Mediumnidad espiritista: las explicaciones que se le han dado

Redacción Leotarot.com · Publicado el 6 de octubre de 2026

Un médium cierra los ojos, cambia de voz y dice hablar en nombre de un difunto. Desde mediados del siglo XIX, psicólogos, médicos, magos y parapsicólogos han propuesto explicaciones muy distintas para lo que ocurre en ese momento. Ninguna ha cerrado el debate, pero cada una aclara una parte.

Otra voz que sale de la misma persona

La primera explicación busca dentro del propio médium. El psicólogo francés Pierre Janet describió en 1889, en El automatismo psicológico, cómo una parte de la mente puede actuar por su cuenta, hablar o escribir, mientras la conciencia habitual no se entera. Visto así, el «espíritu» que se presenta sería un personaje que el médium construye sin saberlo. Es lo que se ha llamado dramatización del inconsciente o personificación.

Carl Gustav Jung lo estudió de cerca. Su tesis doctoral, de 1902, se basó en las sesiones de su prima Hélène Preiswerk, que empezaron con un vaso boca abajo rodeado de letras escritas en papel. La muchacha entraba en trance y hablaba con varias personalidades distintas. Jung no vio espíritus en ellas, sino partes de la propia Hélène que tomaban la palabra.

Los psicólogos llaman hoy disociación a ese estado. Aparece en muchas culturas, y los manuales de psiquiatría no lo consideran un trastorno cuando forma parte de una práctica religiosa o cultural aceptada.

Recuerdos olvidados y talentos dormidos

A veces el médium cuenta cosas que asegura no haber sabido nunca. El caso clásico es el de Hélène Smith, nombre de sesión de Catherine-Élise Müller, una médium de Ginebra. En trance relataba vidas anteriores en la India y en la corte de María Antonieta, y llegó a escribir en una supuesta lengua de Marte.

El psicólogo Théodore Flournoy la estudió durante años y en 1900 publicó De la India al planeta Marte. Su conclusión fue que el marciano tenía la gramática del francés y que buena parte del material procedía de lecturas olvidadas. Flournoy llamó a eso criptomnesia: un recuerdo que vuelve sin que se reconozca como tal y parece nuevo.

Algo parecido se ha dicho del talento del inconsciente, el del médium que en trance escribe versos o dibuja con una soltura que despierto no tiene. Según esta lectura, la habilidad ya estaba ahí, dormida, y el trance solo la libera de la timidez o de la autocrítica.

Manos que se mueven solas

En 1852, el fisiólogo británico William Carpenter llamó ideomotor al movimiento que el cuerpo hace a partir de una idea, sin que la persona lo decida. Al año siguiente, con las mesas giratorias de moda en los salones, Michael Faraday lo puso a prueba.

Colocó entre las manos de los participantes y la mesa un taco de cartones unidos con un pegamento blando, que cedía despacio si alguien empujaba. Al revisarlos, los cartones mostraban que las manos habían hecho fuerza antes de que la mesa se moviera, e incluso cuando no llegaba a moverse. Publicó el resultado en el verano de 1853.

Nadie mentía. Los participantes empujaban sin darse cuenta, convencidos de que era la mesa la que los arrastraba.

Penumbra y trucos

Hay casos que no tienen nada de involuntario. La napolitana Eusapia Palladino, una de las médiums más estudiadas de su tiempo, fue sorprendida varias veces. En Cambridge, en 1895, el investigador Richard Hodgson descubrió cómo liberaba una mano: lograba que los dos vigilantes que la sujetaban acabaran tocando la misma. Durante su gira por Estados Unidos, en 1909 y 1910, dos observadores vestidos de negro, que se habían colado a gatas en la sala, la vieron levantar la mesa con el pie.

Simular el trance no es difícil, y la oscuridad ayuda: casi todas las sesiones de efectos físicos se hacían con muy poca luz. Dicho esto, el fraude no lo explica todo. Muchos médiums eran sinceros, y en ellos encajan mejor las explicaciones anteriores.

La hipótesis de la parapsicología

Queda la explicación que proponen algunos parapsicólogos. El médium no hablaría con los muertos, sino que obtendría la información de los vivos mediante una percepción extrasensorial muy amplia. La idea nació a finales del siglo XIX en las sociedades de investigación psíquica, y en 1959 el estadounidense Hornell Hart le dio nombre: super-PES.

El fisiólogo francés Charles Richet, premio Nobel de Medicina en 1913, aceptaba muchos de aquellos fenómenos, pero no la supervivencia. Los atribuía a una sensibilidad oculta de la mente humana, que llamó criptestesia. La comunidad científica, por su parte, no da por demostrada ni esa percepción ni la comunicación con los difuntos.

Ojos abiertos en una sesión espiritista

La verdad es que no hace falta burlarse ni creérselo todo. Basta con mirar las condiciones: si hay luz suficiente, quién sujeta las manos del médium y si lo que dice podía saberlo por otros medios, como una conversación previa, lo que se encuentra en internet sobre la familia o una simple deducción. La lectura en frío, que se explica en qué es la mediumnidad y qué dice la ciencia, ayuda a reconocer ese juego.

Tampoco conviene dar a un difunto más autoridad de la que tuvo en vida. ¿Por qué iba a saber más del futuro alguien que, mientras vivía, se equivocaba como todos? Ningún mensaje debería empujarte a gastar dinero ni a tomar una decisión grave. Y si lo que te lleva a una sesión es la pérdida de alguien querido, el duelo merece compañía de verdad: un psicólogo o un grupo de apoyo pueden ayudarte mucho más que cualquier mensaje.

Para seguir, repasa la historia de la mediumnidad, de Endor a Kardec o cómo se cuelan los recuerdos falsos en la hipnosis y lo que se sabe de ella. Tienes más en la sección de médium y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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