Tres misterios de México: la Llorona, los ojos de Guadalupe y las luces del volcán

Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026

México guarda enigmas para llenar una biblioteca. Aquí van tres muy distintos: una leyenda que hunde sus raíces antes de la Conquista, una imagen que veneran millones de personas y un volcán vigilado por cámaras día y noche. En cada caso se puede separar lo que se cuenta de lo que se sabe.

La Llorona y el sexto presagio

En la versión que todo el mundo conoce, la Llorona es una mujer vestida de blanco que vaga de noche junto a ríos y caminos, llorando por los hijos que perdió. La historia colonial más difundida añade que ella misma los ahogó tras un desengaño amoroso. Esa trama es tardía. La raíz es mucho más antigua.

El franciscano Bernardino de Sahagún reunió en el siglo XVI los testimonios de informantes nahuas sobre la caída de Tenochtitlan. Lo hizo, probablemente, en la década de 1550, y el resultado se conserva en el Códice Florentino. En su libro XII, sus informantes enumeran los presagios que anunciaron la llegada de los españoles. El sexto es una mujer a la que se oía llorar y gritar de noche, llamando a sus «hijitos», como si tuviera que llevárselos lejos. Lo situaban unos diez años antes de que desembarcara Cortés.

En otros libros de la misma obra, Sahagún describe a la diosa Cihuacóatl, que según las creencias nahuas se aparecía de noche como una señora vestida de blanco y daba voces en el aire. Muchos investigadores ven en ella, y en las cihuateteo, las mujeres muertas de parto, el fondo de la Llorona; otros añaden la figura de la Malinche. El origen se discute, pero el hilo prehispánico está documentado.

Los relatos modernos de quien dice haberla oído se parecen a muchas otras experiencias de presencias nocturnas que estudia la psicología, como se explica en por qué vemos fantasmas. La leyenda, eso sí, conserva algo propio: habla de pérdida y de duelo en un país que vivió una conquista.

Los ojos de la Virgen de Guadalupe

La tradición cuenta que en diciembre de 1531 la Virgen se apareció en el cerro del Tepeyac a Juan Diego, un indígena de la zona. Cuando él abrió su tilma ante el obispo fray Juan de Zumárraga para mostrarle las flores que llevaba como señal, en la tela apareció la imagen que hoy se venera en la Basílica de Guadalupe. Juan Pablo II beatificó a Juan Diego el 6 de mayo de 1990 y lo canonizó el 31 de julio de 2002. En los días que rodean el 12 de diciembre, su fiesta, la visitan más de diez millones de peregrinos, según los recuentos de las autoridades de la ciudad.

Sobre esa imagen ha crecido un debate peculiar: el de sus ojos. En 1929, Alfonso Marcué, fotógrafo de la antigua basílica, creyó distinguir el reflejo de un hombre con barba en el ojo derecho. En 1951, el dibujante José Carlos Salinas Chávez vio la misma silueta con una lupa sobre una fotografía, también en el ojo izquierdo, y en los años cincuenta varios oftalmólogos, entre ellos Rafael Torija Lavoignet, examinaron esos reflejos y afirmaron que se deformaban como en un ojo vivo. Desde 1979, el ingeniero José Aste Tönsmann amplió y procesó digitalmente las imágenes y sostuvo que en ellas se ven trece personas: Juan Diego, el obispo, un intérprete y hasta una familia.

¿Qué ocurre cuando se amplía tanto una imagen? Las córneas de la imagen miden 7 u 8 milímetros y las figuras, mucho menos, así que lo que aparece depende de cómo se realce cada detalle. Distintos autores han identificado figuras distintas. Los psicólogos llaman pareidolia a la tendencia a ver formas conocidas, sobre todo caras, donde solo hay manchas, y es la explicación que dan los escépticos. Para millones de creyentes, en cambio, la devoción a la Virgen de Guadalupe no depende de lo que muestre una ampliación.

Las luces del Popocatépetl

El Popocatépetl, «el monte que humea» en náhuatl, supera los 5.400 metros y se alza a unos 70 kilómetros de la Ciudad de México. Tras años de calma, despertó el 21 de diciembre de 1994 con una explosión de gases y ceniza, y en diciembre de 2000 tuvo su mayor erupción en más de mil años, que obligó a evacuar a decenas de miles de personas. La leyenda lo une al Iztaccíhuatl, el volcán vecino: él sería un guerrero que vela con una antorcha a la princesa que murió creyéndolo caído en combate. En los pueblos de sus faldas lo llaman Don Goyo, y hay quien dice que se aparece como un anciano.

Hoy el Centro Nacional de Prevención de Desastres lo vigila con estaciones sísmicas y cámaras, y algunas televisiones tienen las suyas. Con tantos ojos encima, era cuestión de tiempo que aparecieran «ovnis». El 25 de octubre de 2012, una cámara de Televisa grabó un objeto alargado y brillante que parecía caer dentro del cráter. El analista de imagen Marc Dantonio explicó que la secuencia estaba hecha con fotogramas de exposición larga y que el objeto era, con toda probabilidad, un meteoro muy lejano, estirado por el movimiento en cada toma. Otros expertos dudaron del origen del vídeo.

Desde entonces han circulado muchos más. Los insectos cerca del objetivo, los reflejos, las rocas incandescentes que lanza el propio volcán y la compresión de las imágenes son explicaciones habituales, como se cuenta en cómo se analizan las fotos de ovnis.

Lupa para tres misterios

  • Busca la versión más antigua del relato: la Llorona del siglo XVI no es la de las películas.
  • Pregunta por el tamaño de lo que se ve: unas figuras de milímetros en una tela o un punto de luz en un vídeo comprimido admiten muchas lecturas.
  • Averigua cómo se grabó: la cámara, la hora y la velocidad de captura cambian por completo lo que parece un objeto.

Hay más leyendas y enigmas en la sección de mitos y leyendas y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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