Exploradores urbanos: leyendas de lugares abandonados y lo que conviene saber
Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026
La exploración urbana consiste en recorrer edificios abandonados, túneles y rincones ocultos de las ciudades, casi siempre con una cámara. Alrededor de esos lugares ha crecido un folclore propio de manicomios encantados, ciudades bajo tierra y bases secretas, y también una lista de riesgos y de leyes que ningún aficionado serio pasa por alto.
Una afición con revista propia
La curiosidad por lo que hay debajo de las ciudades es antigua. En París ya había curiosos que bajaban en el siglo XIX a las viejas canteras que recorren el subsuelo de la ciudad, los antecesores de los que hoy se llaman cataphiles. Pero la afición moderna tiene padre reconocido: el canadiense Jeff Chapman, que firmaba como Ninjalicious.
En 1996, Chapman empezó a publicar en Toronto Infiltration, una revista casera que se presentaba como la publicación sobre ir a sitios donde se supone que no debes ir. En julio de 2005 salió su libro Access All Areas, un manual de la afición, y en agosto de ese año murió de un cáncer de las vías biliares, con 31 años. Dejó escrita una norma: un explorador de verdad nunca destroza, roba ni daña nada.
Manicomios, túneles y ciudades bajo tierra
Cada tipo de lugar tiene sus leyendas, y casi todas siguen el mismo esquema: un edificio vacío, una historia dura detrás y alguien que dice haber oído algo.
Los hospitales psiquiátricos cerrados son los favoritos. El de Greystone Park, en Morris Plains (Nueva Jersey), abrió en 1876 con el diseño de pabellones escalonados que defendía el psiquiatra Thomas Kirkbride, pensado para que cada ala recibiera sol y aire. Se proyectó para 350 pacientes y llegó a albergar a miles. Entre 1956 y 1961 estuvo ingresado allí el cantante Woody Guthrie. El edificio principal quedó vacío en 2008, atrajo a exploradores y cazadores de fantasmas, y sus túneles se llenaron de historias. Se derribó en 2015, después de retirar el amianto, la pintura con plomo y el moho. Las leyendas olvidan algo importante: entre esas paredes vivieron y sufrieron personas reales, que merecen respeto.
Los túneles alimentan otra clase de relatos. El 29 de enero de 1934, Los Angeles Times contó que un ingeniero de minas, Warren Shufelt, cavaba un pozo bajo el cerro de Fort Moore en busca de una ciudad subterránea de los «hombres lagarto», con tablillas de oro, que decía haber localizado con un aparato inventado por él. No encontró nada, y la excavación se abandonó. La leyenda, en cambio, sigue viva.
Las bases secretas completan el catálogo. Desde 1979, el empresario Paul Bennewitz, de Albuquerque (Nuevo México), se convenció de que captaba señales de naves extraterrestres, y en los años ochenta situó bajo la meseta de Archuleta, junto al pueblo de Dulce, una base subterránea donde convivirían alienígenas y militares. Según varias investigaciones, agentes de la base aérea de Kirtland alimentaron su historia con información falsa para apartarlo de proyectos militares reales. En pocos años, el relato creció hasta formar una mitología completa. No hay ninguna prueba de que la base exista.
Las minas tienen su propio folclore. Hacia el año 1500, los mineros alemanes de Sajonia culpaban a los kobolds, unos duendes de las montañas, de un mineral que parecía plata, no daba plata al fundirse y soltaba vapores venenosos. De ese duende viene el nombre del cobalto.
Lo que no sale en las fotos
Las fotos de pasillos vacíos y luz entrando por ventanas rotas no muestran lo que hay en el aire ni bajo los pies. Muchos edificios antiguos tienen amianto, un material que en España quedó prohibido del todo en 2002. Mientras está intacto apenas suelta fibras, pero un edificio que se cae a trozos sí las suelta, y respirarlas puede causar cáncer de pulmón o mesotelioma décadas después.
Hay más. Suelos de madera podrida, escaleras sin barandilla, techos que ceden, cristales y hierros cortantes, cables que todavía conducen corriente. Bajo tierra, el aire puede estar viciado y un colector de aguas pluviales se inunda en minutos cuando llueve. Los accidentes mortales que se conocen son, sobre todo, caídas y ahogamientos.
París guarda el caso más antiguo que se cita. En noviembre de 1793, Philibert Aspairt, portero del hospital del Val-de-Grâce, bajó a las canteras por una escalera del patio y no volvió a salir. Su cuerpo apareció once años después, en 1804, y lo enterraron allí mismo, donde todavía está su lápida.
Lo que dice la ley
Abandonado no quiere decir sin dueño. Un edificio cerrado pertenece a alguien, sea una persona, una empresa o una administración, y entrar sin permiso es una infracción en casi todos los países; según el lugar y la forma de entrar, puede ser incluso un delito. La alarma de un edificio que parece vacío puede seguir funcionando.
París es un buen ejemplo. Desde el 2 de noviembre de 1955, una orden de la prefectura prohíbe entrar en la red de canteras sin autorización, fuera del recorrido oficial del osario. Una unidad de la policía patrulla los túneles y puede multar con 60 euros a quien encuentre dentro. La razón es la seguridad: hay galerías inestables, otras se inundan y casi todas están lejos de cualquier salida. ¿Merece la pena una foto a cambio de todo eso? La verdad es que hay maneras mejores de ver esos sitios.
Otras puertas, todas abiertas
- Busca las jornadas de puertas abiertas. Festivales de arquitectura como Open House Madrid, el 48h Open House de Barcelona u Open House Ciudad de México abren cada año, casi siempre gratis, edificios que el resto del tiempo están cerrados.
- Visita los lugares ya recuperados. La estación de Chamberí, en el metro de Madrid, cerró en 1966 y desde 2008 es un museo, Andén 0, donde los trenes pasan tras un cristal; en París, el osario de las catacumbas tiene un recorrido oficial.
- Pide permiso por escrito. Algunos propietarios y ayuntamientos autorizan visitas o sesiones de fotos; pregunta antes y respeta la respuesta, sea cual sea.
- Explora en el archivo. Planos antiguos, hemerotecas y fotografías de época cuentan la historia de un lugar mejor que cualquier rumor, y a menudo es más sorprendente que la leyenda.
Para seguir con lugares y leyendas, lee cómo las grutas abandonadas del Pasatiempo de Betanzos se llenaron de historias en Galicia mágica y qué distingue a fantasmas, apariciones y espectros. Tienes más en la sección de mitos y leyendas y en el tarot temático.
Texto de la Redacción de Leotarot.com.