Psicofonías y transcomunicación: de la grabadora al teléfono móvil

Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026

La transcomunicación instrumental es el intento de usar aparatos para comunicarse con los difuntos: magnetófonos, radios, televisores, teléfonos y, en los últimos años, aplicaciones de móvil. Nació de las psicofonías y la mueve una esperanza muy humana. Aquí se cuenta como lo que es, una creencia, junto con lo que encontraron quienes la pusieron a prueba.

Un aparato que Edison nunca construyó

La idea es anterior a la cinta magnética. En octubre de 1920, Thomas Edison le contó al periodista B. C. Forbes, en The American Magazine, que trabajaba en un aparato lo bastante sensible para comprobar si la personalidad sobrevive a la muerte. Despreciaba las mesas y los médiums de su tiempo: si había algo que medir, quería medirlo con instrumentos.

En 1926 dijo a The New York Times que todo había sido una broma. Nadie ha encontrado nunca ese aparato.

De la cinta a la pantalla

Quiénes empezaron a grabar voces con magnetófono, Friedrich Jürgenson y Konstantīns Raudive, y por qué se oyen palabras en el ruido se cuenta en las psicofonías. En las décadas siguientes, la afición creció en Europa y en América, y en 1982 se fundó en Estados Unidos una asociación dedicada solo a estas voces. Ese mismo año se presentó en Washington el Spiricom, un aparato con el que su constructor decía conversar con un científico muerto; su historia, y la de la red que describió el mundo de los difuntos, está en Marduk.

A mediados de los ochenta llegaron las imágenes. Algunos grupos de Alemania y Luxemburgo dijeron ver rostros de difuntos en la pantalla del televisor. El método más citado se atribuye al alemán Klaus Schreiber: una cámara de vídeo apuntando a un televisor que mostraba lo que la propia cámara grababa. La señal da vueltas en ese circuito cerrado y llena la pantalla de manchas de luz que cambian sin parar. Se grababan horas y luego se revisaba la cinta fotograma a fotograma en busca de una cara.

Cualquiera puede repetirlo. Un leve cambio de brillo, un temblor del trípode o una mota de polvo alteran todo el dibujo, y entre miles de fotogramas de manchas siempre aparece alguno que recuerda a un rostro. ¿Por qué una cara y no otra cosa? Porque el cerebro está hecho para encontrarlas, el mismo mecanismo que pone palabras en el ruido de una cinta.

La radio que salta y el móvil que elige

En 2002 apareció la caja de espíritus, una radio que recorre el dial sin parar y deja oír trocitos de emisoras; se explica en la página de las psicofonías. El investigador escéptico Benjamin Radford la ha comparado con una güija moderna: el oyente pone el sentido a unos fragmentos que no lo tienen.

Con los teléfonos inteligentes llegaron las aplicaciones. Un móvil no tiene ningún sensor pensado para algo así, y algunas lo reconocen a su manera. Una de ellas explica en su ficha de la tienda de aplicaciones que elige palabras al azar de una lista, y añade que no hay pruebas científicas de que un espíritu pueda cambiar la palabra elegida.

Lo que se encontró al comprobarlo

El psicólogo Imants Barušs, del King's University College de Ontario, en Canadá, lo intentó dos veces. Tras unas sesiones de grabación con radios que no dieron nada claro, probó en 2003 con generadores de texto al azar y una médium: 26 sesiones y más de veintitrés mil fragmentos de texto. Solo un programa que respondía «sí» o «no» acertó algo más de lo esperable, 9 de 11 preguntas comprobables, y el propio Barušs advirtió que podía deberse al azar. Lo publicó en 2007.

La verdad es que ningún laboratorio independiente ha confirmado que una voz, una imagen o un texto salidos de estos aparatos vengan de los difuntos. La radio capta emisoras, el vídeo se realimenta, el programa sortea palabras, y el cerebro, que busca sentido en todo, hace el resto.

Una voz que se guarda

Detrás de casi todas estas búsquedas hay alguien que echa de menos a una persona. Esa añoranza merece respeto, y ningún aparato ni ninguna aplicación pueden prometerte que vas a oír a quien se fue. Nadie debería cobrarte por intentarlo.

Lo que sí existe es la voz que ya tienes: un mensaje antiguo en el contestador, un audio en el móvil, un vídeo de un cumpleaños. Guárdalos en más de un sitio y escúchalos cuando quieras. Hablar de esa persona con quienes la conocieron también la mantiene cerca, y grabar con tu propia voz lo que recuerdas de ella es otra forma de guardarla.

Si el dolor no te deja vivir, un psicólogo puede acompañarte, como se cuenta en la pérdida de un ser amado. Y si alguna vez oyes voces fuera de una grabación, en el silencio de casa, coméntalo con tu médico, sin miedo ni vergüenza: es lo indicado. Tienes más en la sección de reencarnación y mente y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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