Glosolalia: qué es hablar en lenguas y qué han encontrado los lingüistas
Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026
Se llama glosolalia a un habla fluida, con ritmo y entonación de idioma, que no corresponde a ninguna lengua conocida. Para cientos de millones de cristianos pentecostales y carismáticos es una forma de oración; para lingüistas y neurólogos, un objeto de estudio con medio siglo de investigación detrás. Aquí verás de dónde viene, qué se ha medido y en qué se diferencia del supuesto don de hablar idiomas reales.
Sonidos que no forman palabras
La palabra junta dos raíces griegas, glôssa, «lengua», y laleîn, «hablar», y la usó en inglés el clérigo Frederic Farrar en 1879. Conviene separarla de la xenoglosia, que sería hablar un idioma real sin haberlo aprendido. Los casos más estudiados de xenoglosia, y lo que concluyeron los lingüistas, están en las lenguas de otra vida.
En el Nuevo Testamento aparecen las dos ideas. El relato de Pentecostés habla de lenguas que entienden los extranjeros. San Pablo, en cambio, dedica el capítulo 14 de su primera carta a los Corintios a un habla que nadie entiende sin intérprete, y pide que en las reuniones no se use si no hay quien la interprete.
De Topeka a la calle Azusa
La historia moderna empieza en Topeka, en Kansas. El predicador Charles Parham había abierto allí una escuela bíblica, y el 1 de enero de 1901 una de sus alumnas, Agnes Ozman, empezó a hablar en lo que el grupo tomó por un idioma extranjero. Parham creía que eran lenguas humanas reales, un regalo que ahorraría a los misioneros años de estudio. Los intentos de predicar con ellas en otros países fracasaron, y el movimiento acabó entendiéndolas como una lengua de oración.
William J. Seymour, un predicador negro hijo de antiguos esclavos, escuchó las clases de Parham en Houston desde el pasillo, por las leyes de segregación. En abril de 1906 llevó esa enseñanza a Los Ángeles. Las reuniones empezaron el día 9 en una casa de la calle Bonnie Brae y pocos días después pasaron a un viejo local del número 312 de la calle Azusa.
Allí rezaban juntas personas de distintos orígenes, en plena época de segregación racial, y las mujeres también tomaban la palabra. El 18 de abril, el día del terremoto de San Francisco, Los Angeles Times publicó una crónica burlona sobre aquella algarabía de lenguas. El avivamiento duró hasta mediados de la década de 1910 y se considera el origen del pentecostalismo moderno.
Lo que oyó William Samarin
El estudio lingüístico de referencia lo firmó William Samarin, profesor de lingüística y antropología en la Universidad de Toronto, que se había criado en Los Ángeles entre molokanos, cristianos de origen ruso. Durante cinco años grabó glosolalia en reuniones de Italia, los Países Bajos, Jamaica, Canadá y Estados Unidos, y en 1972 publicó sus conclusiones en Tongues of Men and Angels.
Encontró algo que suena a idioma y no lo es. Quien habla en lenguas usa acentos, pausas, ritmo y entonación, y arma sílabas con los sonidos de su propia lengua. Pero esas sílabas no forman palabras estables, no hay gramática y no existe una relación fija entre sonidos y significados. Samarin lo resumió como una fachada de lenguaje. Eso sí, dejó claro que su análisis no juzgaba el valor religioso de la experiencia.
Ese mismo año, la antropóloga Felicitas Goodman publicó otro estudio. Comparó grupos pentecostales que hablaban inglés, español y maya, en Estados Unidos, el Caribe y México, con grabaciones de rituales no cristianos de África, Borneo, Indonesia y Japón. Halló una curva de entonación muy parecida en todos y la atribuyó a un estado de trance. Samarin pensaba, en cambio, que cualquiera puede aprenderla en el ambiente adecuado.
El debate sigue abierto. Probablemente los dos tienen parte de razón.
Qué pasa en el cerebro
En 2006, el equipo de Andrew Newberg, de la Universidad de Pensilvania, midió con una técnica de imagen llamada SPECT el riego sanguíneo del cerebro de cinco personas mientras hablaban en lenguas y mientras cantaban góspel. Durante la glosolalia bajó la actividad de los lóbulos frontales, relacionados con el control voluntario de lo que hacemos. Encaja con lo que cuentan los creyentes: la sensación de que no son ellos quienes dirigen sus palabras.
El propio Newberg recordó que era un estudio preliminar y que no dice nada sobre si hay o no una realidad sobrenatural detrás. Cómo se han medido otros trances, como el de los médiums que escriben en nombre de un espíritu, se cuenta en los estados alterados de conciencia.
Una lengua de Marte en Ginebra
Mucho antes de los escáneres, la glosolalia ya tenía un caso de estudio célebre. A finales del siglo XIX, Catherine-Élise Müller, una médium de Ginebra conocida como Hélène Smith, hablaba y escribía en trance un supuesto idioma de Marte, con su propio alfabeto. El psicólogo Théodore Flournoy la estudió durante años y en 1900 publicó De la India al planeta Marte. Al analizar sonidos y frases, vio que el «marciano» tenía la estructura del francés, la lengua materna de la médium.
Flournoy pidió ayuda al lingüista Ferdinand de Saussure para examinar el supuesto sánscrito que Hélène hablaba en otro de sus ciclos, el de una princesa de la India. Y en 1901, el profesor de sánscrito Victor Henry dedicó un libro entero, Le langage martien, a unas cuarenta frases de aquel marciano; su subtítulo ya hablaba de un caso de glosolalia sonámbula. Cómo explicó Flournoy sus relatos de vidas anteriores se cuenta en la mediumnidad espiritista.
Escuchar con respeto y con criterio
Para quien la practica, hablar en lenguas es oración, alabanza o consuelo, y ningún estudio lingüístico obliga a dejar de creer. Lo que sí aclaran es una distinción: la glosolalia no necesita ser un idioma para tener sentido dentro de una fe, y no conviene presentarla como prueba de que alguien habla lenguas que nunca aprendió. ¿Hace falta entender cada sílaba para que una oración signifique algo? Muchas tradiciones responden que no.
Si alguna vez te cuentan que una persona habló en trance un idioma real, pide la grabación completa y que la escuche alguien que hable esa lengua. Y si un habla extraña aparece fuera de un contexto religioso, sin buscarla, con confusión, angustia o lagunas de memoria, lo prudente es consultarlo con el médico. Tienes más en la sección de videncia y otras mancias y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.