La meditación metafísica cuántica: Alice Bailey, la palabra sagrada y un adjetivo prestado
Redacción Leotarot.com · Publicado el 14 de octubre de 2026
Quien lee sobre la meditación metafísica cuántica encuentra un Logos solar que crea con una palabra, siete planos de existencia y una mónada que vuelve a su origen. Ninguna de esas ideas viene de la física: vienen de una escritora inglesa del siglo XX, de la teosofía y de la India antigua. Aquí está su genealogía, y una manera sencilla de practicar lo que tiene de útil.
Alice Bailey y la Escuela Arcana
Alice Bailey nació en Manchester en 1880 y murió en Nueva York en 1949. Se acercó a la Sociedad Teosófica hacia 1917, en California, y la dejó hacia 1920, en choque con sus dirigentes, que no aceptaban que recibiera enseñanzas de un maestro al que llamaba el Tibetano, Djwhal Khul. Con su marido, Foster Bailey, fundó en 1922 la editorial que acabaría llamándose Lucis Trust, y en 1923 la Escuela Arcana, para formar a los estudiantes de esas enseñanzas.
Escribió una veintena de libros, casi todos atribuidos al Tibetano. En el primero, Iniciación humana y solar (1922), cuenta que el Logos produjo los mundos por medio de la meditación y de una Palabra Sagrada, la sílaba om, y que los siete planos de nuestro sistema son a su vez los siete subplanos del plano cósmico más bajo. Es el vocabulario que reaparece en los textos de meditación metafísica cuántica: el Logos solar, la palabra que crea, los planos y la mónada que desciende a la materia y vuelve a su fuente. La mónada tiene su propia historia, contada en el viaje de la chispa divina.
La oración más conocida de esta escuela es la Gran Invocación, que Bailey dio a conocer entre los años treinta y cuarenta (las fuentes no coinciden en la fecha). Empieza pidiendo que, desde el punto de luz en la mente de Dios, fluya luz a la mente de los hombres. Sus seguidores la rezan en grupo y la han traducido a muchas lenguas.
Con semilla y sin semilla
La distinción entre meditar con semilla y sin ella es mucho más antigua que Bailey. Viene de los Yoga Sutras de Patanjali, que hablan de un samadhi «con semilla» (sabija), apoyado en un objeto (I, 46), y de otro «sin semilla» (nirbija), el más alto, en el que ya no queda objeto alguno (I, 51). Bailey publicó en 1927 una paráfrasis comentada de ese texto, La luz del alma.
La semilla puede ser una palabra, una frase o una imagen sobre la que la mente vuelve una y otra vez. La meditación sin semilla es el silencio que queda cuando también eso se suelta. Los textos de meditación metafísica cuántica las presentan como dos tiempos de una misma práctica: primero se construye, luego se vacía.
El om de la Mandukya
La palabra sagrada tiene un origen claro: la sílaba om de la India. La Mandukya Upanishad, la más breve de las upanishads, con solo doce versos, está dedicada entera a ella. Lo que dice ese texto de sus tres sonidos y del silencio que los sigue se cuenta en el verbo creador.
Bailey la convirtió en la palabra con la que el Logos crea. El paso es comprensible, pero conviene notar el cambio: en la upanishad, el om es una imagen de la conciencia y sus estados; en la teosofía, un sonido con poder cosmológico.
Por qué cuántica
¿De dónde sale, entonces, el adjetivo? Quantum significa en latín «cuánto», y en física nombra las porciones mínimas en que se intercambia la energía, desde que Max Planck presentó su hipótesis en Berlín en diciembre de 1900. Nada en esa física habla de meditar, de planos ni de almas.
El nombre se sumó después a la etiqueta de la metafísica cuántica que difundió la nueva era a partir de los años setenta, con libros que tomaban palabras de la física para hablar del espíritu, como se explica en la metafísica cuántica. Pues bien, el resultado es una meditación de raíz teosófica con un adjetivo prestado. Como práctica espiritual tiene su sentido; como ciencia, no.
Prueba la meditación con semilla
- Elige una semilla. Toma una frase breve que te diga algo, de tu tradición o de cualquier otra, como «sea la luz» o un verso de un salmo, y siéntate con la espalda recta unos diez minutos.
- Vuelve a ella sin pelear. Lee la frase, piensa en lo que significa para ti y, cuando la mente se vaya a otra parte, regresa con suavidad; al terminar, anota lo que te haya sugerido.
- Termina sin semilla. Suelta la frase y quédate uno o dos minutos en silencio, sin buscar nada; si te ayuda, pronuncia despacio la sílaba om al principio o al final.
La meditación ayuda a muchas personas a vivir con más calma, pero no cura enfermedades ni sustituye a un tratamiento. Si atraviesas una ansiedad o una tristeza que no se van, habla con tu médico o con un psicólogo. Hay más en la sección de metafísica y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.