La energía mental: del segundo aliento de William James a la química del cansancio

Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026

Hablamos de energía mental como si la mente tuviera un depósito que se llena y se vacía. La idea tiene más de un siglo: la usaron un filósofo estadounidense y un médico vienés, y la neurociencia ha empezado a medir qué pasa de verdad en el cerebro cuando pensar cansa.

Un discurso de 1906 sobre el segundo aliento

El 28 de diciembre de 1906, en la Universidad de Columbia, William James leyó su discurso como presidente de la Asociación Filosófica Americana. Se tituló «The Energies of Men», las energías de los hombres, y se publicó al año siguiente.

Partía de una experiencia que conoce cualquier corredor: el segundo aliento. Cuando una necesidad nos obliga a seguir más allá del primer cansancio, la fatiga crece hasta un punto crítico y luego, de golpe o poco a poco, desaparece, y nos sentimos más frescos que antes. A veces, decía, llega incluso un tercero.

Su tesis era que con la mente pasa lo mismo. Según James, casi todos vivimos muy por dentro de nuestros límites y obedecemos por costumbre a la primera señal de agotamiento. Tres cosas nos ayudan a saltar esa barrera: las emociones intensas, las ideas y el esfuerzo de la voluntad. Ponía ejemplos de guerras, de responsabilidades repentinas y de conversiones religiosas. Citaba la carta de un amigo europeo que había salido de años de apatía con ejercicios de hatha yoga, un cambio que James atribuía sobre todo a una autosugestión metódica. Y veía en el auge del Nuevo Pensamiento y de la Ciencia Cristiana la prueba de que una creencia puede despertar fuerzas dormidas.

James no daba porcentajes. La cifra de que solo usamos una pequeña parte de la mente se la atribuyeron más tarde, y acabó en el mito que se cuenta en eres lo que piensas.

Freud y la energía psíquica

Por los mismos años, Sigmund Freud imaginaba la mente como un sistema de fuerzas. Se había formado en Viena en una fisiología marcada por Hermann von Helmholtz y por el principio de conservación de la energía. En 1895 escribió un borrador, que se publicó en 1950 y se conoce como Proyecto de psicología, en el que buscaba una especie de economía de las fuerzas nerviosas: cantidades de excitación que las neuronas tienden a descargar.

Nunca lo publicó, porque cada vez dudaba más de ese camino. Pero la idea sobrevivió. En sus escritos de metapsicología de 1915 añadió el punto de vista económico: la mente como un aparato atravesado por energías que se cargan, se desplazan y se descargan. La libido era, para él, la energía de las pulsiones sexuales.

Era un modelo para pensar los conflictos, tomado de la física del siglo XIX. Ningún aparato ha medido esa energía psíquica.

Lo que se mide cuando pensar cansa

El cerebro funciona casi solo con glucosa. En un adulto bien alimentado consume unos 120 gramos al día, pero esa cifra apenas cambia con lo que hacemos. En 2002, los investigadores Marcus Raichle y Debra Gusnard recordaban en la revista PNAS que el gasto del cerebro es notablemente constante, se piense mucho o poco, y que durante la mayoría de las tareas el riego de la zona que trabaja sube un 5 % o menos. Resolver un problema difícil no vacía un depósito de azúcar.

¿Por qué cansa, entonces, pensar durante horas? En agosto de 2022, el equipo de Mathias Pessiglione, del Instituto del Cerebro de París, publicó una pista en Current Biology. Unos cuarenta voluntarios pasaron una jornada de trabajo con tareas de atención en el ordenador; a unos les tocaron versiones difíciles y a otros, fáciles. Con espectroscopia por resonancia magnética midieron varias sustancias en la corteza prefrontal lateral.

En el grupo de las tareas difíciles se acumuló glutamato, un mensajero químico del cerebro que en exceso resulta dañino. Ese grupo mostró signos de fatiga, como una menor dilatación de las pupilas, y al final del día elegía más a menudo recompensas pequeñas e inmediatas que costaran poco esfuerzo.

Los autores lo interpretan así: el cansancio funciona como una alarma que obliga a frenar antes de que el exceso de glutamato perjudique. Según Pessiglione, hay buenas pruebas de que el glutamato se retira de las sinapsis durante el sueño. Es un solo estudio, y habrá que ver si se confirma. Cambia, eso sí, la imagen: la energía mental se parece menos a un combustible y más a un equilibrio químico que se restablece descansando.

Con todas tus fuerzas

Muchos textos de metafísica citan a un sabio antiguo que aconseja hacer con toda la fuerza lo que uno se propone. La frase está en el Eclesiastés: todo lo que te venga a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas (9, 10). El versículo sigue recordando que en el Seol, la morada de los muertos, no hay obra ni trabajo. Es una invitación a aprovechar la vida mientras dura, no una técnica para canalizar energía.

Tres hábitos que respetan el cansancio

  • Trata la fatiga mental como una señal y no como un fallo: haz pausas cortas en las tareas de mucha atención y deja lo más difícil para tus mejores horas.
  • Duerme lo suficiente, sin presumir de aguantar con pocas horas; según los autores del estudio de París, el sueño es cuando el cerebro retira el glutamato sobrante.
  • Usa el segundo aliento de James con medida: sirve para terminar un esfuerzo concreto, pero vivir siempre al límite no es ninguna virtud.

Un cansancio que no se va con el descanso, que dura semanas o que te quita las ganas de todo merece una consulta con tu médico o con un psicólogo. Pensar en positivo no cura enfermedades, y nadie enferma por pensar mal. Para seguir, lee lo que dicen los estudios sobre la voluntad y los hábitos. Hay más en la sección de metafísica y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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