Cómo somos en el más allá: el cuerpo de los difuntos según las tradiciones

Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026

Casi todas las culturas que creen en una vida después de la muerte se han hecho la misma pregunta: si sobrevivimos, con qué aspecto lo hacemos. Las respuestas van de un pájaro con cabeza humana a un cuerpo que se siembra como una semilla. Aquí tienes cinco de ellas, contadas como lo que son: creencias y relatos.

Egipto: el doble y el pájaro

Para los antiguos egipcios, una persona no tenía un alma, sino varias. El ka era la fuerza vital. Según la tradición, el dios Jnum modelaba el cuerpo del niño en su torno de alfarero y una diosa le insuflaba el ka al nacer. Se escribía con un jeroglífico de dos brazos alzados y se representaba a menudo como un doble de la persona. La muerte llegaba cuando el ka abandonaba el cuerpo, y por eso las familias llevaban comida y bebida a la tumba: el ka se alimentaba de ellas.

El ba era la personalidad, lo que hacía único a cada cual, y se pintaba como un pájaro con cabeza humana. De día salía de la tumba y de noche volvía a la momia, de modo que el cuerpo tenía que conservarse. Si los ritos se cumplían, el ka y el ba se reunían y formaban el akh, un espíritu luminoso que, completo, podía brillar como una estrella.

El cuerpo del más allá, en Egipto, dependía de los vivos: de la momia, de las ofrendas y de que el nombre del difunto no se borrara.

Grecia: una sombra que no se deja abrazar

En el canto XI de la Odisea, Ulises llega a la entrada del mundo de los muertos y ofrece sangre a las almas, que solo después de beberla pueden hablar con él. Entre ellas aparece su madre, Anticlea. Tres veces intenta abrazarla, y tres veces se le escapa de las manos como una sombra o un sueño. Ella le explica que eso les ocurre a todos los mortales al morir: los tendones dejan de sujetar la carne y los huesos, el fuego los consume, y el alma se va volando como un sueño.

Homero llama a los difuntos eidola, «imágenes». Son figuras reconocibles, con el aspecto que tenían, pero sin fuerza ni sustancia. Del gran Heracles, Ulises solo ve en el Hades su eidolon, porque él mismo, dice el poema, vive entre los dioses. La sombra de Patroclo, que se le aparece a Aquiles en la Ilíada, se cuenta en los fantasmas de la Antigüedad.

San Pablo: un cuerpo que se siembra

En el capítulo 15 de su primera carta a los Corintios, Pablo responde a alguien que pregunta cómo resucitan los muertos y con qué cuerpo vuelven. Su respuesta es una imagen del campo. Lo que se siembra es un «grano desnudo», de trigo o de otra semilla, y lo que brota es una planta distinta. Así ocurriría con la resurrección: se siembra un cuerpo animal y resucita un «cuerpo espiritual». La carne y la sangre, añade, no heredan el reino de Dios.

Para la tradición cristiana no se trata de un fantasma ni de un alma flotando, sino de la misma persona transformada. El Evangelio de Lucas lo subraya cuando cuenta que Jesús resucitado comió un trozo de pescado asado delante de los discípulos. El espiritismo, siglos después, habló de otra envoltura, el periespíritu, que se explica en viaje astral y reencarnación.

Swedenborg: en el cielo se rejuvenece

En 1758, el científico y visionario sueco Emanuel Swedenborg publicó en Londres, en latín, Del cielo y del infierno. Aseguraba que se le habían abierto los ojos del espíritu y que visitaba el otro mundo y hablaba con ángeles y espíritus.

Según su relato, al morir despertamos en el mundo espiritual con un cuerpo espiritual de forma humana completa, tan parecido al anterior que al principio no notamos el cambio. Los ángeles no son una especie aparte, sino personas que vivieron en la tierra, y llevan una vida activa: trabajan, conversan, comen y duermen. Su detalle más conocido es el de la edad. Quienes murieron viejos y gastados, si vivieron con amor y caridad, avanzan hacia la flor de la juventud, porque en el cielo, escribe, envejecer es rejuvenecer. La bondad interior daría forma al rostro.

Lo que cuentan quienes estuvieron cerca

En 1975, el médico Raymond Moody publicó Vida después de la vida y popularizó la expresión experiencia cercana a la muerte. Recogía relatos de personas reanimadas que decían haber salido del cuerpo, cruzado un túnel, visto una luz o repasado su vida. Muchas contaban también que se habían encontrado en otro cuerpo, parecido al suyo pero sin peso, que los vivos no podían ver ni oír. Moody lo llamó, como Pablo, cuerpo espiritual.

¿Prueban estos relatos que sobrevivimos? Los estudios posteriores los han tomado en serio. En 1983, el psiquiatra Bruce Greyson creó una escala para medirlos, y varios hospitales los han investigado con pacientes que sufrieron una parada cardiaca, como se cuenta en el balance de las pruebas de la reencarnación. Ninguno ha mostrado que algo salga del cuerpo. La cultura, eso sí, pesa: en Estados Unidos la luz suele identificarse con ángeles o familiares, y en la India, con mensajeros de Yama, el dios de la muerte. Son experiencias de personas vivas, y se estudian explicaciones como la falta de oxígeno o la actividad del lóbulo temporal.

Imágenes que hablan de los vivos

Cada una de estas figuras dice mucho de quien la imaginó. El ka hambriento habla de una sociedad que cuidaba a sus muertos con pan y cerveza; la sombra de Anticlea, de la resignación griega ante la muerte; la semilla de Pablo, de una esperanza de resurrección; los ángeles jóvenes de Swedenborg, del deseo de recuperar lo mejor de uno mismo. Puedes leerlas como mapas que cada época dibujó para mirar la muerte de frente, sin necesidad de tomarlos por un plano exacto.

Dicho esto, si te acercas a estas páginas porque echas de menos a alguien, ninguna práctica ha demostrado que se pueda contactar con quien se fue, y nadie debería prometértelo. El duelo no tiene atajos. Se acompaña: hablando de esa persona con los tuyos, recordándola a tu manera y, si lo necesitas, con la ayuda de un psicólogo, que puede caminar contigo sin prisas.

Tienes más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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