Dios los cría y ellos se juntan: lo que dice la ciencia sobre parecidos y opuestos

Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026

«Dios los cría y ellos se juntan», asegura el refrán, y otro dicho sostiene justo lo contrario: que los polos opuestos se atraen. La discusión es tan vieja como la filosofía griega, y en el siglo XX pasó a los laboratorios, que han dado una respuesta bastante clara.

Un refrán con ironía

El Refranero multilingüe del Instituto Cervantes recoge el dicho como muy usado y explica que alude, con cierta ironía, a la tendencia natural a juntarse con gente del mismo carácter. Se aplica sobre todo a quienes se portan mal. A principios del siglo XVII, Sebastián de Covarrubias ya lo ilustraba con el codicioso y el tramposo, que se ponen de acuerdo enseguida. Lo normal es citar solo la primera mitad, y en Colombia y Ecuador se oye la variante «Dios los crea y ellos se juntan».

El refrán pone a Dios en el origen, y la Biblia también se hace la pregunta. En el Génesis, Dios ve que no es bueno que el hombre esté solo y decide hacerle una ayuda adecuada. La expresión hebrea, ezer kenegdo, es difícil de traducir: viene a decir una ayuda que esté frente a él, como su contrapartida. La Vulgata latina la tradujo como una ayuda semejante a él. En ese versículo caben las dos ideas a la vez, el parecido y el estar enfrente. Las lecturas simbólicas de esa primera pareja están en Adán y Eva.

Aristóteles y los grajos

En el libro octavo de la Ética a Nicómaco, Aristóteles repasa lo que se decía en su tiempo sobre la amistad. Unos sostenían que es cuestión de semejanza, y lo resumían con un refrán griego, grajo con grajo, que equivale a nuestro Dios los cría. Otros respondían que los parecidos compiten entre sí, como el alfarero con el alfarero, según el viejo verso de Hesíodo.

Había quien llevaba la pregunta al cosmos. Eurípides cantaba que la tierra seca ansía la lluvia; Heráclito, que lo opuesto une y que la armonía más bella nace de las diferencias, y Empédocles, que lo semejante busca lo semejante. Aristóteles prefirió dejar de lado la naturaleza y quedarse con lo humano.

Winch y las necesidades complementarias

La idea de los opuestos tuvo su gran defensor en el siglo XX. En 1958, el sociólogo estadounidense Robert F. Winch publicó Mate-Selection (la elección de pareja), con una teoría en dos tiempos. Primero elegimos dentro de un campo de candidatos parecidos a nosotros en religión, estudios, origen o trabajo. Después, dentro de ese campo, buscamos a quien complemente nuestras necesidades psicológicas: la persona a la que le gusta cuidar con la que necesita que la cuiden, o la que prefiere mandar con la que prefiere que decidan otros.

Su base eran 25 matrimonios. Los estudios que vinieron detrás confirmaron poco: en uno de los primeros, solo el 22 % de las correlaciones eran significativas, y un tercio iba en la dirección contraria. Una comparación de 1978 entre estudiantes de Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda apuntó más bien a la semejanza.

Lo que dicen miles de parejas

La respuesta más amplia llegó en 2023. Un equipo de la Universidad de Colorado en Boulder, con Tanya Horwitz y Matthew Keller, publicó en Nature Human Behaviour dos análisis a la vez. Reunieron 480 correlaciones entre miembros de una pareja, sacadas de 199 estudios sobre 22 rasgos, y analizaron 133 rasgos en los datos del Biobanco del Reino Unido, con hasta 79.074 parejas de hombre y mujer.

Según la parte del análisis, entre el 82 y el 89 % de los rasgos mostraban parejas más parecidas que distintas, y solo un 3 % apuntaba en sentido contrario. Los parecidos más fuertes estaban en las ideas políticas (una correlación de 0,58), las creencias religiosas, el nivel de estudios y algunas medidas de inteligencia; también en el tabaco y el alcohol. En la personalidad, en cambio, apenas había semejanza: la extraversión daba una correlación de 0,08. Entre las pocas diferencias aparecía el cronotipo, con una ligera tendencia de los madrugadores a emparejarse con trasnochadores.

Los autores advierten que son tendencias modestas y que el estudio no dice por qué ocurren. Puede influir que muchas parejas crecen en la misma zona, que hay quien busca a alguien como él y que la convivencia acaba igualando. Tampoco incluyeron parejas del mismo sexo.

Hay un matiz más. En 2008, un metaanálisis de 313 estudios de Matthew Montoya, Robert Horton y Jeffrey Kirchner comparó el parecido real con el que uno cree tener. El real atraía en el laboratorio, entre desconocidos; en las parejas ya formadas dejaba de notarse. El percibido, en cambio, contaba en todos los casos.

Parecidos en lo que importa

¿Qué compartes de verdad con la persona que tienes al lado? La ciencia le da la razón al refrán en lo grande: solemos unirnos a quien piensa parecido sobre la religión, la política o la educación. La verdad es que en el carácter el parecido es mínimo, y en cosas pequeñas, como la hora de levantarse, a veces nos toca alguien muy distinto.

Si estás empezando una relación, hablar pronto de lo que más pesa (las creencias, el dinero, los hijos, la manera de vivir) ayuda más que comparar gustos. Eso sí, ser opuestos no justifica nada: si una relación te hace daño, busca apoyo en alguien de confianza o en un profesional.

Para seguir, lee qué dice la psicología sobre las almas gemelas y las almas dispares y cómo mira la astrología a las parejas disparejas. Hay más en la sección de religión y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

También te puede interesar

Ver toda la biblioteca esotérica