El mes del Escorpión: Orión, Antares y los días de difuntos

Redacción Leotarot.com · Publicado el 8 de octubre de 2026

Del 23 de octubre al 21 de noviembre, más o menos, el Sol recorre el signo de Escorpio. Son las semanas en que muchas culturas recuerdan a sus muertos, y en el cielo se representa cada noche un mito griego: el del cazador Orión y el animal que lo mató.

Un signo y una constelación que no coinciden

El signo y la constelación llevan el mismo nombre, pero no van al mismo paso. La astrología occidental mide sus signos desde el equinoccio de marzo, en tramos iguales de treinta grados. Las constelaciones, en cambio, tienen tamaños muy distintos, y el lento cabeceo del eje terrestre, la precesión, ha ido separando unas de otros.

El resultado sorprende. El Sol solo está dentro de la constelación del Escorpión unos seis días, a finales de noviembre. Después cruza Ofiuco, el Serpentario, una constelación que la astrología no usa, y ya en diciembre llega a Sagitario.

Las pinzas del animal tienen su propia historia: los griegos llamaban a las estrellas de al lado las Chelai, «las pinzas», hasta que esa parte del cielo se convirtió en Libra, la balanza. Los babilonios ya veían allí un escorpión, el de «aguijón ardiente».

Orión y el escorpión

Hay varias versiones del mito, y en todas pierde el cazador. Según la que recoge Higinio, Orión cazaba en Creta con Artemisa y su madre, Leto, y presumió de que acabaría con todas las fieras de la tierra. Gea, la Tierra, envió un escorpión que lo picó. El poeta Arato lo cuenta de otro modo: Orión intentó forzar a Artemisa en la isla de Quíos, y fue el escorpión quien lo detuvo. Otras versiones dicen que fueron las propias diosas, o Apolo, quienes mandaron al animal.

Zeus subió a los dos al cielo, pero lejos uno del otro. Por eso, dice el mito, nunca coinciden: Orión domina las noches de invierno del norte y se retira cuando el escorpión asoma en verano. Es casi verdad. Las dos figuras están a unas once horas de distancia en el cielo, y cuando una sale por el este la otra se pone por el oeste.

No todos vieron un escorpión. En Hawái, esas mismas estrellas forman el anzuelo mágico de Maui, el semidiós que, según la leyenda, pescó las islas desde el fondo del mar.

Antares, el rival de Marte

En el corazón del escorpión brilla Antares, una estrella rojiza que suele ocupar el puesto quince entre las más brillantes del cielo. Su nombre griego significa «rival de Ares», es decir, de Marte, porque los dos tienen un color parecido y a veces se ven cerca. Para los astrónomos chinos era la segunda estrella del Corazón.

Es una supergigante roja a unos 550 años luz. Su tamaño varía porque late despacio, pero tiene unas 680 veces el radio del Sol: puesta en su lugar, se tragaría las órbitas de Mercurio, Venus, la Tierra y Marte.

La paradoja es que en el mes de Escorpio apenas se ve. El Sol se le acerca durante noviembre y pasa a unos cinco grados de ella hacia el 2 de diciembre. A principios de octubre todavía asoma baja hacia el suroeste al anochecer; vuelve a la madrugada a finales de diciembre. Para verla bien hay que esperar a las noches de junio y julio. En el hemisferio sur, el escorpión entero cruza entonces lo más alto del cielo.

Agua, fijo y Marte: el signo en la tradición

Para la astrología, Escorpio es un signo de agua, fijo y receptivo. Su regente tradicional es Marte; desde el descubrimiento de Plutón, en 1930, muchos astrólogos le asignan también este planeta. La tradición le atribuye intensidad, reserva y una gran capacidad de transformarse, y lo relaciona con la casa VIII, la de la muerte, las herencias y lo que se comparte.

Junto al escorpión, se le asocia el águila. Los cuatro signos fijos se suelen relacionar con los cuatro seres de la visión de Ezequiel, que reaparecen en el Apocalipsis: el toro con Tauro, el león con Leo, el hombre con Acuario y el águila con Escorpio. Cada signo se divide a su vez en tres decanatos de diez grados, con matices propios.

Las semanas de los difuntos

¿Por qué coinciden estas semanas con las fiestas de los muertos? En el norte, el otoño avanza, las hojas caen y los días se acortan, y muchas culturas eligieron ese momento para mirar a los que ya no están.

Los pueblos gaélicos celebraban Samhain desde la tarde del 31 de octubre: la fiesta abría la mitad oscura del año. Hacia el año 800, en Irlanda y en Northumbria ya se honraba el 1 de noviembre a todos los santos, y en 835 Luis el Piadoso lo hizo fiesta obligatoria en todo el Imperio carolingio a petición del papa Gregorio IV. El día 2, el de los fieles difuntos, se atribuye a Odilón, abad de Cluny, hacia el año 998.

En México, las fiestas indígenas dedicadas a los muertos, que la UNESCO proclamó en 2003 e inscribió en 2008 como patrimonio inmaterial, reciben con velas, pétalos y comida a los difuntos que, según la creencia, vuelven por unos días a casa. En España, la tradición manda representar por Todos los Santos el Don Juan Tenorio de José Zorrilla, estrenado en 1844, con su escena en el panteón.

Una noche para mirar al este y recordar

Elige una noche despejada de noviembre. Al anochecer, mira hacia el suroeste: por allí se ha ido el escorpión. Espera luego a las diez o las once y busca por el este tres estrellas en fila; es el cinturón de Orión, que vuelve justo cuando su enemigo se ha marchado. En el hemisferio sur lo verás igual por el este, solo que cabeza abajo.

Esa misma semana puedes hacer un pequeño gesto por alguien que echas de menos: una foto, una vela, su comida favorita o una visita al cementerio, como en los altares mexicanos. Al fin y al cabo, recordar es una manera de seguir queriendo. Si la pérdida es reciente y el duelo pesa demasiado, hablar con un psicólogo ayuda: el duelo se acompaña.

Si quieres seguir con el signo, lee los genios cabalísticos de Escorpio o los decanatos de Escorpio; y para ver al escorpión en su mejor momento, el cielo de junio. Tienes más en la sección de signos del zodiaco y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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