Obsesión y posesión: lo que enseñaba Kardec y lo que sabe hoy la psicología

Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026

La palabra obsesión ha tenido dos vidas. En el espiritismo del siglo XIX nombraba la influencia insistente de un espíritu sobre una persona; en la psicología actual, unos pensamientos que se imponen sin que nadie los llame. Aquí verás las dos, y por qué conviene no confundirlas cuando lo que está en juego es la salud.

Los tres grados de Allan Kardec

En 1861, Allan Kardec publicó El libro de los médiums, el manual práctico del espiritismo. Su capítulo XXIII está dedicado a la obsesión, que coloca en primer lugar entre los riesgos de la práctica espírita. Según la doctrina, solo la ejercen espíritus inferiores que quieren mandar; los buenos aconsejan y, si no se les escucha, se retiran.

Kardec distinguía tres grados, según la fuerza de esa influencia:

  1. La obsesión simple: un espíritu engañoso se cuela en las comunicaciones de un médium, impide que se manifiesten otros y ocupa su lugar, pero el médium sabe que lo están engañando.
  2. La fascinación: el espíritu actúa sobre el pensamiento del médium y le inspira una confianza ciega, de modo que ya no ve el engaño, aunque sea evidente para los demás.
  3. La subyugación: la voluntad queda paralizada y la persona actúa contra su propio criterio. Podía ser moral, cuando empuja a decisiones absurdas que el afectado cree sensatas, o corporal, con movimientos involuntarios como unas ganas incesantes de escribir.

Lo curioso es lo que dice de la posesión. Kardec rechazaba la palabra por dos motivos: suponía seres creados para el mal y para siempre, y daba a entender que un espíritu ajeno se instalaba en el cuerpo, cuando para él solo había presión desde fuera. Su conclusión fue que no existían poseídos en el sentido corriente, sino obsesados, fascinados y subyugados. Cómo ha explicado después la psicología los fenómenos de las sesiones se cuenta en mediumnidad espiritista.

Lo que hoy se llama obsesión

Para la psiquiatría, el trastorno obsesivo compulsivo combina dos cosas. Las obsesiones son pensamientos, imágenes o impulsos que vuelven una y otra vez, que la persona no quiere y que le provocan angustia: haberse contagiado, haber dejado el gas abierto, poder hacer daño a alguien querido. Las compulsiones son los actos o rituales mentales que repite para calmarse, como lavarse, comprobar, contar o rezar de una manera concreta. Alivian un momento y alimentan el ciclo.

No es una rareza. Según la gran encuesta de salud mental de Estados Unidos hecha entre 2001 y 2003, el 2,3 % de los adultos lo ha sufrido en algún momento de su vida, y en el último año lo padecía el 1,2 %, con más frecuencia en mujeres que en hombres. Suele empezar entre el final de la infancia y la primera juventud, y muchos afectados se dan cuenta de que sus miedos son exagerados, lo que vuelve el sufrimiento aún más solitario.

Tiene tratamiento. El servicio de salud británico recomienda una terapia cognitivo conductual llamada exposición con prevención de respuesta, que enseña a enfrentarse al miedo sin hacer el ritual, y, según la gravedad, algunos antidepresivos que receta el médico. Nada de esto tiene que ver con espíritus ni con vidas pasadas, ni es culpa de quien lo vive.

La obsesión con forma religiosa

Hay una variante que se presta mucho a la confusión: la escrupulosidad, un tipo de trastorno obsesivo compulsivo centrado en temas religiosos o morales. Quien la padece teme haber pecado, ofender a Dios o condenarse, y repite oraciones o confesiones para quedarse tranquilo. ¿Y si el pensamiento que asusta es justo el de estar poseído? La International OCD Foundation, una asociación estadounidense de pacientes y especialistas, incluye el miedo a estar poseído en su lista de obsesiones frecuentes.

La religión no causa el trastorno; le da su contenido. Por eso un rito calma un rato, pero el miedo vuelve. La terapia no pide a nadie que abandone su fe, sino que deje de obedecer al ritual.

El trance de posesión en la clasificación médica

La clasificación de enfermedades de la Organización Mundial de la Salud, la CIE-11, en vigor desde 2022, incluye dos diagnósticos dentro de los trastornos disociativos. El trastorno de trance (código 6B62) supone un cambio profundo de la conciencia, con la atención reducida a muy pocas cosas y unos gestos repetidos, pero sin otra identidad. En el trastorno de trance de posesión (6B63), la persona vive su identidad sustituida por otra que siente ajena y que gobierna sus actos.

Solo se diagnostican si los episodios se repiten o duran varios días, si son involuntarios y causan sufrimiento, y si no forman parte de una práctica cultural o religiosa aceptada. Antes hay que descartar otras causas, como una enfermedad neurológica, una sustancia o el agotamiento. Pues bien, el trance buscado en una ceremonia no es una enfermedad, como se explica en estados alterados de conciencia, y la historia del exorcismo y de sus riesgos está en las posesiones diabólicas.

Pensamientos que no te sueltan

  • Un pensamiento que te asusta justo porque va contra lo que quieres o crees puede ser una obsesión; tenerlo no dice nada malo de ti.
  • Fíjate en lo que haces para calmarte: lavar, comprobar, rezar o pedir que te tranquilicen una y otra vez alivia un rato y alarga el problema.
  • Pide cita con tu médico de familia o con un psicólogo y cuéntalo con detalle; es una consulta como cualquier otra y tiene tratamiento.
  • Si tienes fe, no tienes que elegir entre ella y la ayuda profesional; eso sí, desconfía de quien te diga que tienes un espíritu encima y te pida dinero por quitártelo.

Este texto no sustituye a un profesional de la salud mental. Tienes más en la sección de sociedad y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

También te puede interesar

Ver toda la biblioteca esotérica