El que busca a Dios: la fe que aparece en la necesidad

Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026

Mucha gente se acuerda de Dios cuando enferma, se queda sola o lo pierde todo, y lo olvida cuando pasa la tormenta. Lejos de ser un reproche, es una de las conductas mejor estudiadas por la psicología de la religión. Esto es lo que se sabe de ella, contado con respeto por quien cree y por quien no.

Lo que pasó tras el 11 de septiembre

Entre tres y cinco días después de los atentados de 2001, un equipo de investigadores de la corporación RAND llamó por teléfono a unos 560 adultos de todo Estados Unidos para saber cómo lo estaban llevando. Los resultados salieron en noviembre en The New England Journal of Medicine. El 98 % lo hablaba con otras personas, y el 90 % decía haber recurrido a la religión: rezar, buscar consuelo espiritual o apoyarse en su fe.

La asistencia a los templos subió un poco. En una encuesta de Gallup hecha diez días después de los atentados, el 47 % de los estadounidenses dijo haber ido a un servicio religioso la semana anterior, frente al 41 % de mayo. En noviembre la cifra ya había vuelto al 42 %.

Los datos coinciden con una observación muy antigua: la necesidad acerca a la fe, y la calma, a menudo, la devuelve a su sitio de siempre.

Kenneth Pargament y el afrontamiento religioso

El psicólogo estadounidense Kenneth Pargament, de la Universidad Estatal de Bowling Green (Ohio), dedicó buena parte de su carrera a estudiar cómo se usa la religión ante las dificultades. En 1997 lo resumió en The Psychology of Religion and Coping, y al año siguiente publicó con sus colegas un cuestionario breve, de catorce frases. Lo probaron con personas afectadas por el atentado de Oklahoma City, con universitarios que atravesaban problemas serios y con ancianos ingresados en el hospital.

Sus datos distinguen dos estilos. El afrontamiento religioso positivo busca apoyo espiritual, colabora con Dios en lugar de esperar que lo haga todo, perdona y relee lo ocurrido con una mirada benévola. El negativo vive la desgracia como un castigo, siente que Dios lo ha abandonado o duda de su poder.

La mayoría de las personas usa más el primero, y los dos estilos se asocian con resultados distintos: el positivo, con una mejor adaptación; el negativo, con más malestar. Quien se siente castigado o abandonado no necesita un juicio. Necesita compañía.

No hay ateos en las trincheras

El dicho se hizo famoso en 1942, durante la batalla de Bataán, en Filipinas. Se ha atribuido al capellán militar estadounidense William Thomas Cummings, aunque nadie ha encontrado un testigo directo de aquel sermón. Una crónica de la agencia Associated Press del 11 de abril de 1942 lo ponía en boca de un sargento sin nombre, y en la Primera Guerra Mundial ya circulaban versiones con las trincheras de Europa desde 1914. El autor, en realidad, es anónimo.

¿Es verdad lo que dice? Solo en parte. En 2012, Jonathan Jong, Jamin Halberstadt y Matthias Bluemke publicaron unos experimentos hechos con estudiantes de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda. Antes de medir sus creencias, hacían pensar a unos en su propia muerte y a otros no. En lo que decían, cada grupo se reafirmó en lo suyo: los cristianos se mostraron más seguros de que Dios existe, y los no creyentes, de que no existe. En una prueba de tiempos de reacción, que mide asociaciones automáticas, los dos grupos se inclinaron algo más hacia la creencia.

El miedo, por tanto, no cambia lo que uno afirma creer, pero parece mover algo menos consciente.

Un corazón inquieto

Hacia el año 397, Agustín de Hipona empezó sus Confesiones con una frase que se repite desde hace dieciséis siglos: nos hiciste para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti (I, 1). Sabía de lo que hablaba. Había pasado nueve años con los maniqueos y una larga temporada de dudas antes de que Ambrosio lo bautizara en Milán, en la Pascua de 387.

Para Agustín, la necesidad no es una vergüenza: es la señal de que el ser humano está hecho para algo más grande. El Evangelio, eso sí, avisa de la fe que brota deprisa y se seca. En la parábola del sembrador, la semilla que cae entre piedras nace con alegría, pero no tiene raíz, y cuando llega la aflicción tropieza (Mateo 13, 20-21). Lo que da firmeza a la fe, según la parábola, es la raíz, no la intensidad del primer momento.

Rezar en la tormenta, y también después

Buscar a Dios en un mal momento no es oportunismo. Es una reacción humana documentada en crisis muy distintas, y para muchos ha sido el principio de una fe que después echó raíces. Si te pasa, no hace falta justificarte: reza a tu manera, acércate a una comunidad si te ayuda y vuelve a ella también cuando las cosas vayan bien, como quien cuida una amistad.

Si lo que sientes es lo contrario, castigo o abandono, no lo cargues a solas. Habla con alguien de tu confianza o de tu tradición, y si la angustia dura o te quita el sueño, pide ayuda a un psicólogo; la fe y la terapia no se excluyen. Quien no cree también encuentra apoyo en otros sitios, y merece el mismo respeto.

Lo que sostiene a quien cree se cuenta en el poder de la fe, y lo que dicen las encuestas sobre quién cree hoy, en la búsqueda de Dios en el siglo XXI. Hay más en la sección de religión y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

También te puede interesar

Ver toda la biblioteca esotérica