Feng shui en los negocios: lo que han medido los economistas sobre el 8 y el 4

Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026

Quien hace negocios en Hong Kong, en Shanghái o en los barrios chinos de Vancouver no solo mira el local y la puerta: también mira los números. El 8 se asocia con la prosperidad y el 4 con la muerte, y varios economistas han querido comprobar si esa creencia mueve precios de verdad.

Por qué el 8 y por qué el 4

La explicación está en el sonido. En mandarín y en cantonés, «ocho» se parece a la palabra que significa prosperar, y «cuatro» suena casi igual que «muerte». La numerología no es feng shui en sentido estricto, pero viaja con él: muchos de los clientes que consultan la orientación de una oficina eligen la fecha de la inauguración, el número de la planta o la matrícula de la furgoneta.

El ejemplo más famoso es de 2008. Los Juegos Olímpicos de Pekín se inauguraron el 8 de agosto, octavo mes del año, a las ocho y ocho de la tarde.

El 4, en cambio, desaparece de los ascensores. En Hong Kong es habitual saltarse la planta 4, la 13 y todas las que terminan en 4. En 2009, un rascacielos de Conduit Road llegó más lejos: se saltó 42 números, entre ellos todos los que van del 40 al 59, y después de la planta 68 venía la 88. Tras la polémica, el Departamento de Edificios propuso en 2010 unas pautas: las plantas deben numerarse de forma consecutiva, aunque se acepta omitir el 4, el 13 y los números acabados en 4.

Lo que pagaron los compradores de casas

En 2014, los economistas Nicole Fortin, Andrew Hill y Jeff Huang publicaron en Economic Inquiry un estudio con unas 117.000 ventas de viviendas en el área de Vancouver, en Canadá, entre 2000 y 2005. En los barrios donde la población de origen chino superaba la media de la región, las casas cuyo número terminaba en 4 se vendían un 2,2 % más baratas, y las que terminaban en 8, un 2,5 % más caras. Con un precio medio de unos 400.000 dólares canadienses, eso suponía casi 9.000 dólares menos en un caso y unos 10.000 más en el otro.

En el resto de barrios el efecto aparecía solo en las casas que se revendían, lo que los autores interpretan como especulación: no hace falta creer en el 8 para pagar por él si piensas que el próximo comprador sí lo hará.

Ese mismo año, Matthew Shum, Wei Sun y Guangliang Ye publicaron en el Journal of Comparative Economics el caso de Chengdu, en China. Con las ventas de pisos de 2004 a 2006 encontraron que, en el mercado de segunda mano, los situados en plantas acabadas en 8 se pagaban unos 235 yuanes más por metro cuadrado. En los pisos nuevos no había sobreprecio, porque las promotoras cobraban lo mismo en todas las plantas, pero los de las plantas del 8 se vendían casi siete días antes. Los compradores con más ochos en su número de teléfono eran los que más los elegían.

En la bolsa y en las matrículas

¿Y en la bolsa? David Hirshleifer, Ming Jian y Huai Zhang estudiaron las salidas a bolsa en China, donde cada empresa recibe un código numérico. Según su trabajo, publicado en Management Science en 2018, los códigos con cifras afortunadas aparecían más de lo que cabría esperar por azar, y las empresas que los tenían rendían peor después de salir a bolsa. En una versión anterior del estudio, los autores contaban que esas acciones empezaban cotizando con una prima que se esfumaba en menos de tres años.

Las matrículas son el escaparate más visible. En la subasta del Departamento de Transporte de Hong Kong de febrero de 2008, la matrícula «18» se adjudicó por 16,5 millones de dólares de Hong Kong, entonces un récord. Lo recaudado con las matrículas tradicionales va, descontados los gastos, a un fondo público de beneficencia.

Lo que enseñan estos datos

La verdad es que ninguno de estos estudios dice que el 8 traiga dinero. Dicen algo distinto y bastante más útil: que la creencia de muchas personas tiene un precio, y que ese precio depende de quién compra. En Vancouver se notaba donde vivían compradores que compartían la tradición; en la bolsa china, la prima pagada por la suerte no se tradujo en mejores resultados.

Los asesores de feng shui hablan también de orientaciones, colores y ciclos de veinte años. Son parte de la tradición, y se cuentan en otros artículos de esta sección, pero ningún economista ha medido que una fachada bien orientada venda más.

Hazte tres preguntas antes de pagar por la suerte

  • Qué pagas por el número y qué por el local: compara precios de inmuebles parecidos con números distintos.
  • Quién comprará después: el sobreprecio solo se recupera si el siguiente comprador comparte la creencia.
  • Cuánto dura la ventaja: en la bolsa china, la prima de los códigos afortunados no pasó de tres años.

Si te gusta el feng shui, disfrútalo como tradición y como cultura, y deja las decisiones de dinero a las cuentas y a un asesor financiero. Para el local en sí, lee la entrada, la mesa del jefe y los rascacielos de Hong Kong; para los ciclos de veinte años, las estrellas voladoras, y para los dioses de la riqueza, Caishen y su rincón. Tienes más en la sección de feng shui y en el tarot temático.

Texto de la Redacción de Leotarot.com.

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