El sagrado código crístico (II y III): los egrégores y la lucha interior

Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026

La primera parte de esta serie contaba cómo nació en el esoterismo moderno la idea del Cristo interior. Esta continuación recoge los otros dos temas de esa enseñanza: los egrégores, unos seres que según varias escuelas nacen del pensamiento colectivo, y la lucha de quien quiere el bien y acaba haciendo lo contrario. Los dos se cuentan aquí como lo que son, creencias y reflexiones con una historia muy larga.

Los vigilantes del libro de Enoc

La palabra viene del griego egrégoros, «el que está despierto». Con ella se tradujo el arameo ir, «vigilante», un término que en la Biblia no tiene nada de oscuro: en el sueño de Nabucodonosor, un vigilante santo desciende del cielo (Daniel 4, 13).

El libro de Enoc le dio otro rumbo. En su primera parte, el Libro de los Vigilantes, que los especialistas sitúan hacia el siglo III antes de Cristo, doscientos de esos ángeles bajan a la cumbre del monte Hermón guiados por Semyaza y se unen a mujeres humanas. De esas uniones nacen gigantes. Uno de los rebeldes, Azazel, enseña a forjar espadas y escudos y a fabricar adornos y afeites. El relato amplía un pasaje breve y enigmático del Génesis sobre los «hijos de Dios» y las hijas de los hombres (Génesis 6, 1-4).

Hoy ese libro solo forma parte de la Biblia de las Iglesias ortodoxas de Etiopía y Eritrea y de los judíos Beta Israel, como se recuerda en los arcángeles según la Biblia y Enoc.

De Lévi al alma de grupo

El salto al ocultismo lo dio Éliphas Lévi. En El gran arcano, que escribió en 1868 y no se publicó hasta 1898, mucho después de su muerte, llamó egrégores a los vigilantes de Enoc, padres de los gigantes, y los describió como seres terribles que nos aplastan sin piedad porque ni siquiera saben que existimos.

Los sucesores le cambiaron el sentido. En El plano astral (1895), el teósofo Charles Leadbeater dividió ese mundo invisible en siete niveles, describió el más bajo como un infierno de creación humana y habló de entidades artificiales modeladas por el pensamiento. Es lo que muchos grupos llaman hoy «bajo astral». Las Meditaciones sobre los arcanos mayores del tarot, publicadas sin firma en 1980 y escritas por Valentin Tomberg, describieron los egrégores como demonios engendrados por la voluntad y la imaginación colectivas de los pueblos. En 1987, Gaetan Delaforge los definió como una mente de grupo que nace cuando varias personas se reúnen a conciencia con un propósito común.

La sociología tiene su versión, sin entes: en 1912, Émile Durkheim llamó efervescencia colectiva a la energía que sienten las personas reunidas en un rito o una fiesta.

Entes que nos programan: una creencia reciente

Algunos grupos de metafísica actuales van más lejos. Según ellos, los egrégores habrían formado una civilización en una dimensión paralela que, desde hace siglos, empuja a la humanidad hacia la ira, la envidia y la guerra para alimentarse de la energía que esas emociones desprenden.

Es una creencia sin pruebas. Expresa una intuición comprensible, la de que el mal parece más grande que cualquier persona, pero alimenta el miedo y saca la responsabilidad fuera de uno mismo. Nadie necesita vivir vigilando a seres invisibles, ni ver en el vecino el instrumento de nadie.

«No hago el bien que quiero»

Algunos textos de metafísica atribuyen la frase que da título a esta sección a un discípulo que caminó con Jesús. Es de Pablo, que no lo conoció en vida y escribió su carta a los Romanos hacia los años 56 o 57, probablemente desde Corinto.

En el capítulo 7 describe una división interior. Se deleita en la ley de Dios, pero ve en sus miembros otra ley que lo lleva cautivo, y lo resume así: «no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero» (Romanos 7, 19). El pasaje acaba con un grito, «¡miserable de mí!», y una acción de gracias.

Pablo llama pecado a esa fuerza, no egrégor. Quién habla en ese «yo» se discute desde hace siglos: el Pablo anterior a su conversión, el creyente que sigue luchando o una voz que representa a toda la humanidad. En 1963, el biblista sueco Krister Stendahl sostuvo que Occidente lo había leído con la conciencia atormentada de san Agustín y de Lutero.

La acrasia: Sócrates, Aristóteles y Medea

Los griegos tenían un nombre para esa experiencia: acrasia, falta de dominio sobre uno mismo. ¿Puede alguien saber qué es lo mejor y hacer lo contrario? Sócrates lo negaba. En el Protágoras de Platón sostiene que nadie va por su voluntad hacia lo que cree malo, y que quien obra mal se equivoca por ignorancia.

Aristóteles le llevó la contraria con la experiencia en la mano. En el libro VII de la Ética a Nicómaco distingue al débil, que delibera, decide bien y luego cede, del impetuoso, que se deja arrastrar sin pensar. Lo separa también del vicioso. Este obra por elección y no se arrepiente; el que no se domina sabe que hace mal y se arrepiente, y por eso, decía, tiene cura.

Ovidio puso la misma grieta en boca de Medea, enamorada de Jasón contra su propio juicio: veo lo mejor y lo apruebo, pero sigo lo peor (Metamorfosis, libro VII, 20-21). Pablo, Aristóteles y el poeta romano describen la distancia entre lo que uno juzga mejor y lo que acaba haciendo, sin necesidad de seres invisibles.

Sin miedo a los egrégores

Quien encuentre sentido en la idea de los egrégores puede quedarse con su parte más luminosa: lo que un grupo piensa y siente a la vez pesa, para bien y para mal, y vale la pena elegir en qué ambientes se pasa el tiempo. La versión de los entes que programan a la humanidad, en cambio, no tiene pruebas ni hace falta para entender lo que nos pasa.

La lucha interior sí la conoce cualquiera. Ahí ayudan más los consejos de siempre que el miedo: ponerle nombre a lo que se repite, no pelear a solas y empezar por cambios pequeños. Eso sí, si un impulso que no controlas te hace daño, como una adicción o la ira, habla con tu médico o con un psicólogo. No es cosa de entes, y tiene ayuda.

Para la pregunta de fondo, de dónde viene el mal, lee cómo responden las religiones al poder del mal. Hay más en la sección de religión y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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