni con todas las respuestas. Lewis tardó años, Pascal guardó su noche en secreto, y los dos siguieron pensando y dudando después.
Ayuda también hablar con alguien que sepa escuchar sin prisa, dentro de tu tradición o fuera de ella, y darte permiso para avanzar a tu ritmo. Si la vuelta llega en medio de un duelo, una enfermedad o una crisis que te desborda, la fe puede acompañar, pero no sustituye a un psicólogo ni a tu médico. Eso sí, nadie está obligado a volver: quien no cree merece el mismo respeto que quien regresa.
Para las épocas de duda, lee la crisis de fe, de la noche oscura a los estudios sobre la duda, y sobre lo que sostiene a quien cree, el poder de la fe. Hay más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.