La centuria II de Nostradamus: un río llamado Hister y el fuego de Londres
Redacción Leotarot.com · Publicado el 15 de octubre de 2026
La segunda centuria se imprimió en Lyon en 1555 y guarda dos de las cuartetas más citadas del libro. En una aparece Hister, que en el siglo XX se leyó como Hitler; en la otra, Londres y unas cifras que se tomaron por el año de su gran incendio. Las traducimos del francés de esa edición y contamos quién las leyó así, y cuándo.
Una centuria con Londres al fondo
La centuria II salió entera en la primera edición de Las Profecías, la de Macé Bonhomme en 1555. La historia de las ediciones posteriores está en la guía de la centuria VIII.
Para ser un libro escrito en la Provenza, mira bastante hacia Inglaterra. Londres sale al menos tres veces: en la II.16, junto a Gante y Bruselas; en la II.51, y en la II.68, donde la ciudad tiembla ante unas velas que se ven en el mar. Hay también costas saqueadas, como la que va de Mónaco a Sicilia en la II.4, epidemias, flotas y planetas, como el Mercurio y el Saturno de la II.65.
Hister, un río antes que un nombre
La II.24 es la de la palabra más discutida de la centuria. Sus tres primeros versos, en la edición de 1555, dicen así:
Fieras hambrientas cruzarán a nado los ríos,
casi todo el ejército estará frente a Hister,
al grande lo hará arrastrar en una jaula de hierro.
El cuarto verso habla de un «niño germano» y no se lee igual en todas las ediciones. En el texto que tradujo Garencières en 1672, por ejemplo, ese niño «no observará nada»; en el de 1555, la frase es otra.
Para Théophile de Garencières, el primer traductor al inglés, la cuestión era sencilla. Su comentario a esta cuarteta empieza así: Ister es un río. Lo era. Hister, o Ister, es el nombre clásico del curso bajo del Danubio, y el propio Nostradamus lo usaba con ese sentido en uno de sus presagios para 1554. La palabra sale en varias cuartetas más.
En el siglo XX, cuando Hitler ya era un nombre conocido, bastó el parecido del sonido para que muchos vieran en ella el nombre del dictador. Durante la Segunda Guerra Mundial, la propaganda de los dos bandos echó mano de Nostradamus: el astrólogo suizo Karl Ernst Krafft preparó para la alemana folletos con versos falsos, que se lanzaron sobre Bélgica y Francia en 1940, y los aliados respondieron con sus propios panfletos. El historiador Stéphane Gerson, que estudió en 2012 la fortuna del libro, recuerda que Hister es el Danubio y no una errata.
Londres, 1666 y una dama antigua
La II.51, también de 1555, es la otra cuarteta famosa de la centuria:
La sangre del justo será la falta de Londres,
abrasados por rayos de veinte tres los seis.
La vieja dama caerá desde lo alto,
y de la misma secta morirán muchos.
Garencières la comentó en 1672, seis años después del gran incendio de Londres. Para él, el justo era Carlos I, decapitado en 1649, y el fuego, una expiación de aquella muerte. Leyó la cifra de dos maneras, y una de ellas era «tres veintenas y seis», es decir, el 66. La vieja dama era la catedral de San Pablo, que creía levantada donde hubo un templo de Diana, y la misma secta, las demás iglesias quemadas: 87, según su cuenta. Con la siguiente cuarteta, la II.53, la de la gran peste de una ciudad marítima, hizo lo mismo: la aplicó a la peste de Londres de 1665.
Los hechos le daban material. El fuego empezó la madrugada del 2 de septiembre de 1666 en una panadería de Pudding Lane y en pocos días destruyó unas 13.200 casas, 86 u 87 iglesias parroquiales y la vieja catedral de San Pablo.
Hay dos detalles que se suelen pasar por alto. El primero: la edición de 1555 dice que los quemados lo fueron por «rayos», y el texto de Garencières dice «fuego». El incendio de 1666 empezó en un horno, no por una tormenta. El segundo: en 1853, un lector de la revista Notes and Queries tenía la cuarteta por una falsificación y preguntaba si estaba en alguna edición antigua auténtica. Está: el ejemplar de 1555 que se conserva en Albi la trae.
Dos ediciones sobre la mesa
Estas dos cuartetas enseñan lo mismo desde lados distintos. En la II.24, una palabra antigua se convirtió en un nombre moderno por cómo suena. En la II.51, un verso cambió de palabra entre ediciones, y la versión cambiada encajaba mejor con lo que pasó. Eso sí, en los dos casos la lectura famosa llegó después: seis años después del incendio en el caso de Londres, y cuando Hitler ya ocupaba la escena política en el de Hister.
Cuando te citen una cuarteta como prueba de algo, pon al lado el texto de 1555 y la traducción que te la ofrece. ¿Dicen lo mismo? Si no lo dicen, la lectura depende del traductor más que del autor.
Ninguna de las dos habla de lo que te espera. Son versos del siglo XVI que cada generación ha ido llenando con su propia historia. Otros anuncios que se reconocieron después de los hechos están en precognición: el Titanic, Aberfan y Dunne, y hay más en la sección de Nostradamus y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.