La Virgen de Guadalupe: la historia de una devoción, del Tepeyac a todo un continente
Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026
Para millones de personas, la Virgen de Guadalupe es la madre que se apareció en el cerro del Tepeyac en diciembre de 1531. Su historia también se puede contar desde los documentos: quién escribió el relato, cuándo se imprimió, qué discusiones despertó y cómo pasó de una ermita a la patrona de un continente. Esta es esa historia, contada con el respeto que merece una fe viva.
Lo que cuenta la tradición
Según el relato guadalupano, entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531 un indígena llamado Juan Diego vio a una joven señora en el Tepeyac, un cerro al norte de la actual Ciudad de México. Ella le pidió que se levantara allí un templo. El obispo, fray Juan de Zumárraga, quiso una señal, y la señora mandó a Juan Diego a recoger flores en lo alto del cerro, en pleno invierno. Cuando él abrió su tilma ante el obispo, las flores cayeron al suelo y en la tela apareció la imagen que hoy se venera.
El nombre no es náhuatl. Es el de la Virgen del monasterio de Guadalupe, en Cáceres, en España.
Quién escribió el Nican Mopohua
El relato más detallado está en náhuatl y se conoce por sus dos primeras palabras, Nican Mopohua, «aquí se narra». Se imprimió por primera vez en 1649, en náhuatl y no en castellano, dentro de un librito titulado Huei tlamahuiçoltica que publicó el bachiller Luis Laso de la Vega, vicario de la ermita del Tepeyac. Un año antes, el sacerdote Miguel Sánchez había dado a la imprenta el primer relato en español.
Muchos historiadores atribuyen el texto a Antonio Valeriano, un sabio nahua del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco que trabajó con fray Bernardino de Sahagún y murió en 1605; lo habría escrito a mediados del siglo XVI. Otros, como Stafford Poole en un libro de 1995, sostienen que antes de 1648 casi no hay rastro escrito de las apariciones. ¿Por qué importa tanto la fecha? Porque un relato escrito un cuarto de siglo después de los hechos y otro escrito más de un siglo después no valen lo mismo como documento, aunque los dos expresen la misma fe.
La misma discusión alcanza a Juan Diego. En 1996, el abad de la basílica, Guillermo Schulenburg, dimitió después de que se publicaran unas declaraciones suyas en las que lo llamaba símbolo más que realidad. Sus defensores citaron el Códice Escalada, una piel fechada en 1548 con la escena de la aparición, cuya autenticidad discuten historiadores como Poole. En 1998 la Santa Sede creó una comisión histórica para estudiar las dudas, y Juan Pablo II canonizó a Juan Diego el 31 de julio de 2002.
La polémica de 1556
A principios de septiembre de 1556, el arzobispo de México, el dominico Alonso de Montúfar, predicó a favor de la devoción a la imagen de la ermita del Tepeyac. El día 8 le respondió desde el púlpito el provincial de los franciscanos, fray Francisco de Bustamante. Según los testigos, dijo que era un culto reciente y que la imagen la había pintado un indio llamado Marcos, al que algunos estudiosos identifican con el pintor Marcos Cipac de Aquino. Temía que los indígenas atribuyeran a una pintura un poder que no tenía.
Montúfar abrió una información con testigos sobre aquel sermón, y sus papeles se publicaron en 1888. Unos veinte años después, Sahagún anotó con recelo que en el Tepeyac había existido un templo dedicado a Tonantzin, «nuestra madre», y que la gente seguía llamando así a la Virgen. Unos ven en ese dato una continuidad entre dos devociones; otros, una coincidencia de lugar.
La bomba de 1921 y las dos basílicas
En 1709 se abrió el gran templo barroco que hoy se llama la Antigua Basílica. Allí estaba la imagen el 14 de noviembre de 1921, en plena tensión entre el Estado mexicano y la Iglesia, cuando estalló una bomba escondida en un arreglo de flores al pie del altar. La imagen no sufrió daños. Un crucifijo de metal quedó doblado por la explosión, y todavía se conserva en el santuario.
El terreno, antiguo fondo de lago, fue hundiendo el templo. Por eso se levantó la basílica nueva, diseñada por un equipo en el que estaba el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez y dedicada el 12 de octubre de 1976; caben en ella unas diez mil personas. La antigua, restaurada, volvió a abrir como Templo Expiatorio a Cristo Rey.
De la ciudad a todo un continente
Durante la epidemia de matlazáhuatl de 1736 y 1737, una de las más mortíferas de la Nueva España, la Ciudad de México la juró como patrona en 1737. En 1746 el patronazgo se extendió a toda la Nueva España, y en 1754 el papa Benedicto XIV lo aprobó y concedió una misa y un oficio propios para el 12 de diciembre.
Siguieron la coronación de la imagen, el 12 de octubre de 1895, y el título de patrona de América Latina, que le dio Pío X en 1910. En enero de 1999, Juan Pablo II firmó en México la exhortación Ecclesia in America, en la que aceptó la propuesta de los obispos de celebrar su fiesta el 12 de diciembre en todo el continente. La verdad es que, para quien reza ante la imagen, las discusiones de archivo pesan poco: la devoción se sostiene en otra parte.
Visitar la basílica con otros ojos
Si viajas a la Ciudad de México, la visita gana mucho sabiendo lo que ves. En la basílica nueva, la imagen se contempla desde unas cintas transportadoras que pasan por debajo de ella, detrás del altar mayor, para que la fila no se detenga. A unos pasos queda la Antigua Basílica, y subiendo el cerro, la capilla del Cerrito, que recuerda el lugar de la primera aparición.
Es un templo vivo, así que conviene ir con calma: hay gente rezando y misas a lo largo del día. Las fotos, sin flash y sin interrumpir a nadie. En los días que rodean el 12 de diciembre la afluencia es enorme, y si buscas recogimiento, es mejor elegir otra fecha.
Lo que dicen los estudios sobre los famosos «ojos» de la imagen está en tres misterios de México. Otra devoción con siglos de historia es la de Santa Marta y sus oraciones, y sobre lo que sostiene a los creyentes, lee el poder de la fe. Hay más en la sección de religión y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.