¿Existen los espíritus? Lo que creen las culturas y lo que explica la ciencia

Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026

En una gran encuesta hecha en treinta y seis países entre 2023 y 2024, en el país medio más de la mitad de la gente creía que una montaña, un río o un árbol pueden tener espíritu. Si los espíritus existen o no es algo que ningún laboratorio ha podido zanjar. Otras dos preguntas sí tienen respuesta: qué han creído los pueblos y por qué la mente humana se inclina tanto a creerlo.

Un antropólogo victoriano y la palabra «animismo»

En 1871, el antropólogo británico Edward Burnett Tylor publicó Primitive Culture (La cultura primitiva). Allí popularizó la palabra animismo y propuso una definición mínima de religión: la creencia en seres espirituales. La dividía en dos partes. Por un lado, la idea de un alma que sobrevive al cuerpo; por otro, la de otros espíritus, desde los que habitan un bosque hasta los grandes dioses.

Tylor pensaba que esa idea nació de experiencias universales: los sueños en los que aparecen personas lejanas o muertas, los trances y la diferencia, tan visible, entre un cuerpo vivo y uno sin vida. Su esquema, que ordenaba las culturas de «primitivas» a «avanzadas», ya no lo acepta ningún antropólogo. La palabra, en cambio, sobrevivió.

Kami, yinn y antepasados

En Japón, la tradición sintoísta habla de los kami. A finales del siglo XVIII, el erudito Motoori Norinaga los definió en su comentario al Kojiki, la crónica más antigua del país, como todo aquello que tiene un poder fuera de lo común y despierta asombro: dioses, personas, animales, árboles, el mar o las montañas. Por eso un árbol o una roca pueden llevar alrededor una cuerda sagrada, la shimenawa.

El islam habla de los yinn. Según el Corán, Dios los creó de un fuego sin humo, y una de sus azoras lleva su nombre. No son ángeles: tienen voluntad propia, y la tradición dice que entre ellos hay creyentes y no creyentes, como entre los humanos.

En buena parte de África, los antepasados siguen formando parte de la familia. En esa misma encuesta, el 79 % de los sudafricanos y el 72 % de los ghaneses creían que los espíritus de los antepasados pueden ayudar o perjudicar a los vivos. Las fiestas con que distintos pueblos reciben a sus difuntos se cuentan en el contacto con los muertos.

Una mente que busca a alguien

La ciencia no puede poner un espíritu bajo el microscopio, pero sí puede estudiar a quien cree en él. En 1944, los psicólogos Fritz Heider y Marianne Simmel mostraron a un grupo de estudiantes una película muda con dos triángulos y un círculo moviéndose por la pantalla. Casi todos describieron a las figuras como personajes con intenciones: una perseguía, otra huía, otra protegía.

El antropólogo Stewart Guthrie llevó la idea más lejos en Faces in the Clouds (Caras en las nubes, 1993). Para él, la religión nace en parte de una tendencia a ver figuras humanas e intenciones en el mundo, porque es más barato confundir una roca con un oso que un oso con una roca. El argumento evolutivo y el «detector de agentes» que describió después el psicólogo Justin Barrett se explican en por qué la mente ve a alguien donde no hay nadie.

El antropólogo Pascal Boyer explicó otra pieza en un libro de 2001, traducido como Y el hombre creó a los dioses. Las ideas que rompen solo unas pocas expectativas, como una persona sin cuerpo que atraviesa paredes pero sigue enfadándose o echando de menos, se recuerdan y se transmiten mejor que las ordinarias o las del todo extrañas. Un espíritu encaja justo en ese molde.

Que la mente esté hecha así explica por qué la creencia es tan común. Lo que no hace es demostrar que no haya nada: esa pregunta queda fuera de lo que estos estudios pueden medir.

Cuánta gente cree hoy

Los datos más amplios vienen del Pew Research Center, un centro de estudios de Estados Unidos. En una encuesta de 2023 a adultos de ese país, el 83 % creía que las personas tienen un alma o espíritu además del cuerpo, y el 81 %, que hay algo espiritual más allá del mundo natural, aunque no podamos verlo. En otra de ese mismo año, el 53 % decía que algún familiar muerto lo había visitado en un sueño o de otra forma.

El estudio internacional de 2024, con más de cincuenta mil entrevistas, mostró grandes diferencias. La creencia en espíritus de la naturaleza llegaba al 74 % en Chile y al 73 % en Tailandia, y en Japón rondaba el 56 %. La fe en una vida después de la muerte llegaba al 85 % en Indonesia y al 80 % en Kenia, y bajaba al 38 % en Suecia. La verdad es que la línea no separa a países ricos y pobres, sino tradiciones y formas de mirar el mundo.

Creer, dudar y acompañar

Ninguna de estas cifras dice quién tiene razón. Dicen que la mayor parte de la humanidad vive con la idea de que hay algo más, y que conviene hablar de ello con respeto, se crea o no se crea. En otras tradiciones el cuerpo de los difuntos se imaginó de muchas maneras, como se cuenta en cómo somos en el más allá.

Si echas de menos a alguien y sientes que sigue cerca, no estás sola ni solo: le pasa a muchísima gente, y no significa que te ocurra nada malo. Nadie ha demostrado que se pueda contactar con quien se fue, y nadie debería cobrarte por prometerlo. El duelo se acompaña, con los tuyos y, si pesa demasiado, con un psicólogo.

Y si oyes voces a menudo, o algo de esto te angustia o no te deja dormir, lo indicado es contárselo a tu médico, sin miedo a que te juzgue: es una consulta como cualquier otra. Tienes más en la sección de paranormal y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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