Tanatología: cómo aprendimos a estudiar la muerte y a hablar de ella
Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026
La tanatología es el estudio de la muerte y de todo lo que la rodea: el morir, el duelo y los cuidados del final de la vida. La propuso como ciencia un biólogo a comienzos del siglo XX, y hoy reúne a médicos, psicólogos, enfermeras, trabajadores sociales y voluntarios. Esta es su historia, contada con calma, en tres nombres y un café.
Un biólogo optimista
La palabra viene del griego thánatos, «muerte», y ya circulaba en el siglo XIX en algún diccionario médico. Quien quiso convertirla en una disciplina fue Iliá Méchnikov (1845-1916), un zoólogo ruso que trabajaba en el Instituto Pasteur de París y que en 1908 compartiría el Nobel de Medicina por sus estudios sobre la inmunidad.
En 1903 publicó Estudios sobre la naturaleza humana, con un subtítulo que lo dice todo: ensayo de filosofía optimista. En ese libro, al que se atribuye también la palabra gerontología, defendió que la muerte merecía un estudio científico propio. Pensaba que quien se muere apenas tiene recursos para vivir ese trance y que conocerlo mejor ayudaría a temerlo menos. Soñaba incluso con que, tras una vejez larga y sana, el apego a la vida dejara paso a una aceptación tranquila del final.
Sus colegas no le hicieron mucho caso. La idea tardó décadas en prender.
El libro que rompió un silencio
A mediados del siglo XX, la muerte apenas aparecía en la psicología académica. El psicólogo estadounidense Herman Feifel (1915-2003) cambió eso con un libro colectivo, The Meaning of Death («El sentido de la muerte»), publicado en 1959.
Reunió a psiquiatras, filósofos y teólogos, entre ellos Carl Gustav Jung, Paul Tillich y Walter Kaufmann, y él mismo escribió sobre las actitudes ante la muerte. El libro mostró que el tema podía estudiarse con rigor y sin morbo. Tras él llegaron las revistas especializadas, como Omega o Death Studies, y los primeros cursos universitarios.
Las fases del duelo que propuso Elisabeth Kübler-Ross en 1969, y lo que se ha dicho después de ellas, se cuentan en las ganancias ocultas de las pérdidas.
Cicely Saunders y el dolor total
Cicely Saunders (1918-2005) fue enfermera, trabajadora social y, más tarde, médica. Trabajó en el hospicio londinense de St Joseph, y escuchando a los enfermos llegó a una idea que cambió la medicina: el dolor total. Quien se está muriendo no sufre solo en el cuerpo. También sufre en lo psicológico, en lo social, en lo espiritual y en los asuntos prácticos que quedan pendientes.
Tras ocho años reuniendo fondos, en el verano de 1967 abrió el St Christopher's Hospice, en Sydenham, al sur de Londres. Lo puso bajo el nombre de san Cristóbal, el patrón de los viajeros, porque iba a acompañar el último viaje. Se considera el primer hospicio moderno porque unió por primera vez el control del dolor y de los síntomas, el cuidado cercano, la enseñanza y la investigación.
De ahí nacieron los cuidados paliativos.
Café, tarta y conversación
En 2004, el sociólogo suizo Bernard Crettaz organizó en Neuchâtel su primer café mortel: una reunión en un restaurante, abierta a cualquiera, para hablar de la muerte. Jon Underwood, un desarrollador web londinense, leyó sobre él en la prensa y en septiembre de 2011 celebró en su casa de Hackney el primer Death Cafe, el café de la muerte.
Las reglas son sencillas. Se reúnen desconocidos, con té y tarta, sin ánimo de lucro, sin orden del día y sin empujar a nadie hacia ninguna conclusión, producto o creencia. No es un grupo de apoyo al duelo ni una terapia: es una conversación. Según su web, ya se han celebrado en un centenar de países. Underwood murió en 2017, y la iniciativa sigue en manos de su familia.
Hablar de la muerte sin miedo
La tanatología no responde a qué hay después de morir. Esa pregunta la contesta cada tradición a su manera, y la reencarnación es una de las respuestas más antiguas: la muerte como un tránsito hacia otra vida. Lo que ofrece la tanatología es más modesto y muy valioso, porque enseña a mirar el final de frente y acompañado. Cómo se certifica hoy una muerte se cuenta en el miedo a ser enterrado vivo, y lo que cambiaron los trasplantes, en la página sobre la muerte encefálica.
Si alguien de tu familia tiene una enfermedad grave, pregunta a su médico por los cuidados paliativos. No son solo para los últimos días: se pueden recibir desde el principio de la enfermedad, junto a otros tratamientos, alivian el dolor y otros síntomas y ofrecen apoyo también a la familia.
¿Te cuesta sacar el tema en casa? Es lo más normal. Puedes empezar por algo pequeño, como un recuerdo de alguien que ya no está, o buscar un café de la muerte cerca de ti. Si una pérdida te pesa demasiado, un psicólogo puede acompañarte. Al fin y al cabo, hablar de la muerte es también una manera de cuidar la vida.
Tienes más en la sección de reencarnación y mente y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.