La base del sufrimiento: la sed y el apego según Buda
Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026
«La base del sufrimiento son los apegos y el deseo» circula como resumen del budismo, y tiene algo de verdad y bastante de traducción apresurada. Aquí verás qué dijo Buda en su primer sermón, por qué las palabras de los textos no equivalen del todo a «deseo» ni a «apego» y en qué se diferencia ese apego del que estudia la psicología.
Cuatro verdades para cinco compañeros
Según el Dhammacakkappavattana Sutta, el discurso que la tradición considera el primero, Buda habló en Isipatana, la actual Sarnath, cerca de Benarés. Lo escuchaban cinco ascetas con los que había compartido años de ayunos en el bosque.
Les propuso cuatro verdades. La primera nombra el dukkha: nacer, envejecer y morir, la pena, juntarse con lo que no se quiere, separarse de lo que se quiere y no obtener lo que se busca. Se suele traducir por sufrimiento, aunque abarca también la insatisfacción de fondo que acompaña incluso a lo agradable, y algunos traductores prefieren «malestar» o «estrés». La segunda señala su origen en la taṇhā. La tercera afirma que ese malestar puede cesar, y la cuarta describe el camino que lleva hasta ahí, el óctuple sendero.
El texto añade un detalle que se olvida a menudo: cada verdad trae su tarea. El malestar hay que comprenderlo; su origen, abandonarlo; su cese, vivirlo en primera persona, y el camino, cultivarlo. Uno de los cinco, Kondañña, fue el primero en entenderlo, y desde entonces se le llamó «Kondañña el que sabe».
Las tres formas de esa sed y la diferencia con las ganas sanas de actuar se explican en qué es el deseo para el budismo, Epicuro y Spinoza.
Sed y combustible
Taṇhā es una palabra pali emparentada con el sánscrito tṛṣṇā, y su sentido literal es «sed». Traducirla por «deseo» resulta cómodo, pero varios maestros, como el monje Ajahn Sucitto, advierten que lleva a malentendidos. En español deseamos que a un amigo le vaya bien o deseamos aprender a tocar un instrumento, y nada de eso es la sed del sermón. La sed es un querer que no se sacia y que vuelve una y otra vez.
Con el «apego» ocurre algo parecido. Detrás suele estar upādāna, que en la cadena de causas que describen los textos aparece justo después de la sed. Su sentido literal es «combustible», lo que mantiene vivo un fuego, y de ahí pasó a significar aferrarse. Los textos distinguen cuatro clases: el aferramiento a los placeres de los sentidos, a las propias opiniones, a los ritos y las normas, y a la idea de un yo permanente. Uno puede agarrarse a una teoría o a una costumbre tanto como a una persona.
La imagen del fuego no es casual. En el llamado sermón del fuego, pronunciado según la tradición en la colina de Gayāsīsa, cerca de Gaya, ante mil ascetas que hasta entonces adoraban el fuego, Buda empieza diciendo que todo arde: los sentidos y lo que perciben arden con la pasión, la aversión y la ofuscación. El indólogo Richard Gombrich ha relacionado esa imagen con el sentido de combustible de upādāna. Aferrarse sería, literalmente, echar leña.
La cuerda bien afinada
Antes de aquel sermón, cuenta la tradición, Siddhartha había probado los dos extremos: la vida cómoda de un príncipe y la mortificación más dura. En Isipatana los rechazó a los dos y llamó a su propuesta el camino medio.
Un discurso del Anguttara Nikaya lo cuenta con música. Sona, un monje que de joven tocaba la vina, un instrumento de cuerda, se esforzaba tanto en la meditación caminando que se le abrieron y sangraron las plantas de los pies, y aun así pensaba dejar la vida de monje. Buda le preguntó cómo sonaba su vina con las cuerdas demasiado tensas, y luego con las cuerdas flojas. Mal en los dos casos, respondió Sona: solo afinada en su punto daba música. Así debía ser su esfuerzo.
Lo que propone esta tradición no es dejar de querer ni volverse de piedra. Es aflojar la mano que aprieta.
El apego de Bowlby es otra cosa
En psicología, «apego» nombra casi lo contrario de un defecto. El psiquiatra británico John Bowlby (1907-1990), que en 1951 había redactado para la Organización Mundial de la Salud un informe sobre los niños privados de cuidados maternos, publicó en 1958 un artículo sobre el vínculo del niño con su madre y, entre 1969 y 1980, la trilogía El apego y la pérdida. Para él, el apego es un sistema biológico que empuja al bebé a buscar la cercanía de quien lo cuida cuando tiene miedo.
Su colaboradora Mary Ainsworth aportó la idea de la base segura. El niño que confía en que su figura de apego estará ahí se atreve a alejarse y explorar, porque sabe adónde volver; para estudiarlo, Ainsworth diseñó una prueba de laboratorio llamada la situación extraña. En 1987, Cindy Hazan y Phillip Shaver llevaron la teoría al amor de pareja con un cuestionario publicado en un periódico.
Visto así, un apego seguro da libertad en lugar de quitarla. El upādāna budista es el agarre, no el cariño, y los propios comentaristas lo distinguían. En el siglo V, Buddhaghosa escribió en el Visuddhimagga que el enemigo cercano de la benevolencia es la avidez, porque se le parece y se cuela disfrazada de afecto; el lejano es la mala voluntad. El budismo no pide querer menos, sino querer sin apropiarse.
Querer sin agarrar
Una manera sencilla de llevar todo esto al día a día es fijarte en el momento en que un deseo cambia de tono. «Me gustaría» se convierte en «sin esto no puedo estar bien», y ahí empieza la sed. No hace falta reprimir nada. Basta con notar la tensión, como Sona aprendió a notar la de sus cuerdas, y aflojar un punto. ¿Qué cuerda llevas hoy demasiado tensa?
Eso sí, echar de menos a alguien que se ha ido o pasarlo mal cuando termina una relación no es un fracaso espiritual. Es el apego del que hablaba Bowlby, y duele porque el vínculo era real. Si ese dolor se alarga o no te deja vivir, un psicólogo puede acompañarte.
Para seguir, lee qué entiende cada tradición por la iluminación espiritual o prueba a sentarte en silencio con la meditación zen. Hay más en la sección de espiritualidad y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.