El enigma neandertal: lo que cuentan el ADN, las tumbas y las pinturas
Redacción Leotarot.com · Publicado el 9 de octubre de 2026
Durante más de un siglo, el neandertal fue el bruto encorvado de los libros o, en algunas revistas de misterio, un gigante rubio de dos metros. Ninguna de las dos imágenes resiste los datos. La genética, el radiocarbono y la arqueología han dibujado un retrato más cercano a nosotros, aunque con preguntas que siguen abiertas.
Unos huesos en el valle del Neander
En 1856, en la cueva de Feldhofer, en el valle del Neander, cerca de Düsseldorf, aparecieron unos huesos que el maestro Johann Carl Fuhlrott reconoció como distintos de los de cualquier persona actual. Un cráneo hallado en Gibraltar en 1848 se había tomado por el de un hombre moderno. En 1864, el geólogo William King propuso el nombre de Homo neanderthalensis.
Su linaje es muy antiguo. Los fósiles de la Sima de los Huesos, en Atapuerca, de unos 430.000 años, pertenecen ya a su rama, que acabó ocupando Europa y buena parte de Asia occidental y central.
¿Y su aspecto? Las medidas de los huesos largos dan una estatura media de entre 1,64 y 1,68 metros para los hombres y de entre 1,52 y 1,56 para las mujeres, con un cuerpo ancho y robusto, adaptado al frío. En 2007, un equipo dirigido por el genetista Carles Lalueza-Fox estudió un gen de la pigmentación, el MC1R, en restos de El Sidrón (Asturias) y de Monti Lessini (Italia). La variante que encontraron reduce la actividad del gen, lo que sugiere que algunos neandertales tenían la piel clara y quizá el pelo rojizo.
Algunos, no todos. Y ninguno medía dos metros.
El genoma que cambió la historia
En 1997, el equipo del sueco Svante Pääbo publicó la primera secuencia de ADN mitocondrial de un neandertal, sacada precisamente del fósil de Feldhofer. En mayo de 2010, ya desde el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig, presentó en la revista Science un primer borrador del genoma neandertal completo.
Hubo dos sorpresas. Las personas con antepasados fuera del África subsahariana llevan una pequeña parte de ADN neandertal, en torno al 2 %. Y ese mismo año, gracias al hueso de un dedo de la cueva de Denísova, en Siberia, su grupo identificó a otra humanidad desconocida: los denisovanos. El 3 de octubre de 2022, Pääbo recibió el Nobel de Fisiología o Medicina por sus descubrimientos sobre los genomas de los homínidos extintos.
El mestizaje, pues, ya no se discute. Lo que se investiga es cuándo y dónde ocurrió. La mandíbula de un hombre que vivió hace entre 37.000 y 42.000 años, hallada en 2002 en la cueva de Oase, en Rumanía, conservaba entre un 6 y un 9 % de ADN neandertal, con un antepasado neandertal a solo cuatro o seis generaciones.
Otros casos siguen en debate, como el niño enterrado con conchas y ocre rojo que apareció en 1998 en Lapedo (Portugal): sus descubridores vieron en él rasgos de las dos poblaciones, y una datación de 2025 lo situó hace unos 28.000 años.
Cuándo se apagaron
Durante años se habló de neandertales que habrían resistido miles de años más en el sur de la península ibérica y en Gibraltar. En 2014, un equipo dirigido por Thomas Higham, de la Universidad de Oxford, fechó de nuevo unas 200 muestras de 40 yacimientos europeos con técnicas que eliminan mejor la contaminación. Según sus cálculos, la industria de piedra de los neandertales, la musteriense, desaparece hace entre 41.030 y 39.260 años, después de convivir entre 2.600 y 5.400 años con los primeros humanos modernos. Las fechas más recientes de Iberia no se pudieron confirmar.
Las causas se siguen discutiendo: la competencia con nuestra especie, unas poblaciones pequeñas y dispersas, los cambios bruscos del clima. Lo más probable es una suma de factores.
Hay quien imagina neandertales escondidos hasta hoy en el Cáucaso o en Pakistán, como el almas o el barmanu, pero ningún hueso, diente ni muestra de ADN lo respalda. Cuando se han analizado pelos atribuidos a criaturas así, han resultado ser de animales conocidos, como se cuenta en las criaturas extrañas de Norteamérica.
Tumbas: lo que se acepta y lo que se discute
En 1908 apareció en La Chapelle-aux-Saints, en el suroeste de Francia, el esqueleto de un hombre mayor dentro de una fosa. Una primera lectura muy sesgada de sus huesos creó la imagen del neandertal encorvado y torpe. Tras doce años de nuevas excavaciones, un equipo francés concluyó en 2014, en la revista PNAS, que la fosa se cavó a propósito y que el cuerpo se cubrió enseguida. Otros investigadores respondieron en 2015 que esas pruebas admiten otras explicaciones.
Más famosa es la tumba de las flores de Shanidar, en el Kurdistán iraquí: bajo el esqueleto llamado Shanidar 4, excavado por Ralph Solecki en 1960, aparecieron grumos de polen que se interpretaron como un ramo funerario. En 2023, un estudio dirigido por Chris Hunt propuso que buena parte de ese polen lo llevaron abejas solitarias que anidaban en el suelo. Eso no borra que los neandertales colocaran a algunos muertos con cuidado: en la misma cueva apareció en 2018 el cráneo de una mujer, Shanidar Z, cuyo estudio de 2020 reabrió el debate.
Las tumbas también han aclarado creencias más recientes, como la de los vampiros, y el cuidado de los muertos reaparece en los relatos de fantasmas de la Antigüedad.
El arte en disputa
Los adornos dan las pistas más firmes: en la cueva de los Aviones, en Cartagena, aparecieron conchas perforadas y teñidas con pigmentos que en 2018 se fecharon en unos 115.000 años.
Ese mismo año, un equipo dirigido por Dirk Hoffmann fechó con uranio y torio las costras de calcita que cubrían pinturas rojas de tres cuevas españolas, La Pasiega (Cantabria), Maltravieso (Cáceres) y Ardales (Málaga). Obtuvo edades mínimas de más de 64.800 años. Si las fechas son correctas, los autores solo pudieron ser neandertales. Después, un grupo de más de 40 investigadores encabezado por Randall White puso en duda el método y la elección de las muestras, y la discusión sigue abierta.
Titulares neandertales: tres comprobaciones
- Mira la fecha y el método: una datación por radiocarbono de una muestra mal limpiada puede rejuvenecer un hueso miles de años.
- Separa el hallazgo de su interpretación: unos trazos rojos bien fechados son un dato, y quién los pintó es una hipótesis.
- Desconfía de los extremos: ni gigantes ni brutos, los neandertales fueron otra población humana, y una pequeña parte de su ADN sigue en millones de personas.
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Texto de la Redacción de Leotarot.com.