Ovnis, alto secreto (II): Moon Dust, Blue Fly y los papeles de Clifford Stone
Redacción Leotarot.com · Publicado el 7 de octubre de 2026
Durante la Guerra Fría, la Fuerza Aérea de Estados Unidos tuvo un programa para localizar y recoger aparatos espaciales caídos, Moon Dust, y otro para llevarlos deprisa a sus laboratorios, Blue Fly. Se supo de ellos gracias a peticiones de documentos públicos hechas por aficionados como Clifford Stone, un sargento retirado del Ejército. Los papeles son auténticos; lo que se ha dicho de ellos, no siempre.
Dos programas de la Guerra Fría
Desde el lanzamiento del Sputnik, en 1957, empezaron a caer a la Tierra trozos de cohetes y satélites. Para los servicios de inteligencia, cada fragmento soviético era una ocasión de saber cómo trabajaba el adversario.
Un memorando de la inteligencia de la Fuerza Aérea fechado el 3 de noviembre de 1961 define así los dos proyectos. Moon Dust (también escrito Moondust) servía para localizar, recuperar y entregar vehículos espaciales extranjeros caídos. Blue Fly debía facilitar la entrega rápida de ese material, o de cualquier otro objeto de gran interés técnico, a la División de Tecnología Extranjera, en la base de Wright-Patterson (Ohio).
En una carta de noviembre de 1978, la propia Fuerza Aérea presentaba Moon Dust como ayuda técnica para averiguar el origen de restos espaciales, propios o extranjeros, y Blue Fly como un transporte aéreo de reacción rápida que ya se había abandonado. En 1986, la Fuerza Aérea respondió que esos programas ya no existían y que sus archivos se habían destruido.
El memorando de los equipos de tres
El papel que más ha alimentado la imaginación es el de 1961. Describe unos equipos de inteligencia de tres hombres: un lingüista, un técnico y un especialista en operaciones, todos con formación de paracaidista y entrenados en las tareas de los otros dos, para que el equipo siguiera funcionando aunque sufriera bajas. Era un diseño pensado para la guerra.
En tiempo de paz, dice el texto, esos equipos se dedicaban a investigar ovnis y a apoyar Moon Dust y Blue Fly, y debían estar listos para recuperar o examinar sobre el terreno objetos voladores no identificados o vehículos aeroespaciales soviéticos conocidos.
Ovnis y chatarra soviética en la misma frase. ¿Prueba eso que se recuperaron naves de otro mundo? No. Muestra que la Fuerza Aérea quería tener gente preparada para acudir allí donde cayera algo, fuera lo que fuera, en una época en que «ovni» significaba solo eso: no identificado.
Los equipos dependían del 1127.º Grupo de Actividades de Campo, en Fort Belvoir (Virginia), heredero de la unidad que en los años cincuenta investigaba sobre el terreno los casos del Proyecto Libro Azul.
Una negativa y una rectificación
Cuando el senador Jeff Bingaman, de Nuevo México, preguntó por esos nombres a petición de Stone, el teniente coronel John E. Madison, de la oficina de enlace con el Congreso, contestó que no había ningún proyecto Moon Dust ni ninguna operación Blue Fly, y que esas misiones no habían existido nunca. Stone tenía los documentos, antes secretos, que decían lo contrario. La Fuerza Aérea rectificó por medio del coronel George M. Mattingley: Moon Dust recuperaba objetos y restos de vehículos espaciales que sobrevivían a la reentrada, y Blue Fly servía para recoger con rapidez material del bloque soviético.
Ya en una carta del 1 de julio de 1987, el coronel Phillip E. Thompson había dicho al investigador Robert Todd que el nombre Moon Dust se había sustituido por otro que no podía divulgarse. La negativa de Madison, fuera un error o desconocimiento, hizo más por la sospecha que cualquier documento.
Lo que cayó de verdad
Los casos documentados hablan de material terrestre. La noche del 25 de marzo de 1968, una bola de fuego se deshizo sobre la región de Pokhara, en Nepal, y cayeron cuatro objetos. En julio, la embajada de Estados Unidos en Katmandú envió un mensaje con el asunto «MOON DUST» al grupo de Fort Belvoir: contaban con la plena colaboración del Gobierno nepalí. Según el investigador Kevin Randle, que estudió esos cables, los restos eran fáciles de identificar, y la mayoría de los casos de Moon Dust tratan de chatarra claramente terrestre.
En agosto de 1967, un memorando del Departamento de Estado describía un objeto de unas tres toneladas, con forma de cubo, hallado en Sudán: un metal blando, quizá aluminio, hecho de bloques pequeños cubiertos por un material sedoso, sin marcas. Las fotos que menciona no se han encontrado, y nadie ha sabido decir a qué aparato pertenecía. Sin identificar, eso sí, no quiere decir extraterrestre.
A estos equipos se les ha relacionado también con Kecksburg (Pensilvania), donde el 9 de diciembre de 1965 una bola de fuego cruzó el cielo de varios estados y algunos vecinos dijeron que algo había caído en el bosque. El Proyecto Libro Azul concluyó que fue un meteoro. En 2005, la NASA dijo que había identificado unos fragmentos como restos de un satélite soviético, pero que había perdido los papeles; en 2007, tras una demanda de la periodista Leslie Kean, aceptó buscarlos por orden judicial.
Leer un documento desclasificado
Los papeles de Moon Dust dicen mucho y poco a la vez. Prueban que hubo equipos y procedimientos para recoger material espacial extranjero, y que investigar ovnis figuraba entre sus tareas de paz. No describen ningún objeto de origen no humano. Los testimonios de soldados anónimos que circulan en los libros de ovnis no se han podido comprobar, y las afirmaciones que el propio Stone hizo en 2001 ante la prensa en Washington, con cuerpos e incluso seres vivos, nunca llegaron acompañadas de documentos. En marzo de 2024, una revisión histórica de la oficina del Pentágono que estudia estos fenómenos no encontró pruebas empíricas de tecnología extraterrestre recuperada.
Si encuentras un documento de este tipo, léelo entero, con su fecha y su firma, y fíjate en lo que define, no en lo que sugiere. Comprueba si una negativa se corrigió después y busca el documento original, no un resumen. Un mismo papel, pues, puede leerse como rutina burocrática o como prueba de un encubrimiento, y casi siempre la primera lectura es la que aguanta.
Para comparar con otros papeles y pruebas, lee qué se concluyó del fragmento de Ubatuba y sus análisis, qué opinó el panel Sturrock de 1997 sobre las pruebas físicas y cómo actuó la Fuerza Aérea con los ovnis de Washington en 1952. Tienes más en la sección de ovnis y extraterrestres y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.