Diccionario esotérico: hierofobia, hiloclastia y ley de mediumnidades
Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026
Tres términos del vocabulario del espiritismo y de la demonología, con lo que se sabe hoy de cada uno. Dos de ellos han dado lugar a pruebas sencillas que destaparon más de un engaño.
Hierofobia
Del griego hierós, «sagrado», y phóbos, «miedo»: es el rechazo o el temor ante objetos, lugares o personas sagradas, como una cruz, una imagen o un sacerdote. Los manuales de psiquiatría no la recogen como trastorno propio; un miedo así se trataría como cualquier otra fobia.
En la demonología tiene otro papel. El ritual católico de exorcismos publicado en 1999 cuenta la aversión intensa a lo sagrado entre los indicios que deben examinarse, y pide expresamente no tomar por poseída a una persona que sufre sobre todo una enfermedad psíquica, como se explica en las posesiones diabólicas.
La historia guarda una prueba muy reveladora. A finales del siglo XVI, en Francia, Marthe Brossier, que decía estar poseída, bebió agua bendita presentada como agua corriente y no reaccionó. En cambio, se agitó ante una llave envuelta como si fuera una reliquia de la Vera Cruz y ante unos versos de Virgilio que creyó parte del exorcismo. Reaccionaba a lo que creía sagrado, no a lo que lo era.
Hiloclastia
Así se llama, en algún diccionario de parapsicología en español, el supuesto paso de objetos a través de paredes o recipientes cerrados, para aparecer en otro sitio. La palabra apenas aparece fuera de ese ámbito, y no consta quién la acuñó; por su forma, parece unir el griego hýle, «materia», y klásis, «rotura». El nombre corriente es aporte, del francés apport: el objeto que, según los médiums, traían los espíritus a la sesión.
Los aportes más famosos acabaron en los tribunales o en el ridículo. En 1902, la policía de Berlín interrumpió una sesión de Anna Rothe, la «médium de las flores», y encontró bajo su enagua 157 flores, junto con naranjas y limones; en 1903 la condenaron a dieciocho meses de cárcel. En 1910, en Grenoble, el australiano Charles Bailey hizo aparecer dos pájaros vivos sin saber que entre el público estaba el comerciante que se los había vendido. Ningún médium ha producido un aporte en condiciones controladas.
Ley de mediumnidades
No es una ley del Estado, sino el nombre que da algún diccionario a las normas con que el espiritismo quiso ordenar el trabajo de los médiums. Allan Kardec fundó en París, el 1 de abril de 1858, la Sociedad Parisiense de Estudios Espiritistas, y publicó su reglamento en El libro de los médiums (1861) como modelo para otros grupos: fuera la política y las polémicas religiosas. En El Evangelio según el espiritismo (1864) añadió un principio que sus seguidores repiten todavía: la mediumnidad no debe cobrarse.
Las leyes civiles fueron por otro lado. En Inglaterra, una ley de 1951 contra los médiums fraudulentos sustituyó a la vieja ley de brujería de 1735, con la que aún se condenó en 1944 a Helen Duncan, como se cuenta en la historia de la mediumnidad. Se derogó en 2008, y hoy esos casos se juzgan con las normas de protección del consumidor.
Mira las manos, no el objeto
- Fíjate en si las manos del médium están siempre a la vista y si hay luz suficiente para verlas.
- Pregunta quién preparó la sala y quién pudo tocar los objetos antes de la sesión.
- Desconfía de quien cobre por cada fenómeno; al fin y al cabo, hasta Kardec pedía que la mediumnidad no fuera un negocio.
¿Qué cambiaría si nadie supiera qué objeto es el «sagrado»? Esa sencilla pregunta ha desmontado más engaños que cualquier teoría. Hay más términos en el diccionario esotérico y más lecturas en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.