La centuria IV de Nostradamus: cuerpos del cielo y treinta conjurados
Redacción Leotarot.com · Publicado el 15 de octubre de 2026
La cuarta centuria llegó a los lectores en dos partes: las 53 primeras cuartetas en 1555 y el resto en 1557. Traducimos una de cada edición, las dos muy comentadas, y contamos cómo las leyeron sus intérpretes, que siempre escribieron con los hechos ya ocurridos.
Una centuria partida en dos
La edición de Macé Bonhomme, en 1555, se detenía en la cuarteta 53 de esta centuria. Las 47 restantes aparecieron en 1557, en las ediciones lionesas de Antoine du Rosne. El recorrido completo del libro está en la guía de la centuria VIII.
La primera parte tiene una serie de cuartetas que miran al cielo. En la IV.28, Venus queda cubierta por el Sol; en la IV.29, el Sol, oculto, aparece eclipsado por Mercurio, y la IV.30 vuelve a la Luna y al Sol. Era el oficio del autor, que publicaba almanaques y levantaba horóscopos para clientes de media Europa.
Cuerpos del cielo sin fin
La IV.25 es de la parte de 1555. En nuestra traducción:
Cuerpos sublimes sin fin, visibles a los ojos,
llegarán a oscurecer, por estas razones,
cuerpo, frente incluida, sentido, cabeza, e invisibles,
menguando las oraciones sagradas.
Es de las más oscuras del libro. Théophile de Garencières, que la tradujo al inglés en 1672, se limitó a decir que era de la misma naturaleza que la anterior.
En 1867, el francés Anatole Le Pelletier le dio un sentido moderno. Para él, los cuerpos del cielo sin fin eran los astros que los instrumentos ópticos, cada vez mejores, iban a mostrar, y la idea de muchos mundos que sugerían; de esos razonamientos, contrarios a la fe, vendría la disminución de las oraciones. El inglés Charles Ward, en 1891, le dio en parte la razón.
¿Habla de telescopios? El primero del que hay noticia es de 1608, en los Países Bajos, y Galileo construyó el suyo en 1609, más de medio siglo después de la cuarteta. La lectura de Le Pelletier llegó, pues, dos siglos y medio más tarde, cuando el telescopio ya había hecho su trabajo.
Treinta de Londres
La IV.89 pertenece a la parte de 1557. Su primer verso, el segundo y el último dicen así:
Treinta de Londres conspirarán en secreto
contra su rey, y la empresa, en el puente.
(...)
Un rey rubio, elegido, natural de Frisia.
El tercer verso, que habla de unos «satélites» y de la muerte, no se lee igual en todas las ediciones, y por eso lo dejamos fuera.
Garencières, que vivía en Londres y llamaba a Carlos I su legítimo soberano, de bendita memoria, vio en ella a los conjurados contra ese rey, y añadió que era bien sabido que se reunían en el Bear, una posada al pie del puente de Londres. En el siglo XIX, una reseña de la revista británica Quarterly Review, muy crítica con Nostradamus, concedió sin embargo que esta cuarteta anunciaba con bastante claridad la revolución de 1688. El rey elegido sería Guillermo de Orange, a quien el Parlamento ofreció la corona, junto a su esposa María, en 1689.
Ward no lo vio así en 1891. Guillermo había nacido en La Haya, no en Frisia, y él no encontraba en los hechos ni treinta conjurados, ni un puente, ni un rey rubio. La que la revista daba por clara, a él no le parecía clara en absoluto.
Cada lector encuentra lo suyo
Al fin y al cabo, las dos lecturas dicen más de sus lectores que del autor. Le Pelletier escribía en un siglo de telescopios cada vez mayores y de debates sobre la fe. Garencières vivía en el Londres de la Restauración y buscaba en los versos la historia de su rey.
Si quieres leer esta centuria por tu cuenta, mira primero de qué edición sale cada cuarteta, de 1555 o de 1557, y desconfía de los versos que cada edición escribe a su manera. Y compara siempre la fecha de la lectura con la del hecho: en estas dos, la interpretación llega décadas o siglos después.
Ninguna de ellas habla de tu futuro. Cómo se ha pensado el destino, de las moiras a los experimentos de Libet, se cuenta en qué es el destino, y hay más en la sección de Nostradamus y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.